Conexión, credibilidad y liderazgo: por qué levanta pasiones la incorrección política

Frente al eufemismo que no ofende, hay un lenguaje más claro, menos cortés y con numerosos adeptos. ¿Qué les mueve de esta incómoda manera de expresarse?

Un pez nada contra corriente.
Un pez nada contra corriente.GREG NEWINGTON (Getty Images)
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Cambia una sola palabra, convierte una frase políticamente correcta en lo contrario, y ganarás toda la credibilidad que puedas desear. Te verán como una persona inmune a las influencias ajenas, como un líder comprometido, el flautista de Hamelin. Al menos, eso dicen los científicos del comportamiento humano de la Escuela de Negocios Berkeley Haas, en California, que han analizado las diferencias entre el modoso lenguaje que huye de la ofensa y su primo gamberro. Pero, ¿cómo es posible que una actitud así genere tantos dividendos?

No te equivoques, no se trata de llamar a las cosas por su nombre, eso quizá encajaría mejor en el pantanoso terreno de la sinceridad. La incorrección política es una cuestión de conexión. “Si quieres conectar, tienes que hablar con términos que entienda la mayoría”, señala Isaac Hernández, experto en comunicación y marketing político. La dinámica que se pone en marcha se basa en “utilizar palabras y términos que todos podamos comprender de manera fácil y rápida. No tenemos tiempo y si lo tenemos lo queremos utilizar en otras cosas”, dice Hernández. Piensa en un chiste de bar: o lo clavas en tres frases o pasas el turno.

Y no tienes futuro si los parroquianos no se interesan desde la primera palabra. Hay que destacar desde el primer momento. Como sea. “Al salirse de lo habitual, la comunicación que no sigue las normas establecidas consigue el efecto inmediato de llamar la atención”, señala José Luis Martín Ovejero, experto en comunicación no verbal y autor de Tú habla, que yo te leo. No dejar a nadie indiferente es la estrategia a seguir. Pero para sacar todo el jugo a la carta de la incorrección política, para ponerte en el centro de atención tanto de seguidores como de detractores (piénsalo bien, ¿y si uno puede anular a un adversario haciendo que sus seguidores se centren solo en él?), no debes perder nunca las formas: que no dejen de ser las que nadie espera. Y actúa deprisa. “Lo primero en lo que nos fijamos es en la imagen que proyecta una persona. En tan solo 10 segundos nos vamos a crear una impresión difícil de cambiar con posterioridad porque nuestro cerebro odia llevarse la contraria a sí mismo”.

Ovejero también destaca la apariencia exterior. Nada de traje y corbata, no. Se refiere, por ejemplo, al polémico cartel en el que Albert Rivera se desnudó para dar a conocer que había nacido un nuevo partido político. ¿Grácil, ofensivo, ridículo, genial? Elige el adjetivo que prefieras, pero seguro que te acuerdas de la foto.

Hacerse notar para pertenecer a la tribu

La corrección política es una norma social tácita para no herir sensibilidades ni ganarse el reproche público. No molestes si no quieres ser molestado. Irónicamente, es justo el camino contrario el que acaba uniendo a la tribu. Cuando transmitimos emociones fuertes nos salimos del guion, y si las contagiamos con intensidad podemos actuar como un imán, atrayendo y repeliendo a los observadores, en función de sus cargas emocionales. El equipo colchonero de la capital es buena muestra. Dicen que el Atlético de Madrid juega con doce jugadores cuando su entrenador argentino, ‘el Cholo’ Simeone, se vuelve a la grada y agita los brazos arriba y abajo, abajo y arriba, los abre y los cierra, aplaude y, de nuevo, vuelve a empezar (no ahora que los partidos se juegan sin público). Así pide el apoyo de la grada y la tribu india responde al unísono.

De acuerdo con las explicaciones de Ovejero, es un caso de incorrección política manifiesta a través de los gestos, que son una parte imprescindible del carisma. La más excelsa reverencia no daría mejor resultado. En lugar de una gestualidad de manos o de brazos contenida, que se consideraría políticamente correcta, se diría que el argentino recurre a lo que el experto denomina gestos látigo, los típicos en los que los políticos suben y bajan las manos con fuerza, se la llevan al corazón o estiran el índice como queriendo cogerte por la solapa desde el otro lado de la pantalla de televisión. “Todo ello —insiste— transmite mucha implicación a nivel emocional con los mensajes que están lanzando, en ocasiones incluso agresividad”.

La voz también destaca por su carga emocional, y puede ejercer en los demás el efecto de la flauta del flautista de Hamelin. ¿Cómo tocar este instrumento? “Podría considerarse políticamente incorrecto transmitir exageradamente a través del volumen de voz, la velocidad del habla, la entonación o una pasión desbordante”, dice el experto, pero “habrá gente que se sienta tocada en lo más íntimo de su ser por esas personas y les sigan ardientemente”. En este caso, le viene a la mente Donald Trump. Otra vez Trump, cuando se habla de incorrección política. “Desde los primeros análisis que le hice, en sus debates con Hillary Clinton, yo concluía con un interrogante: ¿El pueblo americano elegirá a la política correcta y tradicional o la brutal naturalidad? El resultado ya lo conocemos todos”. Después de esto, más de uno seguirá preguntándose lo mismo: ¿cómo es posible que la incorrección política genere tantos dividendos?

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