La crisis del coronavirus

La segunda semana de vacunación mantiene las grandes diferencias entre comunidades

Asturias y Galicia han usado más del 60% de las dosis recibidas; Cantabria y Madrid, menos del 20%

Vacunación del personal y los usuarios de una residencia de Polinyà (Barcelona), el jueves.
Vacunación del personal y los usuarios de una residencia de Polinyà (Barcelona), el jueves.MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS

La segunda semana de vacunación en España con el medicamento de Pfizer/BioNTech —el único distribuido hasta ahora— arroja, con datos del viernes (el Ministerio de Sanidad no los facilita en fin de semana), que se mantienen, aunque algo aminoradas, las grandes diferencias entre comunidades. Así, mientras Asturias, Galicia y Ceuta y Melilla (las dos ciudades autónomas están sanitariamente dirigidas por el Ministerio de Sanidad a través del Ingesa) han aplicado ya más del 60% de las dosis recibidas, Cantabria (el 19%) y Madrid (el 11%) están por debajo del 20%. Todo ello a falta de lo que hagan el fin de semana. Hay que recordar que la vacuna consta de dos dosis, separadas por entre tres y seis semanas, por lo que aún no se puede considerar que haya nadie completamente vacunado y, por lo tanto, protegido. Con el fármaco que se usa actualmente, la inmunidad se alcanza ocho días después de la segunda inyección.

Precisamente esta necesidad de disponer de producto para dos pinchazos por persona es uno de los motivos que ha hecho que en los primeros días el porcentaje de uso de los viales enviados los lunes por el Ministerio de Sanidad a las comunidades haya sido bajo, según señalan múltiples responsables autonómicos, ya que ante la incertidumbre sobre la disponibilidad de más medicamento dentro de tres semanas para poner esa dosis de refuerzo, todos los territorios han optado por guardar vacunas. La mayoría ha guardado una por cada una puesta, aunque ha habido otras como Asturias que han reservado un porcentaje menor. De todas formas, esta cautela, como otras decisiones —por ejemplo, si trabajar en festivos o no— está en continua revisión. Aunque el ministro de Sanidad, Salvador Illa, insiste en que esto no es un esprint, sino una carrera de fondo, nadie quiere quedarse atrás, expuesto ante la opinión pública. Tampoco pueden permitírselo. A falta de que se aprueben vacunas más fáciles de manejar (de una sola dosis, que no necesiten conservación en frío extremo) y de que se empiece a vacunar la población que está fuera de las residencias y hospitales, el objetivo de llegar a un 70% de inmunización de Sanidad en verano es muy exigente. Exigiría vacunar a 30 millones de personas en seis o siete meses.

Relacionado con este objetivo, hay otra manera de medir el despliegue de la vacunación hasta el viernes: en estas dos primeras semanas se han puesto 178.000 dosis, lo que representa a un 0,6% de la población. Como se ve, si se siguiera a este ritmo harían falta 330 semanas (más de cinco años) para llegar al objetivo. Pero nadie duda de que el proceso irá acelerando hasta alcanzar la velocidad de crucero que debe superar el millón de personas vacunadas a la semana, sea con un solo pinchazo o con dos, dependiendo del fármaco que se usa. Esta manera de medir también refleja claramente la diferencia entre comunidades: Asturias ha puesto ya la primera dosis al 1,74% de la población; Madrid, al 0,2%.

De acuerdo con los datos de One World in Data, de los 24 países de los que hay información España ocupa el puesto 12º (siempre considerando que se habla del primer pinchazo, mientras que hay países que aparte de la vacuna de Pfizer o Moderna, que necesitan dos inyecciones, están ya usando la de Oxford, que protege con solo uno). Asturias estaría la séptima de esta clasificación, entre Dinamarca e Islandia; Madrid, la undécima, entre Argentina y Francia. La clasificación la lidera Israel con el 19,55%, aunque con críticas porque se ha priorizado inmunizar a la población judía y se ha relegado a la de origen palestino del país.

A los problemas inherentes a la vacuna se suma el temporal Filomena, que puede afectar a la llegada desde Bélgica y reparto entre las comunidades de las dosis de la semana que viene (se recepciona en un almacén en Guadalajara y desde ahí se distribuye). De momento la tempestad ha obligado a suspender la vacunación en dos pueblos de Tarragona y un cribado en Cantalejo (Segovia). El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, aseguró este sábado, no obstante, que este domingo, o a más tardar el lunes, se pondrán a funcionar convoyes guiados para que no falte el abastecimiento.

