Las muertes durante la pandemia multiplican la cifra confirmada por covid en el Caribe colombiano

Estudios oficiales indican 5.000 decesos de más respecto a la media de años anteriores en la región que contiene a Barranquilla y Cartagena de Indias, epicentro de la epidemia en mayo y junio

Un grupo de mujeres camina en una playa de Cartagena, luego de que se permitiera el acceso en julio pasado.
Un grupo de mujeres camina en una playa de Cartagena, luego de que se permitiera el acceso en julio pasado.RICARDO MALDONADO ROZO ((EPA) EFE)

El barrio de Getsemaní, una opción turística algo más auténtica a pocas cuadras de la glamorosa ciudad amurallada de Cartagena de Indias, arrancó este 2020 bien posicionado en los listados de los lugares más apetecibles para visitar en el mundo. Un poco más al norte, la pujante Barranquilla se preparaba para recibir en marzo la esperada reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pero esos buenos augurios naufragaron en medio de la emergencia sanitaria. Tanto la joya turística de arquitectura colonial como la mayor urbe del Caribe colombiano han sentido con crudeza los embates del coronavirus en una región que se ha visto desbordada por los contagios. Los datos de exceso de mortalidad de los últimos meses, estudiados por EL PAÍS, reflejan que las muertes durante la pandemia multiplican la cifra confirmada por covid en los departamentos caribeños.

El análisis de exceso de mortalidad se ha convertido en una herramienta clave para evaluar el impacto de la epidemia en todo el mundo. Colombia no es una excepción: el pasado 6 de agosto, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) publicaba sus estimaciones de número de muertes en el primer semestre de 2020, comparándolas región a región con la media para la misma época de los cinco años anteriores. Este ejercicio permite discernir dónde y hasta qué punto ha impactado la epidemia sin depender de los sistemas de detección epidemiológica, que se centran en la confirmación mediante prueba diagnóstica que detecte la infección. En cualquier epidemia, y particularmente en una de este volumen, quedan casos por detectar. También tiene impacto indirecto en otras vertientes de la salud (por ejemplo, saturando servicios o retrasando tratamientos). Es así como la métrica comparativa se vuelve un complemento esencial para calibrar su impacto.

Cinco departamentos en Colombia concentran la mayor parte del exceso estimado por el DANE hasta el 27 de junio: Atlántico (capital: Barranquilla) y Bolívar (capital: Cartagena de Indias) aglutinan más de 4.000 muertes por causa natural de las que serían previsibles para este periodo. En el siguiente grupo están Bogotá, Magdalena (capital: Santa Marta) y, en la costa pacífica, Valle del Cauca (que contiene a Cali): en torno a 400 cada una. Pero la concentración del impacto en el Caribe es evidente en el mapa, sumando alrededor de 5.000 en todos sus departamentos administrativos.

Si ponemos el foco en los tres grandes departamentos del Caribe, el Atlántico resulta en el mayor exceso diferenciado, con un crecimiento que comenzó a notarse a principios de mayo y que a finales de junio todavía andaba buscando su cima.

El patrón en Bolívar, determinado sobre todo por la dinámica en Cartagena de Indias y su área metropolitana (que concentran la mayor parte de la población en una densidad muy considerable, fuera de las áreas turísticas), es similar en su momento de inicio pero menos empinado en su proceso, aunque sí dibuja una meseta sostenida de exceso de muertes que correlaciona con la forma observada por casos confirmados de la epidemia en la ciudad.

En Colombia, el Gobierno de Iván Duque decretó a finales de marzo una cuarentena nacional. Para mayo, cuando el país se alistaba a pasar a una nueva fase que relajaba el llamado aislamiento preventivo obligatorio, el Caribe ya concentraba tres de los lugares que más preocupaban a las autoridades: Cartagena, Barranquilla y Soledad –que hace parte de la misma área metropolitana—. A ellas se suma Santa Marta como la otra gran urbe de la costa norte, y en conjunto reúnen más de 3 millones de habitantes.

Barranquilla, con una capacidad hospitalaria más robusta, y Cartagena, famosa por una red deficiente, se han alternado los focos. Las explicaciones son variadas, y no se agotan en la indisciplina social. En ambos casos, hay encuestas del Centro Nacional de Consultoría que sugieren una baja percepción del riesgo. En marzo, cuando apenas comenzaba el confinamiento, más de la mitad de barranquilleros y cartageneros consideraban que la peor parte había pasado. El distanciamiento social en buena medida no se cumplió, las administraciones locales fueron tímidas en aplicar acciones propias, complementarias de las señaladas por el Ministerio de Salud, y las multas fueron un mecanismo insuficiente.

