El volcán de La Palma reduce la emisión de lava, pero vuelve a amenazar el barrio de La Laguna

La sismicidad se ceba con la isla, que registra el temblor percibido con más fuerza por los vecinos desde que comenzó la erupción

Vista aérea del barrio de La Laguna tomada por un dron el 29 de noviembre. Vídeo: BORJA SUAREZ (REUTERS) | EPV

El volcán de La Palma encara su undécima semana de vida con nuevas amenazas al barrio de La Laguna (en los Llanos de Aridane), que fue evacuado en tres operaciones distintas desde el pasado 12 de octubre. En este barrio están empadronadas unas 1.200 personas. El peligro no cesa, a pesar de que en las últimas horas la erupción “ha disminuido notablemente la emisión de lava, tanto en los nuevos focos eruptivos [surgidos el jueves y el fin de semana] como en los focos anteriores”. Así lo ha anunciado este lunes la portavoz científica del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), María José Blanco.

El Instituto Geográfico Nacional empezó a apreciar a las tres de la madrugada del domingo, desde su punto de observación en el mirador de Tajuya (municipio de El Paso), la apertura de dos bocas de piroclastos incandescentes y lava en la ladera nordeste del volcán. María José Blanco ha informado que de esta nueva fisura más suroriental brota una colada de lava con una dirección aproximada de este a oeste que se bifurca en la zona más alta y que ha hollado territorios nuevos de terreno agrícola o forestal. El sismólogo del Instituto Geográfico Nacional, Itahiza Domínguez, ha apuntado este lunes en su cuenta de Twitter que la erupción ha desplazado su actividad al nuevo cono secundario al noreste del principal, que ha cesado de emitir.

Uno de sus ramales “circula lentamente sobre colada antigua”, puntualiza Blanco. Otro, sin embargo, ha desbordado en la zona norte “y podría afectar a La Laguna”, población de la que le separa un kilómetro y medio, según ha añadido el director técnico del Pevolca, Miguel Ángel Morcuende. El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) ha apuntado, por su parte, que su velocidad llega a un metro por segundo. “Supongo, esperamos, que esta colada terminará bien por ascender, cabalgar sobre la llamada colada 8, o bien pararse”, ha asegurado Morcuende. “Esto parece lo más razonable, dada la cantidad de material sólido que ha acabado engullendo”, ha añadido, y dada también la menor cantidad de lava que está manando del centro eruptivo. ”Estas coladas necesitan mucho empuje desde atrás”.

Vuelve a aumentar la sismicidad

La sismicidad ha vuelto a hacer temblar la isla. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha localizado desde la pasada medianoche hasta las 14.40 horas cerca de un centenar de seísmos, lo que está convirtiendo este día en el episodio de más virulencia desde el pico registrado el pasado 17 de noviembre.

El evento más fuerte registrado por el organismo estatal ha sido un sismo de magnitud 5, cuyo hipocentro se ha situado a 35 kilómetros de profundidad tras la revisión llevada a cabo por el IGN. Ha podido sentirse con una intensidad máxima de V por la población, de una escala de XII. Este nivel convierte al temblor en el más sentido por la población desde que comenzó la erupción el 19 de septiembre, y es el más fuerte en La Palma desde el de 5,1 que registró el organismo estatal el 19 de noviembre. Desde entonces, La Palma había sufrido otros tres de 4,8 los pasados días 22, 23, 25 noviembre.

La profusión de temblores hasta el mediodía supone una continuación respecto al domingo, cuando se produjeron 136 terremotos, según ha explicado el vulcanólogo del IGN Rubén López. La intensidad mide cómo perciben los ciudadanos y las infraestructuras cada movimiento. La escala europea que lo barema, conocida como EMS-98, va de I a XII, y se elabora a través de encuestas a la gente que ha percibido el temblor.

Los científicos insisten repetidamente en la necesidad de que la ciudadanía participe en estas consultas, accesibles a través de la aplicación del IGN. La magnitud, por su parte, es más precisa, dado que se mide a través de máquinas y calcula la fuerza del terremoto, independientemente de cómo se perciba en la superficie. Por eso, no es infrecuente que un terremoto de una magnitud alta a profundidades elevadas se perciba menos que uno menos fuerte pero más superficial.


Sobre la firma

Guillermo Vega

Jefe de sección de Tecnología y corresponsal en Canarias. Escribe sobre el impacto de la tecnología y sobre lo que pasa en las islas. Trabajó en la Cadena Ser, Cinco Días y fue jefe de EL PAÍS Retina. Licenciado en Ciencias de la Información, diplomado en Traducción e Interpretación y Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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