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La crisis del coronavirus
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Los aliados del virus

En la política española vemos estrategias destinadas a erosionar el poder que no se detenta, aunque eso ponga en riesgo los avances contra la covid-19

El presidente de Vox, Santiago Abascal, durante la sesión de control al Gobierno celebrada el 27 de mayo.
El presidente de Vox, Santiago Abascal, durante la sesión de control al Gobierno celebrada el 27 de mayo.Chema Moya (EFE)

No es el mejor momento para erosionar el poder de las instituciones y menos el del único organismo que tiene autoridad reconocida para dirigir la lucha contra la pandemia, pero Donald Trump hace tiempo que va a la suya y ha anunciado que EE UU abandonará definitivamente la OMS con la excusa de que favorece los intereses de China. A nadie se le oculta que esta arremetida tiene como principal finalidad desviar la atención de su lamentable gestión de la pandemia en su país, donde ya se han registrado 102.000 muertes. Es cierto que si Trump quiere ignorar al mundo, también el mundo puede ignorarle a él y seguir adelante, pero las consecuencias de este gesto no se limitan a la merma de un 15% del presupuesto de la OMS. La consecuencia es el debilitamiento del sistema internacional de toma de decisiones y la desconfianza en la política.

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Lo ocurrido es un ejemplo de qué puede ocurrir cuando fuerzas o dirigentes antisistema llegan al poder y lo utilizan de tal manera que acaban debilitando o haciendo disfuncionales las instituciones que representan. En su sobreactuación narcisista, Trump ha alentado manifestaciones contra el confinamiento decretado por los gobernadores de los Estados, ha desacreditado las directrices de la administración sanitaria, ha despedido arbitrariamente a quienes le llevaban la contraria, ha dicho barbaridades propias de un curandero inculto sobre la forma de prevenir la infección y ha revelado que se automedica sin estar enfermo con un fármaco, la hidroxicloroquina, que tiene efectos adversos y cuya eficacia en la covid-19 no está demostrada. Peor imposible. Lo grave de esta situación es que tan errática actitud procede de quien, por el cargo que ejerce, debería ostentar la máxima presunción de rigor y compromiso.

Aunque este es el ejemplo más estridente, no es el único. También en la política española vemos estrategias destinadas a erosionar el poder que no se detenta, aunque eso ponga en riesgo los avances contra el virus. El recurso permanente a los tribunales para obstaculizar la labor de Gobierno, no importa el daño que ello provoque, se ha convertido en rutina. Esta tendencia se ha agravado con la llegada a las instituciones de una extrema derecha que ha demostrado tener una gran capacidad de arrastrar a la derecha tradicional por la misma pendiente. 45 querellas se han presentado ante el Tribunal Supremo contra el presidente y los miembros del Gobierno por su gestión de la pandemia, la mayoría instigadas por Vox. Y, a tenor de la bronca política que escenifican, da la impresión de que el objetivo compartido de Vox y el PP sea que Salvador Illa y Fernando Simón fracasen en el control de la epidemia.

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