En el frente social, los altísimos niveles de informalidad –especialmente en Soledad y Cartagena, donde una cuarta parte de sus habitantes vive en la pobreza– dificultan cumplir con las medidas de confinamiento. El llamado mototaxismo –viajes como segundo pasajero de una motocicleta– es muy popular y ha sido identificado como un espacio peligroso de transmisión. “Hay factores culturales que desafortunadamente no ayudan, también el propio hacinamiento en que viven muchas personas en espacios muy reducidos”, explicó en mayo a este periódico el ministro de Salud, Fernando Ruiz. La costa norte también es reconocida por sus altos niveles de desconfianza frente a las instituciones, así como ser propensa a las cadenas de noticias falsas con todo tipo de teorías conspirativas, que alarman a las autoridades sanitarias y dificultan su trabajo.

En Cartagena, el virus circuló en la principal plaza de mercado, Bazurto, y tuvieron que intervenirla, así como cerrar seis barriadas populares de la ciudad. En Barranquilla, debieron suspender varios días Transmetro, el sistema de transporte masivo, y hacer cercos sanitarios por 14 días a lo largo de junio y julio, entre otras. En ambos casos, la ocupación de Unidades de Cuidados Intensivos está hoy a la baja, y parecen haber superado el momento más crítico. Pero la factura, según insinúan los datos, ha sido más alta de lo que se sospechaba. Al extender la mirada al resto del Caribe, Montería, la capital de Córdoba, ha tenido ingresos tardíos a UCI que han derivado en altas tasas de mortalidad, y a las autoridades les preocupa en especial el empobrecido y desértico departamento de La Guajira, en el extremo norte del país, por su porosa frontera con Venezuela que dificulta cualquier control epidemiológico.

Rezagos y ajustes

No podemos todavía afirmar de manera contundente cuál ha sido ese coste de más: el rasgo definitorio de los datos de cualquier epidemia es que son provisionales hasta que ésta se agote. Pero las fotos fijas que vamos sacando desde diferentes ángulos del fenómeno nos ayudan a hacernos una idea de en qué va el país.

Así, cuando comparamos los excesos de muertes por causa natural en el primer semestre con los casos que, en teoría, se han detectado hasta ahora por medio de prueba diagnóstica de covid en cada departamento, las diferencias en la región Caribe llaman nuevamente la atención. Mientras Valle del Cauca o Bogotá contaron muertes por covid por encima del exceso estimado, la comparación es la contraria en Atlántico, Bolívar y Magdalena, pero también en Cesar, Córdoba o La Guajira.


Es gracias a que el Ministerio de Salud y el DANE ofrecen estadísticas diferenciadas y actualizadas que podemos realizar este ejercicio, que no habla de disparidades permanentes de criterio sino que de hecho ofrece una ventana en la manera en que se cuentan los efectos de una epidemia. Los datos del DANE no distinguen si esas 2.650 muertes de más sobre las esperadas en Atlántico son por covid o por otra enfermedad, por ejemplo. De igual forma, las 1.527 muertes confirmadas por prueba diagnóstica en esa misma región no incluyen a todos los casos sobre los que tal prueba se realizó tarde o no se pudo practicar. Los rezagos son fundamentales para entender discrepancias. Es por ello que el DANE ofrece también un valor de “sospechosos” (que va hasta el 19 de julio en este caso) en su informe. “Los sospechosos no son necesariamente atribuidos a covid”, explica la epidemióloga Silvana Zapata Bedoya. Para estos y otros casos, comités designados deberán “confirmar la causa, y esto toma tiempo”. De ahí los rezagos.

En cualquier caso, es claro en los datos que estas diferencias no están igualmente distribuidas a lo largo del territorio colombiano. La pregunta es en qué medida ello se debe simplemente a que la epidemia estaba en su punto álgido en esos meses, precisamente en las urbes caribeñas, haciendo más lento el conteo de muertes por saturación de los instrumentos, y hasta qué punto existen causas diferenciadas que explican dicha saturación, algunas de ellas paralelas a las que convirtieron la costa en epicentro.

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