Los buenos datos de Asturias, Galicia y Canarias, comunidades con una amplia administración del fármaco, comparten una característica: una organización que ya estaba cerrada en la fecha de distribución de la vacuna, que fue el 27 de diciembre. El Principado, por ejemplo, ha sido la comunidad que, hasta ahora, mayor porcentaje de vacunas ha usado. En total, va por el 75%. Parte de este elevado número se basa en una decisión que otras comunidades no se atrevieron a tomar: no reservó tantos viales para la segunda ronda. Así, la primera semana dio un porcentaje de utilización del 81%. Pero también hizo algo que ahora comunidades como Madrid y Cataluña están aplicando: no limitarse a los ingresados y al personal en las residencias. También empezó a inmunizar a trabajadores de los centros de salud (el tercer grupo en las prioridades de la estrategia vacunal estatal junto con los hospitalarios).

Esta decisión es más sencilla: no implica trasladar un equipo con todo el material, es más joven (no hay jubilados) y está acostumbrado a estos procesos. Esto ha ayudado, como apuntan responsables de otras comunidades que no tomaron esa decisión, pero aun así hay que destacar que el Principado, con un millón de habitantes, es la comunidad más envejecida de España, y, además, tiene una importante parte de la población mayor con problemas respiratorios después de décadas de dedicación a la minería. Además, en Asturias se ha mantenido ininterrumpidamente la vacunación sin suspenderla en los festivos, señala Rafael Cofiño, director general de Salud Pública, y el trabajo previo de coordinación permitió que los viales salieran de los centros de distribución “con nombres y apellidos”, añade. Para facilitar la logística, se empezó por actuar en las residencias mayores.

El responsable del programa de vacunación de Canarias, Amós García Rojas, quien es también presidente de la Sociedad Española de Vacunología, destaca que “estar preparados antes de recibir las primeras dosis ha sido importantísimo”. Si eso se hubiera hecho en todas las comunidades, no habrían existido problemas como los que aducen algunos de sus colegas sobre el manejo de la medicación y la logística necesaria para aplicarla en las residencias. “Eso era igual para todos, e incluso peor para una comunidad como la nuestra, en la que ha habido que llevar vacunas a las siete islas”, argumenta. De hecho, el primer día, tras recibir los viales en las dos islas capitalinas (Gran Canaria y Tenerife), el Gobierno canario utilizó helicópteros para llevar parte a las islas más pequeñas. Posteriormente vio que era igual de efectivo hacerlo usando los vuelos regulares que las unen. Además, antes de ese día “ya había 150 profesionales formados, la mayoría enfermeras, pero también algún médico y algún técnico en cuidados de enfermería”, explica García Rojas. En esta primera tanda Canarias tiene previsto poner la primera dosis a 16.000 personas; ya van por más de la mitad (casi 10.000), y esperan acabar la semana que viene —la comunidad solo ha dado descanso al personal en Reyes, pero no lo hará ya ningún festivo— y empezar con los trabajadores de hospitales y centros de salud.

En el extremo opuesto, entre las comunidades que menos ha vacunado de momento, estuvo la primera semana Extremadura, con un 7% de utilización, solo por detrás de Cantabria y Madrid. “Empezamos muy prudentes”, admite el gerente del Servicio Extremeño de Salud (SES), Ceciliano Franco. El manejo, la logística, la organización de grupos, la vigilancia de posibles efectos secundarios y la necesidad de llevar un registro persona a persona les llevó a planificar una primera etapa lenta, con seis minutos por inyección, dice. Luego vieron que se podía ir más rápido, afirma. La comunidad recibe unas 11.000 dosis a la semana, y en la segunda (no inmuniza en fin de semana) ha subido su uso al 22%, con un 0,44% de la población que ha recibido ya el primer pinchazo. El inicio fue complicado. “Me pasé la noche del 28 al 29 de diciembre pendiente de un paquete que la empresa de mensajería que lo traía no había entregado”, dice Franco. “Dedicamos la primera semana a adquirir experiencia, y, por ejemplo, dejamos de vacunar a partir de las cinco de la tarde para que si había algún efecto adverso no nos pillara de noche. Hay que tener en cuenta que la comunidad es muy extensa y se puede tardar en llegar a un hospital”, afirma Franco.

Con la experiencia de estos días, la comunidad “ha reprogramado”, afirma el responsable. Se va a reducir el tamaño de la reserva, que si antes era del 50% de las dosis ahora se va a dejar en 3.500 unidades (alrededor del 15% de las recibidas hasta ahora). Además, Extremadura tiene un problema inminente: es la que tiene una mayor tasa de incidencia de casos (el viernes estaba en 799), lo que va a “crear interferencias”. Primero, requiere dedicar más personal a atender a los afectados (la comunidad preparó un equipo de 120 voluntarios para la vacunación); segundo, porque puede pasar que al desplazarse a una residencia se encuentren con un caso positivo o sospechoso, lo que paralizaría la inmunización, ya que la vacuna no está indicada para personas con la infección.

