La ignorancia generalizada sobre los riesgos de dar un beso y otros despistes de los españoles sobre la salud

De algunas cosas sabemos más que la media, pero de otras vamos rezagados: respuestas para borrar el “necesita mejorar”

Flashpop / Getty

Un año más, la farmacéutica Stada encargó a Kantar, una afamada consultora mundial, el informe sobre el estado del conocimiento en materia de salud a nivel europeo, con el fin de “ayudar a todos los agentes implicados a identificar tendencias y tomar decisiones mientras concienciamos sobre problemas del futuro e informamos de brechas del conocimiento”, explicaba Peter Goldschmidt, presidente ejecutivo del laboratorio. A pesar de lo que insistimos en ciertos temas, parece que hay cosas que siguen sin quedar cristalinas. Argumentos claros y concisos para aclarar lo que creemos erróneamente, según el Health Report 2020. Do all roads lead to health? How Europe Moves towards the future (“Informe de Salud 2020. ¿Todos los caminos llevan a la salud? Cómo avanza Europa hacia el futuro”, en inglés). Que por nosotros tampoco quede.

Empecemos por algo que debería ser sencillo: cómo se pasan las enfermedades de transmisión sexual, “un desagradable problema que ha resurgido en los últimos años”. Aunque no lo crean, aún un 77% de entrevistados piensan que los besos son inofensivos. Y lo corrobora que casi un 70% de los españoles confiesa seguir intimando a pesar de tener un resfriado, esa recurrente infección vírica provocada por rinovirus y coronavirus (sí, esto no es nuevo), que es contagiosa desde un día antes de comenzar los síntomas hasta siete días después.

El catarro tampoco sería un freno para ir a trabajar para el 76%, pero —quizá— después del confinamiento no hace falta incidir en la inconveniencia de hacerlo (la encuesta se hizo entre febrero y marzo). Un tercio de la población probablemente utilizaría antibióticos para combatirlo, puesto que sigue pensando que sirven para aniquilar los virus (cuando en realidad solo acaban con ciertas bacterias) y, visto lo visto, los tragarían con un buen vaso de leche o de zumito de naranja. Craso error: ambos afectan a su eficacia.

Acabaremos con una de nuestras batallas favoritas: aún un 12% de los españoles dice interesarse por supercherías como la homeopatía. Siendo prescrita por médicos y vendida en farmacias, podemos entender la confusión. Subsanemos cualquier malentendido: venden preparados como “dilución de Muro de Berlín para luchar contra la sensación de opresión, separación y aislamiento”, de TNT (explosivo) contra la tos convulsiva, de heces de can para tratar la diarrea... En 2021 perderá el apoyo estatal (financiación) en uno de sus históricos feudos, Francia, y hasta la RAE —al fin— le ha dado la espalda modificando su definición de sistema curativo a simple práctica con efectos tan solo supuestos. A ver si con esta demoledora frase de la Real Academia Nacional de Farmacia terminamos de hacerles cambiar de opinión: “Los productos homeopáticos son inútiles y un riesgo para la salud”.

El estudio también arroja interesantes conclusiones sobre la relación con quienes nos cuidan: el 86% de los españoles está satisfecho con el sistema de salud (respuestas precoronavirus); cuatro de cada cinco consultaría a su médico por Internet (un 20% más que los que declararon que lo harían el año anterior), pero el 37% prefiere que los medicamentos se los sirva su boticario en persona. Así somos.

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