El misterio de los pinchazos a mujeres en el ocio nocturno se extiende por España

Cataluña suma 23 denuncias, seguida del País Vasco, con una docena. La Policía desconoce las intenciones de los autores, sin que se hayan producido robos o agresiones sexuales

En la imagen, jóvenes en los exteriores de las discotecas del paseo marítimo de Barcelona, en septiembre de 2021.
En la imagen, jóvenes en los exteriores de las discotecas del paseo marítimo de Barcelona, en septiembre de 2021.Albert Garcia

Viernes a las cinco de la mañana. Eva Navarro estaba con sus amigas en la terraza de la discoteca Cocoa Mataró cuando, de repente, notó un pinchazo en la pierna izquierda. Fue al lavabo y allí comprobó que tenía la marca de la aguja. La reconoció porque llevaba días viendo heridas como esa por redes sociales. “Me puse muy nerviosa y estaba mareada. Llorando, le conté a un segurata lo que me había pasado y no me creyó”, cuenta la joven de 18 años. Una repentina oleada de pinchazos a mujeres en locales de ocio ha despertado la alarma y mantiene en alerta a las jóvenes. Con Cataluña, con 23 denuncias, a la cabeza, el fenómeno se ha extendido por España, con una docena de denuncias en el País Vasco, seguida de Andalucía y otras comunidades, como Castilla-La Mancha, Asturias, Cantabria y Baleares. Solo en un caso se han detectado restos de éxtasis líquido, en los análisis de una menor de 13 años. La Policía desconoce las intenciones de los autores, sin que se hayan producido agresiones sexuales o robos, ni conste ningún detenido.

El fenómeno de los pinchazos a mujeres (en Cataluña, de las 23 víctimas, solo una es un hombre) en el ocio nocturno ha llegado a España después de un periplo europeo. Fue detectado hace meses en discotecas de Bélgica, Francia, Reino Unido e Irlanda. El Parlamento británico incluso llevó a cabo un informe, fechado en abril, donde analizaba la oleada de denuncias por pinchazos, principalmente a mujeres, en otoño del año pasado, con 1.382 casos entre septiembre de 2021 y enero de 2022 en el ocio nocturno y fiestas. En Francia se han presentado más de 800 denuncias hasta el 16 de junio, según datos de la Dirección General de la Policía Nacional (DGPN). En España, la policía sospecha que se está ante el mismo fenómeno: pinchazos aleatorios sin rastros de tóxicos en la sangre, ni motivos concretos ni, hasta el momento, detenidos, que no llevan más delitos aparejados.

Andrea (nombre ficticio) tiene 22 años y es de Cádiz. El sábado decidió salir de fiesta con su mejor amiga por la localidad gaditana de El Puerto de Santa María, como suele hacer, pero esta vez fue diferente. “Le pedí a mi amiga que me acompañara al cuarto de baño, siempre vamos juntas. Cuando estábamos pasando entre la gente, me agarró del brazo y me chilló que la habían pinchado. No supe reaccionar, no me lo podía creer”, recuerda la joven. “Ella vio que el chico que la pinchó iba vestido de negro y tenía una jeringuilla en la mano”, dice. Andrea alejó a su amiga de la multitud, avisaron a los camareros y cerraron el local. Enseguida llegaron cuatro furgones de policía con una ambulancia, y cuando los equipos médicos ya estaban atendiendo a su amiga, llegó otra chica llorando porque también la habían pinchado. En Andalucía, la Policía Nacional tiene sobre la mesa más de una decena de denuncias, siete de ellas de Cádiz, tres en Córdoba y otra más en Málaga.

Las mujeres víctimas de los pinchazos suelen referir episodios similares, caracterizados por mareos y vómitos. Eva Navarro, que sufrió el pinchazo en una discoteca de Mataró, no dudó en ir al hospital de Can Ruti, en Badalona. “Me hicieron analíticas, pruebas de orina y me tuvieron en observación hasta que estuve mejor y me dieron el alta. El mismo día por la noche estuve con vómitos y me ingresaron de nuevo”, explica la joven, que dio negativo en todo. Eva conoce a otras chicas que sufrieron pinchazos ese mismo día. La Generalitat de Cataluña ha puesto en marcha un protocolo, que insta a las mujeres que intuyan que han sido pinchadas a alertar al local de ocio y acudir inmediatamente a un centro sanitario, siempre acompañadas. Allí les realizarán análisis en sangre y de orina para detectar cualquier droga. También se valorará si activar el protocolo por posible exposición al VIH y, si se diese el caso, el de agresión sexual, aunque no ha pasado hasta el momento.

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ha expresado su preocupación por el incremento de casos de pinchazos y ha llamado a la ciudadanía a “estar alerta, denunciar y aislar” a los autores, ante unos ataques que están provocando “angustia e inseguridad”. “Esto no es una cuestión de mujeres cuando van de fiesta, esto nos interpela a todos”, ha insistido el presidente catalán, que ha tildado la práctica de “absolutamente execrable”. La consejera de Igualdad y Feminismos catalana, Tània Verge, ya ha adelantado que se está valorando que las discotecas registren a los hombres antes de entrar en sus establecimientos. Pero hasta que se aprueben esta y otras medidas, la consejera ha insistido en mantener la calma y seguir el protocolo de actuación que han articulado.

“Nunca te imaginas que te va a pasar a ti. Ni a nadie de tu alrededor”, confiesa Andrea, cuya amiga sufrió el pinchazo en Cádiz. Solo tuvo un poco de fiebre y malestar, pero asegura que la otra chica se desplomó nada más recibir el pinchazo. En urgencias no supieron decirles lo que le habían inyectado. No sabían si era una droga nueva, y les explicaron que probablemente podrían detectarla pasadas unas horas, tras la repetición de las pruebas. “Tengo muchísimo miedo. Al día siguiente, cuando bajé a la playa, iba mirando a todo el mundo porque me daba miedo que me pincharan”, lamenta.

En Cataluña, los Mossos d’Esquadra siguen investigando caso a caso, repasando cámaras de seguridad y tratando de dar con los autores. No descartan que sean turistas llegados de Francia, donde los pinchazos han causado alarma los últimos meses. La mayor parte de la veintena de denuncias se acumulan en una misma población, Lloret de Mar, en Girona. “Quizá lo hacen por pura diversión”, lamentan fuentes policiales, ante un fenómeno que angustia a las mujeres y también a los investigadores, por el temor a que vaya a más. Hasta el punto de que alguna joven ha acudido al hospital creyendo haber sido víctima de un pinchazo, pero tras la exploración, los médicos lo han descartado, cuentan fuentes policiales.

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