La posibilidad de imponer de restricciones a los no vacunados causa una tormenta política en Alemania

El ministro Helge Braun, político de total confianza de Merkel, dice que a los no inoculados podría impedírseles entrar en restaurantes, cines o estadios. Mientras, el candidato de la CDU para reemplazar a Merkel, Armin Laschet, se opone a cualquier requerimiento de la vacuna

Dos personas pasean por una calle de Berlín.
Dos personas pasean por una calle de Berlín.FABRIZIO BENSCH / Reuters

El mundo político alemán se enfrenta esta semana a un debate con importantes consecuencias, tanto a la hora de conseguir votos para ganar las próximas elecciones nacionales como para combatir la pandemia del coronavirus, y que se inició con unas declaraciones del jefe de la cancillería federal, Helge Braun, al periódico Bild am Sonntag. El ministro, un político de total confianza de la canciller Angela Merkel, dijo el domingo que podría ser necesario imponer restricciones a las personas que se niegan a ser vacunadas, si las infecciones de la covid-19 alcanzan nuevos máximos históricos en los próximos meses, como puede ser el caso en Alemania.

Braun señaló que a las personas no vacunadas podría impedírseles ingresar en lugares como restaurantes, cines o estadios “porque el riesgo residual es demasiado alto”. El ministro mostró su preocupación por las posibles consecuencias de una nueva ola de la pandemia en el mercado de trabajo. Aseguró que las bajas por enfermedad alcanzarían “máximos históricos” y remarcó que el impacto en los procesos de trabajo de las empresas sería “enorme”. “Ya lo estamos viendo en el Reino Unido”, añadió al respecto. Por ello, afirmó que “la gente vacunada tendrá definitivamente más libertades que la no vacunada”. Braun mencionó que, en caso de aprobarse ese tipo de políticas, serían constitucionales porque “el Estado tiene la responsabilidad de proteger la salud de sus ciudadanos”.

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La campaña de vacunación en Alemania se ha desacelerado en las últimas semanas y esto ha suscitado discusiones sobre cómo alentar a la gente a que se vacune. La semana pasada se suministraron en Alemania 678.459 primeras dosis, el nivel más bajo desde la tercera semana de febrero, cuando había escasez de vacunas en el país. Con 15 millones de dosis sin usar en refrigeradores, según las estadísticas, el promedio diario de primeras dosis suministradas ha ido cayendo desde hace 33 días. La pauta completa la ha recibido un 49% de la población, lo que equivale al 54% de los mayores de 12 años ―se requiere que el 85% de las personas entre 12 y 59 años y el 90% de los mayores de 60 años hayan recibido la pauta completa para alcanzar la inmunidad de rebaño, según el Instituto Robert Koch, la agencia gubernamental para el control de enfermedades―. Más de 60% de la población alemana ha recibido al menos una dosis —en España la cifra supera el 65%—.

Las preocupaciones de Braun tienen un fundamento real. El ministro, que es médico de profesión, teme que el número de nuevos casos de coronavirus en Alemania se dispare a 100.000 al día en unos dos meses. Tras más de dos meses de descenso constante, los casos han aumentado en la mayor economía de Europa desde principios de julio, debido principalmente a la propagación de la variante delta. Braun aseguró al diario alemán que los casos estaban aumentando un 60% por semana. “Si la variante delta siguiera extendiéndose a este ritmo y no la contrarrestáramos con una tasa de vacunación muy alta o un cambio de comportamiento, tendríamos una incidencia de 850 (por cada 100.000 personas) en solo nueve semanas. Esto equivale a unos 100.000 nuevos contagios al día”, dijo, y añadió que esto llevaría a muchas personas a la cuarentena y al caos en la economía.

Peligrosa división

El tema ha causado una peligrosa división en el seno del propio partido de Merkel, la Unión Demócrata Cristiana (CDU por sus siglas en alemán). El candidato de la CDU para reemplazar a Merkel como gobernante de Alemania, Armin Laschet, manifestó su oposición a cualquier requerimiento formal o informal de la vacuna en este momento. “No creo en la vacunación obligatoria y no me parece que debamos apremiar indirectamente a las personas para que se vacunen”, declaró el domingo Laschet a la segunda cadena pública de televisión, ZDF. “En un país libre existen derechos para la libertad, no solo para grupos específicos. Si las tasas de vacunación de Alemania siguen siendo demasiado bajas a fin de año, podrían considerarse otras opciones, pero no ahora”, insistió. A Laschet tampoco le parece bien que se prohíba a los no vacunados ir al cine y a los restaurantes, como sugirió Braun. Aquellos que están “testados, recuperados o vacunados”, dijo, deben estar exentos de las restricciones.

Las declaraciones de Laschet fueron calificadas por algunos medios germanos casi como una bofetada a Merkel. Durante una reciente visita al Instituto Robert Koch, la canciller descartó la obligatoriedad de la vacuna “por el momento”, pero enfatizó: “No estoy descartando que pudiera hablarse distinto en unos meses”. En su última conferencia de prensa de verano, Merkel hizo un dramático llamamiento a la población para que intensifique los esfuerzos de vacunación ante el aumento de las cifras de infección. “Cuantos más se vacunen, más libres volveremos a ser”, dijo la canciller. “Solo juntos podremos superar la pandemia. Por lo tanto, las personas también deben promover activamente la vacunación en su entorno privado y en el trabajo. Cada vacuna es un pequeño paso hacia una mayor protección para todos”.

A favor de las posibles restricciones

Karl Lauterbach, un conocido y respetado experto en salud de los socialdemócratas, habló a favor de las posibles restricciones. Dijo al periódico Süddeutsche Zeitung que pronto una de las únicas opciones restantes para combatir las nuevas variantes será “limitar el acceso a espacios donde se reúne mucha gente” solo para quienes se han vacunado o se han recuperado del virus. Su correligionario Rolf Mützenich, jefe del grupo parlamentario del SPD, apuntó que los políticos deberían dar prioridad a inocular a los ciudadanos que lo deseen y no a penalizar a los no vacunados. “No vamos a cambiar con amenazas la actitud de los individuos hacia la vacunación”, señaló Mützenich,

El ministro federal del Interior, Horst Seehofer (CSU), se pronunció a favor de una mayor libertad para los vacunados. “Esto no es una discriminación contra los no vacunados”, explicó en una entrevista con RTL y ntv. Asguró que respeta si alguien decide no vacunarse por razones personales. “Pero la persona no vacunada también debe darse cuenta de que tenemos que proteger a la sociedad en su conjunto y, por lo tanto, solo podemos permitir que los vacunados asistan a los principales eventos de la comunidad”, añadió.

El vicepresidente del Bundestag, Wolfgang Kubicki, calificó la iniciativa del ministro Braun de querer introducir de facto la vacunación obligatoria por la puerta de atrás. Según Kubicki, no existen derechos fundamentales de primer y segundo orden, que “dependen de un buen comportamiento definido como ‘derecho’ por la Cancillería”. Kubicki sugirió que Braun sabía ciertamente que se dirigía a un “terreno inconstitucional” con su demanda de un trato desigual para los no vacunados.

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