medio ambiente

20 años de vertidos y hedores junto a un parque natural

Pescadores y vecinos de Ribeira (A Coruña) alertan de la creciente contaminación que amenaza las dunas de Corrubedo, donde operan industrias que vierten en aguas protegidas

Una de las naves del polígono industrial de Couso, ubicado junto al parque natural de Corrubedo, en Ribeira (A Coruña).
Una de las naves del polígono industrial de Couso, ubicado junto al parque natural de Corrubedo, en Ribeira (A Coruña).OSCAR CORRAL / EL PAÍS

Los fines de semana, especialmente cuando cae la noche, una peste a “pescado podrido” se extiende por la aldea de Couso y alrededores, ubicada al sur del parque natural de Corrubedo, uno de los parajes con más valor ambiental de Galicia. Vecinos de este lugar del Ayuntamiento de Ribeira (A Coruña) aseguran que sus narices y estómagos llevan 20 años soportando el hedor, un castigo corroborado por los pescadores y mariscadores que se ganan la vida en las sensibles aguas del enclave. Desde el mar, estos añaden otro motivo de preocupación. “Vemos vertidos a horas raras: en fin de semana, por la noche o cuando el tiempo es favorable para que el viento y las corrientes se lo lleven mar adentro”, apunta José Antonio Santamaría, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Aguiño y Carreira.

Santamaría reconoce que el problema de vertidos y hedores en este vergel pesquero y marisquero, sustento de cientos de familias marineras, se arrastra en Corrubedo desde hace dos décadas, pero ahora sus temores se han disparado: “El producto está bien, pero queremos que siga así y esto no tiene buena pinta”.

Las sospechas de vecinos y trabajadores del mar se dirigen al minipolígono empresarial ubicado junto al complejo natural de Corrubedo. Está integrado por una estación depuradora y cinco empresas vinculadas al sector de la conserva y la acuicultura, algunas autorizadas incluso después de que Corrubedo fuera declarado parque natural en 1992. Este frágil paraje, situado entre la ría de Arousa y la de Muros-Noia, acoge la mayor duna móvil del noroeste peninsular y es Lugar de Interés Comunitario (LIC), Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Humedal de Importancia Internacional Ramsar. A solo cuatro kilómetros de Couso está la isla de Sálvora, parte del Parque Nacional das Illas Atlánticas.

Una de las factorías que se levantó pegada a la frontera del parque natural es Conresa, una fábrica de harinas y aceites de pescado que trata restos de animales procedentes de conserveras y lonjas y que pertenece al grupo Jealsa, principal empresa de la comarca. Se trasladó desde el centro urbano de Ribeira en 2001 porque la peste que emitía “molestaba mucho”, cuenta el alcalde, Manuel Ruiz Rivas (PP). La parcela que ocupaba se recalificó para levantar viviendas y la nave se reubicó junto a Corrubedo con todas las bendiciones del Ayuntamiento y la Xunta, ambas en manos del PP. El fundador de Jealsa, Jesús Alonso, era entonces regidor popular en el vecino municipio de Boiro.

El alcalde de Ribeira, concejal cuando se tramitó aquel traslado, señala que Conresa le ha prometido “mejorar las instalaciones” tras las quejas vecinales. La empresa confirma que implantará “un sistema de última generación que elimina las partículas” que causan los olores, primera parte de una inversión total de más de dos millones de euros para “reducir el impacto medioambiental” en el entorno de la planta.

Sobre los vertidos, el regidor no se atreve a apuntar de dónde pueden proceder y pide a los pescadores muestras y fotografías para averiguar el origen. En los últimos 11 años, la Consellería de Medio Ambiente realizó 64 inspecciones a las cinco empresas de este polígono e interpuso siete sanciones. El último expediente se lo abrió el pasado 2 de octubre a Conresa, después de una visita a la planta realizada tras las denuncias de la cofradía. La propuesta de sanción es de 5.000 euros y la compañía ha presentado alegaciones. Sus responsables mantienen que la fábrica cumple con los “parámetros medioambientales marcados por la legislación” —está incluida en el Registro Estatal de Emisiones y Fuentes Contaminantes— y con la Autorización Ambiental Integrada “al día”.

Según el permiso ambiental de Conresa, la factoría trata sus aguas residuales con una “depuradora de evapo-condensación” y luego las vierte a través de un emisario de poco más de 200 metros. “Hay muchos otros posibles focos de vertidos y malos olores en la zona”, se defiende la filial de Jealsa. Pese a las protestas de pescadores y vecinos, la Xunta decidió en 2011 construir en una parcela anexa a Conresa una estación depuradora de aguas residuales que vierte a través de un emisario también dentro de la zona protegida.

“Las del polígono de Couso son empresas muy potentes y es difícil que se vayan de ahí, pero exigimos que al menos cumplan con las máximas medidas”, reclama el patrón mayor de la cofradía. “Y tenemos constancia de que no lo hacen, porque con semejantes hedores apestosos deberían tener filtros desde que empezaron a funcionar. Y esas grasillas que se ven en el mar en momentos raros son muy sospechosas”. El BNG reclama al Gobierno de Alberto Núñez Feijóo (PP) que investigue los vertidos denunciados por los pescadores. El departamento autonómico de Medio Ambiente, preguntado al respecto por este periódico, no prevé ninguna medida especial en Corrubedo.

“Don Dinero puede con todo”

La creciente contaminación junto al parque natural la corrobora la asociación de productores de las afamadas almejas de Carril (Vilagarcía de Arousa), que hace casi una década se vio obligada a cerrar una planta de cría de semilla que había montado en la zona en 1999 aprovechando la excelente calidad de sus aguas. Los primeros años el criadero fue viento en popa pero después empezó a decaer y finalmente “se arruinó”. “Había empresas que no tenían autorización de vertidos y funcionaban con impunidad”, señala su portavoz, José Luis Villanueva.

El alcalde de Ribeira sostiene que las industrias ubicadas en Corrubedo son “blandas, alimentarias, no producen químicos”. “¿Si es el mejor sitio? A día de hoy, digo que no”, admite Ruiz Rivas, aunque inmediatamente después añade que “es un tipo de industria que con todos los controles ambientales no está mal ubicada” y descarta su traslado “por el alto coste”. El plan urbanístico de Ribeira prevé que el polígono se amplíe hasta casi un millón de metros cuadrados, pero el regidor asegura que no se ejecutará.

Rosa García Pose era concejala del PSOE en Ribeira cuando hace 20 años el Ayuntamiento otorgó licencias a industrias junto al parque natural al mismo tiempo que se tramitaba su inclusión en la Red Natura. Dice que elevó el asunto a la Bruselas pero no consiguió pararlo. “Aquí la mayor fuente de ingresos es el marisqueo y la pesca. Cuando se montaron esas empresas en el perímetro de protección del parque natural nos prometieron que tendrían depuradora, filtros… pero estoy convencida de que nunca funcionaron así”, afirma. “Esto no tendría que haberse consentido, pero don Dinero puede con todo”, concluye Juan Reiriz, vecino de la zona.

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