Otra comunidad que ha empezado despacio es Cantabria, aunque ha hecho un esfuerzo, y si la primera semana puso un 5% de las dosis recibidas, ya en la segunda ha llegado al 20% y no es la que menos ha administrado, y está ya por delante de Madrid. La consejería ha remitido a las intervenciones del consejero de Sanidad, Miguel Rodríguez, en otros medios. Aparte de las quejas por la complicación de esta vacuna, Rodríguez apunta un factor: cuando se llega a una residencia, antes de vacunar hay que pedir el consentimiento a los afectados. Este, en una intervención de poco riesgo como es esta, basta que sea oral. Pero si hay una persona que no tiene sus facultades para decidir o que pide que se consulte a la familia, la aprobación tiene que ser por escrito, lo que retrasa el proceso. Las estimaciones del Gobierno cántabro son que en la semana del 25 de enero todas las residencias y todos los “profesionales sanitarios de primera línea” habrán recibido la inyección. Rodríguez ha admitido que “el inicio ha sido lento” y lo ha supeditado al “principio de precaución” ante una estrategia difícil que ha comenzado en la población más vulnerable. El consejero confía en haber tomado “velocidad y ritmo” para aventurar cifras positivas a finales del mes.

La mejoría de Cantabria ha dejado a Madrid como la comunidad con peores indicadores de momento. La primera semana de vacunación puso el 6,3% de las dosis recibidas; y hasta la fecha —la Comunidad ha empezado a trabajar también los festivos— va por un empleo del 14,3% de las dosis, con solo un 0,2% de la población que ha iniciado ya el proceso de vacunación. El Gobierno de Díaz Ayuso, sin embargo, está reforzando su dispositivo de vacunadores covid-19, informa Fernando Peinado. Los centros de primaria recibieron el jueves un correo pidiendo enfermeras voluntarias para participar en el proceso. La idea es que cada centro de salud (Madrid tiene 262) tenga a una responsable de formación que deberá recibir un curso online de tres horas. La Consejería de Sanidad no ha dado información sobre el número de vacunadores al que aspira a llegar. Inició la campaña el 27 de diciembre con 46 parejas de enfermeras (30 del sector privado) que iban a inyectar dosis de lunes a viernes. A ese contingente se iban a sumar esta semana otras 22 parejas. Pero el martes, después de las críticas por los bajos números de Madrid, la presidenta anunció que se vacunará a diario. Los primeros días no tenían las jeringas adecuadas y el martes de la semana pasada no vacunaron por un problema en los envíos de Pfizer. La Comunidad de Madrid recibe cada lunes 48.750 dosis y a lo largo de los próximos meses se acumularán un total de 585.000 dosis que servirán para inmunizar a casi 300.000 madrileños solamente en esta primera fase.

Otra comunidad con peso poblacional que ha cambiado los planes sobre la marcha para mejorar su eficacia es Cataluña, donde la campaña de vacunación empezó con mucho retraso, provocado por déficits organizativos y problemas logísticos. La primera semana administró el 14% de las dosis recibidas (la tercera con menor proporción, tras Cantabria y Madrid), pero el viernes ya iba por el 39%, con el 0,5% de su población que ya ha recibido la primera toma. Cataluña sufrió, como las demás comunidades, el problema logístico de Pfizer en Bélgica que obligó a retrasar un día la llegada de las primeras dosis, informa Josep Catà. Pero una vez se recibieron las vacunas, faltaron neveras para transportarlas, ya que se habían quedado en el Reino Unido atascadas por las colas en la frontera antes del Brexit.

Además, el Govern todavía no tenía listos los equipos de enfermeras para vacunar: pese a contar con 6.000 profesionales inscritas para realizar estas tareas como un extra a su empleo habitual, el Govern solo consiguió, en la primera semana, cuadrar los turnos para tener activas 200, cuando según sus previsiones necesita 500 repartidas en los 26 puntos de vacunación que hay en el territorio. Los problemas hicieron que, por ejemplo, los días 1 y 3 de enero se vacunara solo a dos y 14 personas respectivamente. En esta segunda semana, los equipos de enfermeras ya están conformados. El objetivo del Govern, que recibe 60.000 dosis de Pfizer a la semana (se inocula primero solo la mitad, y las otras 30.000 se guardan para poner la segunda dosis necesaria al cabo de 21 días) es conseguir un ritmo de crucero de unas 4.300 vacunas cada día. El Govern pretende que en abril estén inmunizadas 748.000 personas, entre usuarios y trabajadores de residencias, y el personal sanitario. Hasta ahora, solo el 5,7% de las personas a las que han ofrecido la vacuna la han rechazado.


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