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El elefante que no vemos

La política desoye el grito de los jóvenes contra el deterioro del medio ambiente

Una muñeca que reproduce la figura de la activista sueca Greta Thunberg es exhibida en el carnaval de Duesseldorf (Alemania) el pasado 4 de marzo.
Una muñeca que reproduce la figura de la activista sueca Greta Thunberg es exhibida en el carnaval de Duesseldorf (Alemania) el pasado 4 de marzo. AFP

Con tres citas electorales en el horizonte, los candidatos dan la espalda al más grave problema de hoy: el medio ambiente. Las movilizaciones feministas han puesto en alerta a los partidos. La derecha teme perder voto por ese flanco. Las impresionantes manifestaciones de los jóvenes europeos contra el cambio climático no consiguen, sin embargo, impregnar el discurso político; como si la amenaza asomara demasiado lejos. Se equivocan o tal vez consideren la empresa demasiado ingente como para ponerse a ella.

Los estudiantes de Bélgica y de Francia están en pie de guerra. Salen a la calle por cientos de miles para pedir un futuro mejor. Los partidos verdes rebrotan y obtienen buenos resultados en las urnas en Bélgica, pero también en Alemania. Todo indica que la ola de protestas va a ir en aumento también entre los jóvenes españoles. La gesta singular de la adolescente sueca Greta Thunberg es un símbolo de un movimiento que se prevé imparable y masivo.

Frenar el cambio climático es un objetivo enorme por el que ningún partido puede luchar en solitario. Porque además de reducir emisiones debemos preservar el medio ambiente y eso comporta una transformación social tan profunda como la que está logrando el feminismo. Un lector publicaba recientemente una carta a la directora que explicaba muy sencillamente el problema. “Te levantas”, decía, “preparas un café con leche (brik a reciclar) y tostadas con queso de untar (tarrina a reciclar)”… “Jabón, champú, crema hidratante… en envases de plástico”. Quizá ya se han fijado en que cada vez que se hace una compra importante en el supermercado se llena una bolsa de envases de plástico, papel y cartón.

La transformación a la que estamos obligados, en definitiva, desborda los límites de las energías renovables, el transporte limpio y la reducción de gases de efecto invernadero. Nuestro modelo de consumo es insostenible y, de seguir por la misma senda, el planeta avanza para convertirse en un gigantesco estercolero incapaz de regenerarse. Los océanos ya tienen dificultades para hacerlo en unas aguas contaminadas en las que la diversidad zoológica está en declive, como en la superficie. Nuestra irresponsabilidad ha llegado hasta el espacio exterior, donde flotan 22.000 piezas grandes de basura espacial y millones de pequeños artefactos, según la NASA.

Los políticos que se lo toman en serio son expulsados del sistema. Ahí está el caso del ministro francés Nicolas Hulot, que abandonó el Gobierno de Macron por falta de avances.

Se está paseando por delante de nosotros un elefante, un gigante grande y peligroso, y no somos capaces de verlo. No es extraño que los jóvenes estén tan alarmados.

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