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La oscura espiral de Julia Simon, la esperanza francesa en Milán-Cortina condenada por estafar a sus propios compañeros

La biatleta usurpó las tarjetas de crédito de una compañera y un técnico para gastar después más de dos mil euros en compras. En los Juegos ya ha ganado dos oros olímpicos y aspira a una tercera medalla

Julia Simon manda callar este miércoles a la grada al proclamarse campeona olímpica en la prueba individual del biatlón femenino.Associated Press/LaPresse (APS)

Cuando la francesa Julia Simon completó esta semana los 15 kilómetros del biatlón individual, prueba en la que los atletas disparan sus pulsaciones en el esquí de fondo y las rebajan rifle en mano ante la diana, nada hacía presagiar que la saboyarda, 29 años, diez oros mundiales a sus espaldas, iba a desafiar a la tribuna del recinto olímpico llevándose el dedo índice a unos labios entrecortados por el frío. “Anoche leí un artículo muy malo sobre mí y quería exigir el respeto que merezco”, justificó tras la conclusión la flamante campeona olímpica. “Quien quiera chisme, que se vaya a buscarlo a otro lado”.

Poco más hubiera trascendido su reivindicación, tan inherente al deporte de masas como cualquier otra celebración, de no ser porque Simon, mito de la disciplina, había llegado a los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina tras protagonizar uno de los escándalos más sonados del deporte francés en los últimos años.

Antes de que la llama olímpica llegara a Pekín para inaugurar los Juegos Olímpicos de 2022, Simon tuvo acceso a las contraseñas bancarias de una compañera de selección, Justine Braisaz-Bouchet, y de un técnico del combinado galo cuya identidad no se ha conocido hasta el momento. Durante meses, la biatleta sacó partido de la situación para efectuar compras con las tarjetas de crédito de ambos, elevando el gasto hasta superar los dos mil euros.

Los movimientos bancarios despertaron la sospecha de la principal afectada, Braisaz-Bouchet, que no solo compartía año y ciudad de nacimiento con Simon, sino que se había erigido como su fiel compañera en diferentes relevos de la Copa del Mundo y de otras tantas competiciones internacionales. A finales de ese mismo año, ya con los Juegos de Pekín superados, y justo cuando esperaba el nacimiento de su primer hijo, la biatleta afectada comentó el asunto con miembros de la federación francesa de esquí (FFS, por sus siglas en francés), que le prometieron abrir una investigación interna para esclarecer lo sucedido. Dada la exasperante falta de soluciones, Braisaz-Bouchet presentó una denuncia formal ante las autoridades francesas en verano de 2023.

No fue, sin embargo, hasta el 24 de octubre de 2025, hace apenas unos meses, cuando el Tribunal de Albertville declaró a Julia Simon culpable de hurto y fraude, delito que, según diversas fuentes, la saboyarda habría cometido en fechas coincidentes con concentraciones de la selección francesa en Suecia, Noruega y Francia entre diciembre de 2021 y septiembre de 2022.

Negada de inicio a admitir su culpa —llegó a definirse como víctima de un robo de identidad—, Simon terminó derribándose ante el juez, reconociendo haber utilizado las tarjetas bancarias de sus compañeros sin permiso. “No recuerdo haberlo hecho. No entiendo nada. Es como si me hubiera desmayado”, lamentó en los tribunales. El testimonio, en cualquier caso, no sirvió para que eludiera la sentencia: tres meses de prisión condicional (esto es, solo iría a la cárcel en caso de reincidir) y una multa de 15.000 euros.

Tras revisar el caso días después, aún en octubre de 2025, la federación francesa multó a Simon con 30.000 euros y la apartó de cualquier entrenamiento y competición oficial durante seis meses, castigo que la alejaba de los Juegos de Milán-Cortina. Poco después, la FFS reculó y anuló cinco de los seis meses de suspensión, así como la mitad de la penalización económica, de modo que, aun con la reticencia de sus compañeros, y perdiéndose solo pruebas puntuales de la Copa del Mundo, Simon podría viajar a los Dolomitas para competir con los aros olímpicos en el pecho.

El pasado lunes, ya en el Anterselva Biathlon Arena de Bolzano, la francesa mejoró la plata de Pekín 2022 y ganó su primer oro olímpico en el relevo mixto, donde compartió faena con Lou Jeanmonnot, Eric Perrot y Quentin Fillon Maillet. Dos días después, con sus doradas vitrinas ya estrenadas, y bajo el foco mediático de toda Francia, Simon se coronó en la prueba individual, mandando callar a la grada tras imponerse con cerca de un minuto de ventaja sobre su compatriota y compañera Jeanmonnot, medalla de plata.

Ahora, tras descartar su participación para la persecución de este domingo (fue 34ª en el sprint clasificatorio, lejos de las mejores), Simon aspira a hacer historia y sumar una tercera medalla en el relevo femenino del miércoles o en la salida masiva del próximo sábado. “Mi pasado es mi pasado, y ya ha quedado atrás”, ha sentenciado estos días ante las incesantes preguntas de los medios de comunicación. “Solo quiero centrarme en lo deportivo. Competir y que me dejen en paz”.

Una jornada irrepetible para Francia

Comprendida y aceptada la decisión de Simon, al menos de manera interna, no será este domingo un día fácil de olvidar para la delegación francesa. Horas antes de que en Cortina se disputara la final de persecución del biatlón femenino, con triunfo para la local Lisa Vittozzi, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha organizado una singular ceremonia de podio frente a la tribuna principal del recinto olímpico. El galo Martin Fourcade, retirado en 2020 como una leyenda del biatlón, ha vuelto a ponerse el mono para saldar entre vítores y fanfarrias una cuenta pendiente.

En Vancouver 2010, el ruso Evgeny Ustyugov se había colgado el oro en la prueba de salida masiva masculina, con Fourcade en segunda posición. Diez años después, el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS, por sus siglas en francés) sancionó al ruso y lo desposeyó de sus medallas olímpicas en Vancouver 2010 y en Sochi 2014 por irregularidades en su pasaporte biológico. Ustyugov reclamó, pero el Tribunal Federal Suizo rechazó sus recursos el 22 de mayo del pasado año, por lo que este domingo, con 16 años de retraso, y tras incansables protestas, Fourcade ha podido recibir al fin el ansiado oro en manos de la presidenta del COI, Kristy Coventry.

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