Europa recomienda eliminar la obligación de llevar mascarilla en los aviones

En los vuelos que despeguen o aterricen en destinos donde son obligatorias en el transporte público, como España y Alemania, seguirán siendo necesarias

Un pasajero de un vuelo protege su rostro con una mascarilla, en una imagen de archivo.
Un pasajero de un vuelo protege su rostro con una mascarilla, en una imagen de archivo.John Minchillo (AP)

La mascarilla sigue siendo una de las mejores formas de protegerse contra la transmisión de la covid-19, pero su uso va a dejar de ser obligatorio en los aeropuertos y a bordo de los vuelos en varios países europeos. Ponerse el cubrebocas pasará a ser una decisión individual, según la última recomendación que han publicado la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC). La actualización de sus consejos sobre seguridad en los viajes aéreos será efectiva a partir del 16 de mayo, pero en algunas aerolíneas todavía no habrá ningún cambio. Las mascarillas seguirán exigiéndose en los vuelos desde o hacia los países donde son obligatorias en el transporte público.

Estos dos organismos, cuyas directrices no son vinculantes pero sí suelen tenerse en cuenta, consideran que los últimos avances en la lucha contra la pandemia permiten la vuelta a la normalidad en los viajes en avión. En un comunicado conjunto destacan los elevados niveles de vacunación y la inmunidad adquirida naturalmente después de más de dos años de pandemia. Cerca del 80% de los europeos están vacunados y el 52% cuentan ya con la tercera dosis, según datos del ECDC. El levantamiento de las restricciones cada vez en más países europeos es otro de los motivos que aducen para recomendar el fin de las mascarillas.

Su decisión es solo eso, una recomendación. De hecho, las agencias insisten en que los cubrebocas seguirán siendo obligatorios en los vuelos que despeguen o aterricen en destinos donde sí se utilizan en el transporte público. La decisión final queda, por tanto, al criterio de cada país. Los Gobiernos podrían decidir incluir una excepción para los vuelos en sus normativas. Las aerolíneas deberán informar a los pasajeros de las normas que se aplican en cada vuelo.

Iberia asegura que se mantiene a la espera de instrucciones de las autoridades españolas para ver si sigue exigiendo la mascarilla en sus vuelos. La Agencia Española de Seguridad Aérea (AESA) señala que, por ahora, sigue siendo necesaria en cumplimiento de la normativa española. Un real decreto del pasado abril la impone en transportes públicos -en los que se incluyen los aviones-, servicios sanitarios, residencias y farmacias.

La compañía alemana Lufthansa asegura asimismo que en sus vuelos rige la Ley de infecciones actualmente en vigor en el país, según la cual en los transportes públicos es necesario llevar cubrebocas. “Otras aerolíneas del grupo como Swiss y Brussels Airlines ya no tienen esa obligación porque la legislación en Suiza y Bélgica es distinta”, precisa a EL PAÍS un portavoz de la empresa. “Creemos que se debería abolir el uso de mascarillas en los aviones en Alemania”, añade. Lufthansa opina que es el momento de confiar en la voluntariedad “como ocurre ya en otros ámbitos de la vida cotidiana, como en los supermercados o los restaurantes”. Como argumento a favor apunta al uso de filtros de aire altamente eficientes en las cabinas de los aviones.

La recomendación llega el mismo día en que Francia ha anunciado que la mascarilla deja de ser obligatoria en el transporte público. Esto quiere decir que, como ocurre con otros países como Suiza, Reino Unido o Noruega, sus aerolíneas tampoco exigirán el cubrebocas en sus vuelos. La nueva disposición entra en vigor el próximo lunes 16.

El ECDC recomienda que los pasajeros vulnerables sigan usando mascarilla, independientemente de las reglas, “idealmente” una FFP2, que ofrece mayor nivel de protección que una quirúrgica. “Para los pasajeros y las tripulaciones aéreas, este es un gran paso adelante en la normalización de los viajes aéreos. Sin embargo, los pasajeros deben comportarse de manera responsable y respetar las elecciones de los demás. Y un pasajero que está tosiendo y estornudando debe considerar seriamente ponerse mascarilla, para la tranquilidad de los que están sentados cerca”, aseguró en un comunicado el director ejecutivo de la EASA, Patrick Ky.

Medidas de distanciamiento

Las agencias siguen recomendando a los pasajeros que observen las medidas de distanciamiento en los interiores, incluido el aeropuerto, siempre que sea posible. Pero los operadores aeroportuarios “deben adoptar un enfoque pragmático al respecto”, aseguran estas dos autoridades, que ponen un ejemplo: deben evitar imponer requisitos de distanciamiento si es probable que conduzcan a un cuello de botella en el aeropuerto, en el embarque o el desembarque.

“Aunque los riesgos permanecen, hemos visto que las intervenciones no farmacéuticas y las vacunas han permitido que nuestras vidas comiencen a volver a la normalidad. Si bien el uso obligatorio de mascarillas en todas las situaciones ya no se recomienda, es importante tener en cuenta que, junto con el distanciamiento físico y una buena higiene de manos, es uno de los mejores métodos para reducir la transmisión”, aseguró la directora del ECDC, Andrea Ammon, que subrayó que se respetarán las normas y los requisitos de los países de partida y destino de los vuelos.

Las agencias recomiendan a las aerolíneas que mantengan sus sistemas de recopilación de datos de los pasajeros, pese a que la mayoría de países ya no piden rellenar formularios con información sobre dónde van a residir en el lugar de destino. Quieren que estos datos pueda estar a disposición de las autoridades de salud pública por si en el futuro surgen nueva variantes y es necesario volver a monitorizar a los viajeros.

Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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