Las claves de ‘Alma’, el nuevo fenómeno adolescente de Netflix

La plataforma sigue en su apuesta por los ‘thrillers’ juveniles, con una ficción que combina elementos de ‘Élite’ y ‘Stranger Things’

Mireia Oriol, protagonista de 'Alma', en el cuarto episodio de la serie.

Alma despierta en un hospital tras un fatal accidente de autobús cuando volvía de un viaje de fin de curso. Casi todos sus compañeros de clase han muerto, entre ellos algunos de sus mejores amigos. Y sumados a los daños físicos, la protagonista empieza a padecer episodios de amnesia y despierta una sensibilidad especial hacia cierto tipo de visiones. Así empieza un viaje para reencontrarse consigo misma y recuperar la persona que era, en un recorrido de temática adolescente bañado con tintes sobrenaturales. Estrenada el pasado 19 de agosto, Alma ya se ha colado entre lo más visto de Netflix, según sus datos.

Además de la nueva serie de adolescentes de la plataforma con sello nacional —tras el éxito internacional de Élite—, Alma es muchas cosas. Es también el nuevo trabajo de Serio G. Sánchez, guionista de El orfanato, por la que recibió un Goya, y Lo imposible: dos de las películas españolas que mejor han funcionado en taquilla. El creador vuelve a manejarse con el terror, su género favorito, para poner a disposición de los espectadores las ideas que le obsesionan, como contaba él mismo en la revista Icon.

La serie es la reafirmación de la nueva hoja de ruta de Netflix, con producciones que apelan a un público más joven, al igual que la recientemente estrenada Fanático. En su caso, se centraba en el mundo del espectáculo desde el prisma del artista. En Alma, la protagonista parte de no reconocerse en un espejo, de no saber quiénes son sus padres ni la gente que le rodea. Esta última serie, además, invita a reflexionar qué pasaría si te convirtieras en una persona de tu entorno, si vivieras en el cuerpo de un amigo. Pero en la raíz, ambas ponen el foco en temas que afloran sobre todo en la etapa de la pubescencia: la identidad propia y la aceptación de uno mismo.

No es el único asunto que está presente en la serie. En el hilo conductor de la ficción también se reflexiona sobre los límites entre la vida y la muerte, acerca de las enfermedades y los lazos de la amistad. Y a lo largo de sus nueve capítulos, Alma se sirve también de sus personajes de reparto para tratar otros temas, como los abusos, las relaciones familiares, la soledad o el desarrollo de la sexualidad.

“¿Qué no se va a encontrar [el espectador]?”, dice con ironía la actriz Claudia Roset en una entrevista. “Se va a encontrar muchísimas cosas. Hay muchos temas muy universales y a la vez muy íntimos. Va a encontrar una carta de hilos por donde le apetezca tirar, que incluso te la puedes ver varias veces e ir tirando de cada hilo, y aun así sería como empezar el viaje otra vez”.

Un momento de 'Alma' (Netflix) con sus principales protagonistas.
Un momento de 'Alma' (Netflix) con sus principales protagonistas.

En ese apartado, juega un papel importante la inclusión de lo esotérico. En la serie, más allá de utilizarse como herramienta para desplegar un ambiente propio del género de terror, las visiones son el vehículo principal para desarrollar los conflictos sentimentales: los elementos sobrenaturales de Alma sirven como catalizador para el crecimiento personal de sus personajes, que tienen que enfrentar sus propios traumas. Algunos son compartidos y otros son individuales, pero todos tienen una barrera que superar.

Lo emocional como diferencia

Y el peso que este contenido emocional tiene en la trama es, en palabras de sus protagonistas, la principal diferencia con respecto a otras producciones de Netflix con las que comparte etiquetas, como Stranger Things o Élite: “Es una serie que llega a la gente que consume normalmente thriller y género sobrenatural, pero al mismo tiempo que tiene un matiz emocional muy fuerte que puede atraer a otro tipo de público. Hay tantos temas tan delicados, tan bien tratados y muy bien desarrollados”, explica Mireia Oriol, que interpreta a la protagonista.

La ficción ha sido grabada casi toda en Asturias, donde el equipo estuvo de rodaje durante cuatro meses y medio. Netflix hace hincapié así en productos localizados, nutriéndose de la mitología asturiana. Allí, entre otros seres, son tradición los malinos, unos espíritus o diablos diminutos que se introducen en el cuerpo de las personas con la intención de causarles daño. Y Alma, aunque a su manera, adapta estos diablillos astures y más objetos de las leyendas celtas del norte de España. Otro ejemplo de este modus operandi es la recién estrenada Kleo, también producción propia de la plataforma, pero en este caso con procedencia alemana, que cuenta el Berlín de la RDA desde un punto de vista alternativo. Series nacionales con elementos propios de su país de origen para hacerlas más atractivas para el público al que van dirigidas.

Por todos sus componentes, Alma constituye un relevo generacional de El internado, con lenguaje propio del thriller de adolescentes, como Élite o Fanático, pero con los aromas sobrenaturales de Stranger Things. Una combinación de piezas que, de ser bien recibida por los espectadores, se postula como candidata para quedarse por muchas más temporadas.

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