La crisis del coronavirus

Enfermos que ni siquiera tienen dónde confinarse

Los trabajadores sociales de los centros médicos buscan soluciones para alojar a los pacientes más desfavorecidos: “Sufren muchísimo”

Sanitarios en un hotel utilizado por el hospital del Mar, de Barcelona, para atender casos leves por infección de coronavirus.
Sanitarios en un hotel utilizado por el hospital del Mar, de Barcelona, para atender casos leves por infección de coronavirus.Albert Garcia / EL PAÍS

En esa cadena de esfuerzos que cura el coronavirus en España, hay eslabones en los hospitales que no usan fármacos. “Los trabajadores sociales de la sanidad nos encontramos situaciones muy difíciles y nunca vistas, que además tenemos que resolver en tiempo récord”, explica Agustina Hervás, presidenta de la Asociación Española de Trabajo Social y Salud. Nunca antes de esta pandemia había sido tan importante liberar camas en los hospitales. Ni tampoco tan difícil. El coronavirus obliga a los enfermos a confinarse, pero no todos tienen dónde.

Los trabajadores sociales están tan desbordados como los sanitarios. Deben buscar cobijo, normalmente en la familia, para niños y dependientes cuyos cuidadores son ingresados en el hospital. Pero también para los enfermos que, tras recibir el alta, no tienen un hogar donde poder cumplir con el aislamiento o el que tienen es una sola habitación compartida.

Las circunstancias son imprevisibles. En el hospital Virgen del Rocío de Sevilla han tenido que buscar una solución para un menor marroquí y su padre que se han quedado atrapados en España por el cierre de fronteras. Otra de las pacientes es trabajadora del hogar interna y cuida a un anciano. Cuando reciba el alta no podrá aislarse de forma preventiva en la casa donde vive y trabaja junto a una persona tan vulnerable, así que “la familia que la tiene contratada está haciendo malabares” para encontrar una solución.

“Las familias están respondiendo, se están organizando en tiempo récord”, señala Hervás, quien además dirige la Unidad de Trabajo Social del hospital sevillano. “Normalmente estas situaciones las resolvemos de manera tranquila, pero el coronavirus lo ha puesto todo patas arriba, así que estudiamos la situación de cada paciente ya cuando ingresa y así podemos tener la solución preparada en cuanto recibe el alta y liberamos una cama”.

En Barcelona se han abierto hoteles-salud para acoger a los enfermos que no tienen un lugar en el que pasar la cuarentena. Trabajadores sociales, terapeutas educacionales y educadores sociales se han unido a personal de enfermería para crearles lo más parecido a un hogar. Laura Morro dirige el equipo del hotel Barcelona Princess que aloja a pacientes llegados del hospital del Mar: “Vienen aquí temerosos, han pasado mucho miedo a morir. Se sienten solos porque en muchos casos han sido tratados como unos apestados. Les damos cariño y apoyo. Y ellos lo valoran muchísimo”.

Vilma y su marido han salido del infierno. Fueron hospitalizados casi a la vez y él acabó en la UCI. Ambos han logrado vencer a la angustia, la incertidumbre y el coronavirus y, en el caso de ella, tras terminar un tratamiento con quimioterapia. Con el alta en la mano han sido derivados al hotel Barcelona Princess porque en su hogar la cuarentena es un imposible. Viven en una habitación de 25 metros cuadrados en la que residen con sus dos hijos adolescentes, la hermana de ella y una sobrina de 10 años. “Los profesionales de la sanidad están ofreciendo su salud por curarnos a todos. Su atención ha sido excelente, antes y ahora, estamos muy agradecidos”, cuenta Vilma desde la habitación que comparte con su esposo.

Quienes pisan la recepción del Princess son recibidos con aplausos. Entran con lo puesto porque a muchos la infección los pilló de improviso. Una mujer llegó con la bolsa de la compra. Era lo que llevaba cuando se sintió indispuesta y fue a Urgencias. El diagnóstico de coronavirus obligó a ingresarla ese mismo día.

Los huéspedes del Princess no vienen a hacer turismo, pero el personal sociosanitario se desvive para que su estancia sea lo más agradable posible. No pueden poner un pie fuera de su habitación, así que reciben una llamada de aliento cada mañana y cada tarde. Y si necesitan algo, los trabajadores se enfundan el equipo de protección y les hacen una visita. “Queremos que el trato sea amoroso y traspase las batas”, explica Morro, que trabajó en primera línea durante los atentados de Barcelona de 2017. “Pensé que aquello sería lo más intenso que viviría nunca, pero es esto: lo más emocionante y lo más bonito”.

El confinamiento ha destapado sin piedad la pobreza y la soledad con las que ya lidiaban los trabajadores sociales cuando no había pandemia ni estado de alarma. La cuarentena se hace mucho más dura para las familias sin ahorros, pero con niños a los que mantener. Para los mayores solos que han perdido la ayuda en el hogar. Para los trabajadores precarios que habitan pisos minúsculos y sin comodidades. Para quienes arrastran problemas de salud mental. “Todas estas personas sufren muchísimo”, recalca Luz Campello, del Servicio de Trabajo Social del área sanitaria de A Coruña. “Las trabajadoras sociales tenemos la sensación de estar siempre enfadadas, muy indignadas, pero es que representamos a gente que sufre, a un submundo que normalmente es invisible para el resto pero que para nosotras es nuestro día a día”.

Las urgencias de esta crisis sanitaria han derribado las barreras entre los distintos profesionales que trabajan en los hospitales. Sanitarios y sociosanitarios se están compenetrando más que nunca y es una lección aprendida para el futuro, destacan las fuentes consultadas. El hotel-salud Princess lo dirigen mano a mano una trabajadora social y una bióloga. “De una catástrofe también salen cosas muy buenas. Estamos compartiendo ideas. Y colaboramos hasta con Bomberos y Guardia Urbana. Todos tenemos ganas de ayudar”, apunta desde Barcelona la trabajadora social Laura Morro.

En A Coruña, su colega Luz Campello destaca que todo lo que ella vivió cuando fue directora técnica del voluntariado que afrontó la marea negra de 2002 le ayudó enormemente a anticiparse y organizar el dispositivo con el que ahora trata de curar las heridas sociales del coronavirus: “Ya sabía moverme en una emergencia. Puedo decir que la experiencia del Prestige me salvó”.

Información sobre el coronavirus

- Aquí puede seguir la última hora sobre la evolución de la pandemia

- Así evoluciona la curva del coronavirus en España y en cada autonomía

- Preguntas y respuestas sobre el coronavirus

- Guía de actuación ante la enfermedad

- En caso de tener síntomas, estos son los teléfonos que se han habilitado en cada comunidad

- Pinche aquí para suscribirse a la newsletter diaria sobre la pandemia


En EL PAÍS, decenas de periodistas trabajan para llevarte la información más rigurosa y cumplir con su misión de servicio público. Si quieres apoyar nuestro periodismo y disfrutar de acceso ilimitado, puedes hacerlo aquí por 1€ el primer mes y 10€ a partir del mes siguiente, sin compromiso de permanencia.

Suscríbete

Lo más visto en...

Top 50