La crisis del coronavirus

Pasó casi un mes en la UCI con 38 años: “El mayor logro de mi vida ha sido sobrevivir a la covid”

El investigador gallego Carlos Pérez Collazo echa en falta “mayor crudeza” en autoridades y medios para concienciar sobre el daño del virus

Carlos Pérez Collazo, ya recuperado de su duro paso por la UCI.
Carlos Pérez Collazo, ya recuperado de su duro paso por la UCI.Brais Lorenzo / EL PAÍS

Neumonía, encefalitis, dos ataques epilépticos, alucinaciones, 30 kilos menos, cero masa muscular y una familia angustiada durante sus 48 días de hospitalización, casi un mes de ellos en la UCI. Eso fue lo que le dejó al ingeniero de minas Carlos Pérez Collazo el demoledor paso del coronavirus por su cuerpo. Con 38 años, edad media de los hombres que se infectan actualmente en España, se contagió en el ascensor de su edificio, en la localidad de Moaña (Pontevedra), en una de las comunidades menos azotadas por la pandemia.

Tres meses después de la PCR negativa que oficializó que se había liberado de la covid, este investigador de la Universidad de Vigo ha hecho suyas las palabras que le dijo su neuróloga en una revisión: “Lo que he pasado es el mayor logro de mi vida, más allá de la carrera, los dos másteres y el doctorado”. Ahora está escribiendo lo que vivió y no descarta publicar un libro.

Pérez Collazo empezó a sentir síntomas el 17 de marzo, justo después de declararse el estado de alarma. Llamó al teléfono del servicio gallego de salud habilitado para combatir la pandemia y no le hicieron “mucho caso”. Tres días después de empezar con fiebre, su médico de cabecera le aconsejó que fuera a Urgencias si se encontraba muy mal. Así lo hizo el día 21, solo y por su propio pie. “No me encontraba tan mal como realmente estaba”, avanza. Apenas 48 horas después iba de camino a la UCI, sedado y boca abajo. Su nivel de saturación de oxígeno en sangre era del 80% cuando lo recomendable es entre el 95% y el 100%, aunque sus dificultades para respirar no eran tantas como correspondería a esa cifra. “Tengo amigos que con una neumonía normal han tenido un 88% y recuerdan que se morían”, contrapone.

Su cuerpo bajó a la UCI de Povisa y entró en el infierno. Estuvo dos semanas en coma inducido y los médicos le llegaron a decir a su padre que de donde él logró escapar “no sale el 90% de la gente”. Se recuerda de forma borrosa ya despierto en su cama, sin movilidad ni musculatura. Mejoró y fue subido a una planta de aislamiento, pero allí le dieron dos ataques epilépticos porque, aparte de la neumonía, el virus le había provocado una encefalitis. Supuso su regreso al averno.

Pérez Collazo volvió al coma inducido, a la intubación. Fueron casi dos semanas más en la UCI, de las que recuerda, cuando despertó, su teléfono móvil recibiendo mensajes, uno de ellos de su padre, y la impotencia de no poder responderlos. La parte derecha de su cuerpo estaba paralizada, como si le hubiese dado una embolia. Se levantaba gracias a una grúa y a la ayuda de dos trabajadores del hospital. Y, por si fuera poco, sufría unas alucinaciones “brutales”. Veía a un primo suyo en vez de al fisioterapeuta y, para sorpresa del personal sanitario, charlaba en inglés con la mismísima Isabel II: “Estuve a parrafada limpia con la reina de Inglaterra. La veía dos camas más allá”.

El 28 de abril la PCR dio negativo y, con su cuerpo ya liberado del virus, Pérez Collazo pudo ver a sus padres por primera vez. “Los dos sufrieron muchísimo. Yo estoy aquí de milagro”, afirma. Su padre le confesó que no lo había pasado tan mal ni siquiera cuando en la Guerra del Golfo, a bordo de un petrolero del que era tripulante, vio cómo una lluvia de misiles sobrevolaba su cabeza. El 8 de mayo recibió el alta. Pesaba 30 kilos menos que cuando acudió a Urgencias y solo hacía tres días que podía caminar.

Tras un mes de rehabilitación, el 22 de junio se incorporó a su trabajo en la Universidad de Vigo. Fue una recuperación asombrosa y ahora se encuentra “perfecto”. Echa en falta “mayor crudeza” en las autoridades y medios de comunicación a la hora de transmitir a la población el peligro que supone el virus. Y aplicando aquello que le dijo su neuróloga de que superar la covid es su mayor logro, se ha propuesto “vivir cada día al máximo y disfrutar de su gente”. “Es lo que me llevo de todo esto”, concluye.

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