La crisis del coronavirus

Bogotá pone a prueba su nueva normalidad en un agitado fin de semana

La caótica primera jornada de ventas sin IVA y el Día del Padre ponen en riesgo los avances de la capital de Colombia para contener la pandemia

Una larga fila afuera de un almacén en Bogotá durante el primer día sin IVA en Colombia. En vídeo, imágenes de los centros comerciales en CartágenaJUAN BARRETO / (FOTO: AFP| VIDEO: EFE)

Aunque no ha podido evitar mantenerse como la ciudad de Colombia con un mayor número de casos, Bogotá ha sido precavida en su respuesta al coronavirus. Esa prudencia está en jaque. Al final de su primera semana de regreso a una relativa normalidad comercial, la capital se enfrenta a dos enormes desafíos. Este viernes fue la primera de las tres jornadas con ventas sin el IVA (Impuesto al Valor Agregado) que ideó el Gobierno de Iván Duque para incentivar la reactivación económica, y el domingo se celebra el tradicional Día del Padre. El antecedente más inmediato es el de la Madre, el pasado mayo, que disparó la indisciplina social frente a las medidas de distanciamiento.

Esas jornadas son un “doble riesgo de que se dispare aglomeración y contagio”, venía advirtiendo la alcaldesa Claudia López. “No olvidemos que estamos en mitad de una pandemia, no de una fiesta. Si no vives con tu papá el mejor regalo es no visitarlo y arriesgarlo a contagio. Mejor compra por Internet que presencial”, había aconsejado a los bogotanos. Las caóticas imágenes de filas y multitudes en tiendas y centros comerciales de Bogotá y otras urbes colombianas desataron, una vez más, sus reproches al presidente. “El cuidado en medio de una pandemia es una decisión de vida personal y colectiva. Con mucho esfuerzo hemos logrado hasta ahora controlar la velocidad de contagio y muerte”, se lamentó en uno de varios mensajes en redes sociales. “¿Subir las ventas y bajar las vidas?”, se preguntaba en otro, al responsabilizar al Gobierno. En todo el país se registraron 85 aglomeraciones a lo largo de la jornada, según el balance del Ministerio de Comercio.

Comparada con otros países de la región, Colombia ha logrado mantener controlada la pandemia, como le gusta destacar a Duque en su programa diario sobre el coronavirus. Sin embargo, varias de las principales ciudades han detectado brotes más intensos. La famosa curva tiende a empinarse. El Ministerio de Salud reportó este viernes 95 muertes, la mayor cifra diaria, y más de 3.000 positivos por segundo día consecutivo. El país acumula 63.000 contagios y más de 2.000 fallecidos, de los cuales Bogotá concentra cerca de 20.000 casos y 448 muertos. Después de una cuarentena nacional que se extendió por más de dos meses, con la llegada de junio el país entró en una nueva fase con numerosas excepciones, que incluyen el comercio al por mayor y al por menor, y enfoques diferenciados según las regiones.

El presidente, preocupado en recuperar la “vida productiva”, sostiene que le entregó la “llave de la gradualidad” a los alcaldes. Y entre los mandatarios locales, con ninguno ha tenido un contrapunteo semejante al que ha sostenido con Claudia López. Las dos principales figuras políticas del país han colaborado en lo fundamental, pero lo han hecho entre tensiones. La alcaldesa ha intercalado agradecimientos con críticas públicas y punzantes. Partidaria de priorizar la salud y la vida de los bogotanos, ha abogado por una reapertura “gradual, secuencial y segura”. Recientemente ha comparecido en varias ruedas de prensa junto al ministro de Salud, Fernando Ruiz, en las que han exaltado la cooperación imperante. Sin embargo, esta semana había vuelto a hacer recriminaciones al Ejecutivo: “Duque mandó a la gente a la calle y a lavarse las manos con los alcaldes y gobernadores”.

La capital, con más de siete millones de habitantes, mantuvo una cuarentena más estricta. Durante la primera mitad de junio, evitó abrir nuevos sectores –manufactura y construcción ya estaban autorizados–, además de aplicar estrategias de monitoreo y tamizaje. Adicionalmente mantuvo la vigilancia sobre Corabastos, la mayor central de abastos del país, donde hubo brotes que afectaron tanto a Bogotá como a Cundinamarca, el departamento que la rodea. Y como parte de las medidas extraordinarias también “cerró” por dos semanas la localidad de Kennedy, donde vive más de un millón de bogotanos, por su alta concentración de casos.

Con dos semanas de retraso frente a otras ciudades, Bogotá inició el lunes su desconfinamiento con una serie de restricciones y protocolos de bioseguridad. Con cinco millones de personas en las calles, la más llamativa es el “pico y cédula”, que limita según los días y el último número del documento de identidad la posibilidad de ingresar a los locales comerciales que hacen parte de la reapertura. También se mantienen cuarentenas focalizadas en cinco zonas de la ciudad (o Unidades de Planeamiento Zonal, UPZ, que agrupan barrios en un área mucho menor a las localidades).

El número de camas de Unidades de Cuidados Intensivos disponibles ha sido la principal señal de alarma, pues la ocupación saltó del 34% a cerca del 60% en dos semanas. Por eso, el distrito declaró una alerta naranja hospitalaria que le permite asumir el control de las 724 UCI dispuestas para atender pacientes de la covid-19 en la ciudad, sin importar si hacen parte del sistema público o privado. El Ministerio de Salud se ha comprometido a reforzar las capacidades con unos 120 ventiladores adicionales cada 15 días a partir de la próxima semana. Mientras el país espera un pico de contagios en agosto, el de su capital se proyecta de aquí a julio. Un mes en el que están programados los otros dos días sin IVA, mientras todas las miradas estarán puestas en las potenciales consecuencias, en contagios, de la primera de esas jornadas.

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