Los umbrales de España para el confinamiento, muy por detrás de los estándares internacionales

Los epidemiólogos alertan de que las medidas acordadas por Sanidad y Madrid llegan tarde y de que los límites para tomarlas son demasiado generosos

Colas para realizarse test de antígenos en el madrileño barrio de Vallecas.
Colas para realizarse test de antígenos en el madrileño barrio de Vallecas.KIKE PARA (EL PAÍS)

Si Madrid fuera una vivienda y el coronavirus el fuego, la comunidad estaría en llamas. En este símil de Javier del Águila, especialista en medicina preventiva y salud pública, los umbrales que se están acordando son “como discutir si se actúa cuando el incendio ha llegado a los cimientos o un poco antes”. “Ya es tarde”, opina.

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Spain’s criteria for adopting Covid-19 restrictions fall far below global standards

Los límites que el Ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid han acordado para tomar medidas restrictivas —500 casos por 100.000 habitantes en 14 días, un 10% de positividad en las pruebas y ocupación de las UCI por encima del 35% por enfermos de covid— están muy por encima de cualquier estándar internacional. Todos instan a actuar de forma contundente mucho antes.

El Instituto de Salud Global de la Universidad de Harvard sitúa en 350 contagios por 100.000 habitantes el límite para un confinamiento domiciliario severo, algo que ni siquiera se contempla todavía en Madrid con más del doble de incidencia. Alemania ha acordado tomar medidas con 100 casos, el mismo número con el que Bélgica activa el nivel cuatro de restricciones, el más alto. En el Reino Unido se fijan en la R (el número de personas a las que contagia, de promedio, un positivo), pero está estableciendo confinamientos con 225 casos, como ha sucedido en la ciudad de Bolton. En Francia las medidas más duras se establecen a partir de los 150, pero reducen el umbral a 50 entre la población de más de 65 años.

Todos los expertos consultados coinciden, sin embargo, en que fijarse solamente en la incidencia es insuficiente. En este sentido, esos tres factores acordados entre Madrid y el Gobierno —que tendrán que ratificarse en la tarde de este miércoles en el Consejo Interterritorial de Sanidad— son más completos.

Pero, de nuevo, los umbrales complementarios son altos para los estándares internacionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cuando más del 5% de las personas a las que se hace PCR dan positivo es un signo de transmisión comunitaria. El límite en España para establecer medidas será del 10%, la media nacional es del 11,2%, según el último informe del Ministerio de Sanidad, mientras en Madrid alcanza el 20,1%.

En opinión de Daniel López Acuña, exdirector de emergencias de la OMS, establecer umbrales es una buena noticia. Él, junto a otros colegas, lo venía reclamando desde abril. Pero tres son insuficientes. Propone incluir el número de pruebas PCR realizadas y la capacidad asistencial de la atención primaria, algo que no se tendrá en cuenta para endurecer las medidas. A estas, Del Águila añade la capacidad de rastreo.

Con todas estas variables, López Acuña propone un indicador tipo semáforo. “Puede ser que la luz roja esté en lo que se acaba de definir, a lo que yo propondría medidas similares a la fase 1 de la desescalada”, explica. Estas son más estrictas en muchos aspectos de lo que se discute ahora. En este estadio se podía ir a terrazas, pero no a locales cerrados de hostelería, por ejemplo. Pero antes de este paso, Acuña también añadiría una luz ámbar, con unos 300 casos por 100.000 habitantes que tuvieran tendencias de incremento de positividad y presión asistencial, que podrían establecer restricciones similares a la fase 2. “Con esta solución nos habríamos ahorrado muchos problemas”, sentencia este experto en salud pública.

El problema, coinciden una decena de especialistas a los que este periódico ha consultado en los últimos días, es que ya es tarde para Madrid. La comunidad ha establecido esta semana nuevos protocolos para hacer pruebas PCR solo al entorno más cercano de los positivos y a las personas vulnerables. “Esto es reconocer que la epidemia está fuera de control y que se ha fracasado. Y ha sucedido porque lo han permitido”, señala Del Águila.

Aunque no hay una medida científicamente indiscutible a partir de la cual actuar con confinamientos más o menos estrictos, el problema de sobrepasar cifras como la de 500 por 100.000 habitantes es que rebasa por mucho los umbrales a partir de los cuales es posible mantener controlado el virus. “Desde luego, parece que el completar los estudios de contactos de forma efectiva cuando esa cantidad parece una tarea muy difícil de asegurar dado el número de cadenas y contactos que se hallarían y sobre los que hay que actuar”, opina Alberto García Basteiro, experto en salud pública del instituto de salud ISGlobal.

Por este motivo, en el acuerdo entre Sanidad y Madrid, cuyos detalles ha adelantado EL PAÍS, ha hecho una excepción: aunque algún municipio supere estos umbrales, no tendrá que tomar medidas restrictivas si los rastreadores tienen controlado el 90% de los contagios, algo que está muy lejos de suceder en las zonas más afectadas.

Una de las grandes cuestiones que se abren ahora, si es cierto que estas medidas llegan tarde, es: ¿serán suficientes? Las cifras se irán revisando cada semana para ir modulando las restricciones, pero son muchos los expertos que han alzado la voz reclamando algunas más duras y, sobre todo, distintas. Lo resume Del Águila: “Vamos tarde para tomar medidas suaves, del tipo 50% de ocupación en hostelería. Estás permitiendo comer en un interior, que es donde más riesgo hay, y prohíbes los parques infantiles, que son mucho más seguros. Quizás tenía sentido hace un mes, cuando se podía controlar, pero ahora mismo estamos en una situación en la que hay que pedir u obligar a la gente a que se quede en casa”.

Con información de Rafa de Miguel, Lluís Pellicer, Ana Carbajosa y Silvia Ayuso.

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Sobre la firma

Pablo Linde

Escribe en EL PAÍS desde 2007 y está especializado en temas sanitarios y de salud. Ha cubierto la pandemia del coronavirus, escrito dos libros y ganado algunos premios en su área. Antes se dedicó varios años al periodismo local en Andalucía.

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