La crisis del coronavirus

Rusia pone en órbita mundial su vacuna Sputnik V contra el coronavirus

Moscú trabaja para extender su fármaco estrella a América Latina. Kirill Dmitriev, jefe del fondo soberano que financia la investigación, asegura que sus competidores quieren “socavar” la inmunización

Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) en el foro Rusia- Arabia Saudí en octubre de 2019.
Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) en el foro Rusia- Arabia Saudí en octubre de 2019.Stanislav Krasilnikov (Reuters)

Rusia aspira a vacunar antes de final de año a más de dos millones de sus ciudadanos con la Sputnik V contra el coronavirus. Y subiendo. El país euroasiático ha depositado enormes esperanzas en el fármaco, un pilar principal de la respuesta nacional a la pandemia, pero con el que también espera devolver la ciencia rusa a la primera línea. Y eso incluye vender su vacuna principal a decenas de países, lo que se traduce en un gran esfuerzo de influencia geopolítica. La Sputnik V compite con China y grandes laboratorios occidentales, pero también con el recelo y la crítica de ciudadanos y expertos por la rapidez de sus ensayos y falta de transparencia. Para Kirill Dmitriev, director del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF), esas dudas hacia la inyección no son más que “desconocimiento”, prejuicios y “desinformación” sembrada por los competidores.

“Hay un esfuerzo de los competidores para tratar de socavar la vacuna rusa, aunque no solo no está funcionando, sino que la está haciendo más famosa”, remarca Dmitriev, que a sus 45 años, educado en Harvard y Stanford, lidera el poderoso fondo de riqueza soberana de Rusia, que cuenta con un capital reservado de unos 10.000 millones de dólares procedentes de ahorros en los años buenos del petróleo. Es la entidad que financia la vacuna y lidera la negociación internacional de acuerdos. “Aplican un doble rasero por competencia geopolítica contra Rusia”, asevera el directivo en una entrevista por Zoom, en la que insiste en que los desarrolladores internacionales del fármaco deberían cooperar. La británica AstraZeneca ya ha recogido el guante de la propuesta que hizo Rusia en noviembre y ha anunciado una investigación para probar la combinación de su fármaco con la principal vacuna rusa, basada en adenovirus del resfriado común y con dos vectores de vacunación.

La Sputnik V, desarrollada por el Instituto Gamaleya (público), fue la primera vacuna en registrarse en el mundo. Su nombre, que hace referencia al primer satélite en lanzarse al espacio y con el que la URSS adelantó a Estados Unidos en la carrera espacial, y el anuncio del presidente ruso, Vladímir Putin, ya dan la idea de la importancia para Moscú de encabezar la carrera en la inscripción, los ensayos y en el inicio de la vacunación para superar a Occidente.

Rusia, que empezó la campaña de vacunación generalizada este lunes, ha desplegado además su maquinaria para dar a conocer la Sputnik V en todo el mundo. El RDIF, que no divulga cuánto ha invertido en el desarrollo de la vacuna aunque asegura que “menos” que los otros, afirma que ha recibido peticiones de más de 50 países por 1,2 millones de dosis, aún pendientes de recibir la aprobación de sus respectivos organismos reguladores. Con un especial enfoque hacia América Latina, donde Rusia cultiva cada vez más intereses.

La vacuna principal rusa ha puesto una importante pica en la región. “Seré el primero en ponerme la vacuna [Sputnik V], lo haré antes que nadie para que nadie le tenga miedo”, ha dicho este jueves el presidente argentino, Alberto Fernández. Le precedieron en ese gesto el mexicano Andrés Manuel López Obrador y el venezolano Nicolás Maduro.

Millones de vacunas para América

Rusia ha llegado a un acuerdo para suministrar a México 31 millones de dosis de la Sputnik V. Con el Gobierno de Argentina para enviar 10 millones antes de final de año y la opción de otros cinco a principios del año que viene. También con el Estado brasileño de Bahía para 50 millones de vacunas, según las cifras del fondo soberano ruso. Los lotes empezarán a entregarse en enero y se espera que cumplan con todos los encargos en marzo, dice Dmitriev.

