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Desconocidas en la Alhambra

Un estudio desvela el poder y la influencia de las mujeres de la dinastía nazarí el Generalife

Sus vidas han estado relegadas al silencio por el carácter masculino de su historiografía

Interior en la torre de las Infantas, obra del siglo XIX de Edwin Lord Weeks. Ampliar foto
Interior en la torre de las Infantas, obra del siglo XIX de Edwin Lord Weeks.

Entre los muros de la aún misteriosa Alhambra de Granada se fraguaron numerosos episodios de intrigas que las nuevas investigaciones van desvelando paulatinamente. Algunos de esos estudios concluyen que muchas de las mujeres de la dinastía nazarí (desde el siglo XIII al XV) han permanecido relegadas al olvido, debido, entre otras razones, al carácter masculino de la historiografía árabe medieval. Ahora, las conspiraciones, rivalidades, influencias y entresijos amorosos en la corte forman parte esencial de una investigación que pretende desvelar la vida y personalidad de un grupo de mujeres que tuvo poder en la época y a través de cuyos ojos se cuenta por primera vez esta historia.

“En casi 260 años de monarquía nazarí, lo mismo que hubo hombres hubo mujeres y cada una tenía su linaje, su importancia. Y algunas jugaron papeles muy significativos”, explica María de Mar Villafranca, directora del Patronato de la Alhambra, que coedita con la Editorial Comares el estudio Las sultanas de la Alhambra. Las grandes desconocidas del reino nazarí de Granada (siglos XIII-XV), de la arabista Bárbara Boloix. Es un análisis desde la perspectiva científica que profundiza en la vida y relaciones de estas mujeres, sin olvidar a concubinas e hijas.

De las decenas que hay, y de las que da cuenta un detallado árbol genealógico, su autora destaca a tres con caracteres muy distintos. En primer lugar, a la sultana Fátima, que aunque nació en el siglo XIII, tuvo capital importancia en la vida política nazarí del XIV; posteriormente destaca a Rim, mujer ilegítima de Yusuf I. Y, por último, remarca por su delicadeza a Umm al-Fath, primera mujer de Mohamed IX El Zurdo, ya en el siglo XV.

Mujeres del harén en plena sesión de belleza. ampliar foto
Mujeres del harén en plena sesión de belleza.

Sin duda es Fátima, hermana, hija y nieta de reyes, la que alcanzó un estatus y un poder que ninguna princesa posterior igualó. Por su sangre nazarí, subió al trono su hijo Ismail I, aunque con ello usurpara en ese momento el poder a la rama legítima de los nazaríes, y después asumió la regencia de dos nietos. Además, el elogio fúnebre que el visir, cronista y secretario de la corte nazarí Ibn al Jatib le dedicó durante sus exequias en la Alhambra evidencia la inusual huella que dejó Fátima. “Eso fue algo totalmente excepcional para una mujer, ya que era un honor reservado al emir”, destaca Boloix.

La dignidad de Fátima contrasta con la avasalladora personalidad de Rim, una de las concubinas de Yusuf I, [hijo de Ismail I], que urdió una conspiración para acabar con el reinado de su hijastro, Mohamed V, para que fuera su primogénito, Ismail II, el que ocupara el trono. Robó el tesoro real y manipuló sus relaciones sociales y familiares para tramar el destronamiento. Así, no dudó, según las fuentes medievales árabes y cristianas, en concertar el matrimonio de una de sus hijas con el también manipulador Mohamed VI, de otra rama paralela a la dinastía nazarí. Ambos colaboraron en la inesperada toma de la Alhambra y deposición de Mohamed V, en agosto de 1359.

El caso de Rim no es tan conocido, pero ambos ponen en entredicho la autoridad masculina y reflejan la fortaleza de las mujeres, ya que el sultán debía ser hijo de sultán pero no tenía por qué ser de la primera mujer o de una legítima (hasta cuatro permitía el Islam frente a un número indefinido de concubinas). Hay más ejemplos de estas conspiraciones en el seno de la dinastía nazarí, como pudieron ser los forcejeos entre Aixa y Soraya, esposas de Muley Hacén, para asegurar cada una la preeminencia de sus respectivos hijos en el trono.

Y aunque la lucha por el poder y los matrimonios concertados fueron comunes, hay casos de relaciones delicadas. En este sentido, destaca en el siglo XV la primera mujer del emir Mohamed IX El Zurdo, Umm al-Fath. De ella dice el cronista Ibn Asim, quien le dedica un sorprendente relato, que era “pura, honesta, bienhechora, benéfica y limosnera”. “Había entre ambos más afecto y misericordia de los que suele poner Dios entre dos primos (…) él tenía influencia sobre ella y ella sobre él, por su sincera armonía, la perfecta acomodación...”

Entre otras aportaciones, el estudio revela alianzas matrimoniales de la estirpe nazarí con dinastías del norte de África y confirma la presencia de esclavas negras en la Alhambra.