La cuarta dosis de la vacuna contra la covid se estanca: menos de la mitad de los mayores de 60 la ha recibido

Los expertos advierten de que la baja cobertura puede aumentar las complicaciones de la población más vulnerable

Una enfermera vacuna a un hombre contra la gripe y la covid en Sevilla.
Una enfermera vacuna a un hombre contra la gripe y la covid en Sevilla.MAría José López (Europa Press)

—¿La cuarta dosis de la covid es obligatoria?, pregunta una señora de unos 70 años en un centro de salud de Madrid.

—No, ninguna es obligatoria, pero se la puede poner con la de la gripe, responde la administrativa.

—Ah, pues entonces solo la de la gripe, ya me he puesto muchas vacunas.

Esta conversación se produjo hace unos días y sirve para ejemplificar por qué la segunda dosis de refuerzo contra la covid (la cuarta inyección para la mayoría) para los mayores de 60 años no ha llegado a despegar con fuerza y ya está estancándose: hasta el viernes la habían recibido 5,6 millones de personas, un 45,9% de esa población, que es, junto a inmunodeprimidos y quienes viven en residencias, la que la tiene indicada por el momento.

La campaña de vacunación con inyecciones adaptadas a las nuevas variantes empezó hace justo dos meses. El Ministerio de Sanidad comenzó a publicar datos específicos de esa cuarta dosis el 21 de octubre, cuatro semanas después. Por entonces la habían recibido 1,6 millones de personas mayores de 60. Se puede comparar con la primera dosis de recuerdo (tercer pinchazo): en aproximadamente ese mismo lapso de tiempo ya la tenían 4,5 millones, y eso que por entonces solo estaba indicada para mayores de 70, además de personas inmunodeprimidas y quienes viven en residencias.

Josefa Pérez, residente del geriátrico Feixa Llarga, en L,Hospitalet de Llobregat, recibe la cuarta dosis de la vacuna de la covid, el pasado 26 de septiembre.Foto: Andreu Dalmau | Vídeo: Antonio Nieto / Paula Casado

Ha pasado un año, el peligro de la covid ya no se percibe de la misma forma y el entusiasmo por las vacunas ha decaído. Tanto es así que varios médicos consultados aseguran que, en sus ambulatorios, algunos mayores que van a recibir la vacuna de la gripe rechazan la del coronavirus. “Sucede entre un 10% y un 15% de los casos aquí”, dice José María Molero, que trabaja en un centro de salud de Madrid y es miembro de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. Según sus cálculos, a estas alturas deberían llevar entre un 20% y un 25% más de dosis inoculadas de las que han pinchado. “Notamos que ahora los pacientes preguntan mucho más si la necesitan, si es aconsejable”, relata.

Los porcentajes no solo son bajos, sino que ya muestran signos claros de desaceleración: mientras las primeras semanas de las que Sanidad ofrece datos se inocularon entre 900.000 y 1,1 millones de dosis, aproximadamente, la pasada la cifra bajó a poco más de 612.000, y esta se ha quedado ligeramente por debajo de 445.000.

El ministerio, a través de una portavoz, asegura que se están reforzando las campañas de vacunación y los mensajes para llegar a más población y achaca parte de la explicación de esas cifras a que quienes se han contagiado recientemente tienen que esperar a vacunarse: tres meses los mayores de 80 años y cinco los menores de esta edad.

Esto puede explicar algo, pero no todo, según varios expertos consultados. “Habrá un porcentaje pequeño que tenga que esperar, pero no la mayoría”, reflexiona Jaime Jesús Pérez, nuevo presidente de la Sociedad Española de Vacunología. Le preocupa especialmente la franja de 70 a 79 años, con un 51,5% de vacunación. “La cobertura en los sexagenarios es menor [30,8%], pero estamos acostumbrados con la gripe y es una franja también de menor riesgo, aunque es muy importante que todos los mayores se vacunen”, sostiene.

Aunque por el momento no está indicada para menores de 60 años, Sanidad ha comprado dosis para toda la población y ha presupuestado para el año que viene 1.116 millones de euros en inyecciones contra la covid, prácticamente la misma cifra que este.

La protección de la cuarta dosis

Las cifras muestran que el riesgo que entraña la covid no es hoy el mismo que hace un año, y mucho menos que al comienzo de la pandemia, pero todavía causa mortalidad: según los datos del Instituto de Salud Carlos III (que no dejan claro qué porcentaje murió con coronavirus o por él), más de 12.000 defunciones desde finales de marzo pasado, cuando cambió la estrategia y dejaron de ser obligatorios los aislamientos de los enfermos.

La gran mayoría de los decesos se concentra en la población mayor, que con una cuarta dosis puede mejorar su protección. Según un estudio recientemente publicado en Portugal, un segundo refuerzo inoculado en primavera consiguió reducir la hospitalización de los mayores de 80 años en un 81% y la mortalidad en un 82%. Y eso con una formulación que no estaba adaptada a nuevas variantes.

En España se esperó a inyectar esta cuarta dosis a la campaña de otoño-invierno para hacerla coincidir con la de la gripe y para esperar a la nueva generación de vacunas. Esto hace que los mayores lleven un año sin recibir una. Y, aunque estudios como uno recientemente publicado por la Generalitat Valenciana muestran que la inmunidad de la población es robusta (un 98,4% mantiene anticuerpos), “los mayores tienen más riesgo y su respuesta es peor”, en palabras de Salvador Peiró, autor de la investigación. “Seguramente no hace falta vacunar cada año a toda la población, pero es sensato hacerlo a los mayores de 60”, dice.

En su opinión, está fallando la comunicación de las autoridades sanitarias. “La gente no sabe si tiene que esperar un mensaje o ir directamente al centro de salud. Cada comunidad lo está haciendo de una forma. También hay muchos mitos, como el de que si has pasado la enfermedad no te hace falta una nueva dosis. Si es muy reciente, puede, pero las personas mayores que se contagiaron hace tiempo tienen riesgo de complicaciones”, señala.

José Antonio Forcada, presidente de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas, achaca la falta de respuesta de la población a un estado de opinión, “promovido por los políticos”, de que la pandemia ha pasado. “Ni el ministerio ni las comunidades están haciendo un esfuerzo muy grande en la implementación de la cuarta dosis. Hay que convencer a la población de que a los mayores de 60 años, y especialmente a los mayores de 80, la cuarta dosis les va a venir muy bien para protegerlos frente a posibles complicaciones”, sostiene.

Por el momento, tanto los contagios como los ingresos hospitalarios siguen muy contenidos y la octava ola que algunos auguraban para el otoño todavía no ha llegado con fuerza. Pero los expertos advierten de que aún falta todo un invierno, que es el caldo de cultivo perfecto para los virus respiratorios: ya está desbocado el sincitial y subiendo el de la gripe. Y, aunque no temen una presión asistencial como la que vimos antes de las vacunas —al fin y al cabo, la mayoría de la población tiene cierto grado de protección—, sí avisan de que el coronavirus todavía se va a cobrar muchas vidas.

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Sobre la firma

Pablo Linde

Escribe en EL PAÍS desde 2007 y está especializado en temas sanitarios y de salud. Ha cubierto la pandemia del coronavirus, escrito dos libros y ganado algunos premios en su área. Antes se dedicó varios años al periodismo local en Andalucía.

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