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‘Mrs. Dalloway’ vuelve a hablar en catalán

La obra de Virginia Woolf tendrá una segunda versión, 83 años de la primera

Vanessa Redgrave, protagonista de la película ‘Mrs. Dalloway’ (1997).
Vanessa Redgrave, protagonista de la película ‘Mrs. Dalloway’ (1997).

Estaba atascado Gabriel García Márquez sobre cómo dar forma literaria al mundo de Cien años de soledad, hasta que leyó Mrs. Dalloway, de Virginia Woolf. “Me transformó por completo su sentido del tiempo (…), así pude vislumbrar todo el proceso de descomposición de Macondo”, admitió años después. Y hasta le atribuyó la semilla de El otoño del patriarca. Narrada toda desde la mente de la dama inglesa de alta sociedad que la protagoniza, la novela se significó en la batalla vanguardista de las letras y ayudó a cambiarlas para siempre en un 1925 en el que también aparecieron El Gran Gatsby, El proceso y Manhattan transfer. Sólo cinco años después, y tras las versiones alemana y francesa, se traducía la catalana, a cargo del escritor Cèsar August Jordana. Y así se ha quedado 83 años hasta que, de la mano de Dolors Udina, RBA-La Magrana lance una nueva versión en catalán a finales de septiembre.

Udina (Barcelona, 1953), que ha invertido cuatro meses de trabajo y otros seis previos de lectura sobre la escritora, se enfrentó a Mrs. Dalloway, admite, “con pasos vacilantes, mucha inseguridad y un poco perdida”. Sorprende en alguien con 29 años de oficio. “Es tanta la profundidad de cada palabra, de cada frase, que no sabes si la estás captando o no con tus opciones; no recuerdo haber experimentado nunca una sensación espiritual y física tan evidente de tener entre manos alta literatura; sin duda, es la traducción más difícil que he hecho hasta hoy”, admite quien ha vertido a autores como el Nobel Coetzee, Carver, Tolkien o Gombrich.

Que ha sido ardua la labor lo ratifican las cuatro versiones que realizó de la traslación de la novela y que, por el camino, han abarcado opciones contradictorias, desde retocarle el extraño uso de los signos de puntuación hasta dejarlo prácticamente igual. “Empecé por no ponerlos, pero no encontré argumentos para cambiarlos, al final. En su obra anterior o posterior nunca puntuó así, o sea que había alguna razón para que lo hubiera hecho, que pasa porque busca en la literatura el mismo efecto que la vida, que el pensamiento, que no es lineal, sino que salta de una cosa a otra”. Al final, Udina aceptó, como la autora, prescindir casi absolutamente de los puntos suspensivos y usar el guión en funciones de dos puntos, opciones éstas y otras que le sorprendió que no respeten en absoluto dos traducciones castellanas. Más generosa se muestra con la versión catalana de Jordana. “Me parece lo suficientemente buena, el problema es que convirtió pronombres personales ya un poco confusos en el original por nombres de personajes y también que está lleno de expresiones o pronombres como “llurs” y otras que certifican el paso del tiempo, que se ha dado una evolución de la lengua”. En cualquier caso, en su opinión, Woolf, en catalán, no podría quejarse: Roser Cardús (en 1938) tradujo Flush (que 50 años después Jordi Fernando también acometió); de Maria Antònia Oliver son las versiones de Els anys (1973) y Orlando (1985), mientras que Al far (1984) y Una cambra propia (1985) llegaron gracias a Helena Valentí, “muy buenas”, según Udina. Existe también la más experimental y última novela, Entre els actes, por Marta Pera (1989).

Si La senyora Dalloway, ese día en la vida de la aristócrata Clarissa tras el final de la primera guerra mundial, ha sido considerada una de las cien mejores novelas inglesas desde 1923 es por esa técnica que hace hablar a los personajes desde una voz interior, a base de alternar el llamado estilo indirecto libre, esa tercera persona tan cercana al personaje que se inventó Flaubert, y el monólogo interior, que cultivó con maestría Joyce. Ese flujo de la memoria que hizo tan famosa a la novela no es lo que más quebraderos de cabeza ni lo que más ha impresionado a Udina. “Lo de la corriente de la consciencia es importante, claro, pero a mi me fascinó sus pensamientos, geniales, que te conmocionan física y mentalmente”. Es lo que Vargas Llosa definió como ese poder que mostró Woolf en esta obra de “librar en todos los objetos y circunstancias de la vida la secreta hermosura que encierran”. Habla la traductora del “efecto de las campanadas del Big Ben, la novela capta el ruido constante de la calle; hay frases en el original inglés que suenan como esos sonidos. He intentado mantenerlo. Si algo se pierde en toda traducción es la música. Y todo es música en Virginia Woolf”, dice Udina, ya tan felizmente transformada por La senyora Dalloway como García Márquez.