La crisis del coronavirus

Fraude y descontrol en los test rápidos de coronavirus en Alemania

Los centros de pruebas de antígenos han proliferado por todo el país sin apenas controles: son gratuitos para los ciudadanos y necesarios para entrar a las tiendas y sentarse en las terrazas

Un sanitario ante su laboratorio-bicicleta para hacer test rápidos de covid en un parque de Berlín.
Un sanitario ante su laboratorio-bicicleta para hacer test rápidos de covid en un parque de Berlín.Patricia Sevilla Ciordia

La imagen se repite a la entrada de muchas franquicias de ropa en la zona de Kurfürstendamm, la famosa calle comercial de Berlín: colas más o menos largas y personas que esperan que llegue su turno preparadas con papeles o con el teléfono móvil en la mano. “¿Me enseña la prueba negativa? ¿Tiene instalada la app Luca? Gracias, puede pasar”, va controlando una empleada en la puerta de una tienda Primark. Los comercios no esenciales reabrieron en marzo, pero con restricciones. Primero era necesario pedir cita; después se impuso la obligación de presentar un test negativo de coronavirus. Lo mismo ha ocurrido con la restauración. Sin test, nadie puede sentarse en las terrazas de bares y restaurantes.

El Gobierno alemán ha fiado su desescalada a la realización de pruebas gratuitas de coronavirus, pero el sistema se puso en marcha muy rápido y sin los controles necesarios. Ahora varias fiscalías investigan posibles fraudes masivos entre las decenas de miles de centros que han proliferado al calor de la subvención estatal.

Una tienda en la que se hacen test de coronavirus gratuitos en Berlín.
Una tienda en la que se hacen test de coronavirus gratuitos en Berlín. JOHN MACDOUGALL / AFP

Encontrar cita para un test rápido de antígenos en marzo, cuando abrieron las tiendas de ropa, calzado o decoración, era muy complicado. En la capital apenas había unas docenas de centros médicos o farmacias que las hicieran y los huecos se llenaban rápido: después de tres meses con el comercio minorista cerrado, los berlineses tenían ganas de volver a comprar. Pero en cuestión de semanas han ido abriendo puntos de privados de análisis en prácticamente todas las calles de la ciudad.

Es un negocio lucrativo: el Estado federado paga a estos operadores 18 euros por prueba realizada. Estos test en muchos casos son, según ha comprobado este diario visitando cinco centros, los mismos que se venden en los supermercados a entre cuatro y cinco euros la unidad. Comprados al por mayor son aún más baratos. Por eso prácticamente todo local vacío o susceptible de ser transformado es ahora un punto de pruebas de covid-19: salones de belleza, centros de bronceado, de tatuajes, locales de apuestas… También los hay móviles en calles o parques: furgonetas, bicicletas o una simple carpa con mesas y sillas de cámping como la que se ha instalado en la zona comercial de Alexanderplatz. Este lunes Berlín ya tenía 1.296 puntos autorizados de análisis de coronavirus.

Cualquiera –un peluquero, el dependiente de una zapatería- puede ofrecer las pruebas ciudadanas gratuitas: en muchas regiones basta con un cursillo en línea sobre cómo tomar la muestra. No es necesario que lo haga personal sanitario. Y los controles son prácticamente inexistentes porque los centros no envían a ninguna parte el nombre ni de la identificación de la persona analizada. Con estos mimbres, enseguida ha aflorado la picaresca. Una investigación de tres medios alemanes (WDR, NDR y Süddeutsche Zeitung) desveló hace unos días que en Renania del Norte-Westfalia una empresa había estado facturando miles de pruebas que en realidad no había hecho. Los periodistas vigilaron durante un día varios puntos, como el autobús de MediCan situado en un barrio de Colonia. Allí contaron 80 personas haciéndose la prueba, pero ese día la empresa reportó 977 test realizados. Comprobaron el mismo modus operandi en varios centros más. La Fiscalía de Bochum investiga la presunta estafa. Los medios regionales han informado de investigaciones similares en Baviera, Schleswig-Holstein y Sajonia-Anhalt.

Una zapatería en una calle comercial de Berlín exhibe un cartel en el que permite la entrada a las personas inmunizadas contra la covid.
Una zapatería en una calle comercial de Berlín exhibe un cartel en el que permite la entrada a las personas inmunizadas contra la covid.Elena G. Sevillano

Las críticas al ministro de Sanidad, Jens Spahn, se han multiplicado estos días. “Como cliente, el Gobierno federal está obligado a garantizar un control adecuado de las pruebas”, dijo el gerente de la Asociación de Ciudades y Municipios, Gerd Landsberg. Spahn anunció el lunes que reforzará los controles después de mantener una reunión telemática con los responsables de Sanidad de los Estados federados. También aseguró que quiere rebajar el precio que paga el Estado por prueba a 10 euros o menos. El Gobierno asegura que la supervisión de los centros corresponde a las autoridades sanitarias locales, pero estas afirman estar desbordadas.

Además del fraude, que puede ser millonario –una fuente anónima le dijo a la televisión pública ARD que solo en mayo se facturarán entre 50 y 60 millones de pruebas, es decir, unos mil millones de euros- preocupa el modo en que se hacen los test. Hay locales sin ventilación y que no cumplen el requisito de tener una vía de entrada y otra de salida, como ha comprobado este diario. También ocurre que el resultado del test llega al teléfono móvil del interesado antes de los 15 minutos en los que se supone que se produce la reacción en el cartucho de prueba. Hay centros que no envían nada al email. Simplemente entregan un papel, del que no queda ninguna constancia.

“Una estafa es una estafa”, dijo el lunes el portavoz de Angela Merkel, Steffen Seibert, que aseguró que se investigarán todos los casos sospechosos de haber cometido delitos. Algunos Estados federados han anunciado que intensificarán los controles aleatorios a estos centros y ya se conocen casos de cierres de locales tras las inspecciones. Las autoridades del distrito berlinés de Neukölln informaron el miércoles de la clausura de cinco de estos puntos de análisis por no cumplir las mínimas normas sanitarias o por no tomar correctamente la muestra. Según el diario local Berliner Zeitung, uno de estos puntos lo habían montado en un bar.

Alemania ya tiene prácticamente bajo control la tercera ola del coronavirus. La incidencia acumulada a siete días es de 34,1 casos por 100.000 habitantes y Estados como Berlín van a dar un paso más en la relajación de las restricciones. A partir de este viernes, en la capital ya no será necesario el test negativo para sentarse en las terrazas o entrar a las tiendas. También abrirá el interior de bares y restaurantes por primera vez desde noviembre, pero en ese caso sí seguirá siendo necesario presentar un test o la prueba de estar vacunado o haber pasado la enfermedad. También se flexibilizan las normas de contactos sociales al permitir que se junten en interiores hasta seis personas de tres hogares distintos.


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