El RDIF también tiene pactos por un número aún por determinar con Venezuela y el Estado brasileño de Paraná; además de la previsión de suministrar la principal vacuna rusa a India (200 millones de dosis), Corea del Sur (150 millones de dosis al año) o Egipto (25 millones de dosis). Rusia, que tiene muy buenas relaciones con el Gobierno del húngaro ultraconservador Víktor Orban —que se ha mostrado en contra de las sanciones al país euroasiático por anexionarse Crimea—, también ha acordado suministrar el fármaco a su aliado de Europa del Este. El pacto supone una entrada simbólica de la Sputnik V en la UE. Una pequeña victoria para Moscú.

Proceso de preproducción de la vacuna Sputnik V (en Rusia llamada Gam-COVID-Vac), en un centro de San Petersburgo el 4 de diciembre.
Proceso de preproducción de la vacuna Sputnik V (en Rusia llamada Gam-COVID-Vac), en un centro de San Petersburgo el 4 de diciembre. ANATOLY MALTSEV / EFE

El mapa de exportación de la Sputnik da una idea de las relaciones diplomáticas de Rusia y su postura en el tablero geopolítico mundial. Aunque Dmitriev sostiene que para Moscú esto no se trata de política. “En realidad es una historia muy sencilla. Estamos trabajando muy duro para salvar a nuestra gente, a la gente en toda América Latina y en todo el mundo”, defiende.

La Sputnik V, la primera vacuna en recibir aprobación para uso de emergencia y que está por concluir la última fase de sus ensayos clínicos, es a menudo comparada en la televisión estatal rusa con el famoso rifle de asalto Kaláshnikov, “simple, pero fiable”, han dicho. La Sputnik V tiene una eficacia del 92%, según los datos preliminares divulgados por el Instituto Gamaleya. Aunque Rusia todavía no ha publicado su investigación. Dmitriev asegura que lo harán pronto, como el resto de las vacunas en primera línea. Esperan enviar sus datos para la revisión de revistas científicas de primer nivel “este mes”.

Dmitriev, en octubre de 2019 en Riad (Arabia Saudí).
Dmitriev, en octubre de 2019 en Riad (Arabia Saudí).Stanislav Krasilnikov / Reuters

Por falta de transparencia, desconfianza hacia las autoridades o cansancio, lo cierto es que un 54% de la población rusa no se la pondría aunque sea gratuita, según una encuesta de finales de septiembre del centro independiente ruso Levada. Aunque sondeos en otros lugares muestran que ciudadanos de otros países tampoco están demasiado convencidos con otras inmunizaciones contra el coronavirus. En verano, altos funcionarios rusos se pusieron la vacuna, también una de las hijas del presidente Vladímir Putin. Dmitriev asegura que también han suministrado el fármaco a “varios embajadores de países de la UE en Rusia” y que una delegación de Francia y un productor de Alemania han mostrado gran interés en la Sputnik V. La vacuna, sin embargo, ha chocado con el reto de la producción, para la que también han alcanzado acuerdos con distintos países.

“Algunos tratan de convertir esto en un tema político, pero al final se trata de eficacia, seguridad, logística y precio. Y la vacuna rusa es segura; su precio es de menos de 10 dólares por cada una de las dos dosis, tres veces más barata que la de Pfizer y Moderna; y puede estar liofilizada, lo que ofrece una gran ventaja y atractivo logístico para muchos países, también en América, porque elimina la necesidad de transporte a temperaturas ultrabajas”, asegura el directivo. Tampoco puede olvidarse el factor de la oferta y la demanda y la fuerza diplomática y económica de los Estados para pujar por los preciados y limitados fármacos en un mercado global. La UE, por ejemplo, puja por una compra conjunta y proporcional.

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