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Elegir nombres genéricos y otros consejos: así es la guía feminista de la lengua del Gobierno aragonés

Un manual interno para el funcionariado regional fundamenta de forma extensa la defensa de un nuevo uso del lenguaje para promover la igualdad

Manifestación feminista en mayo de 2018 en Barcelona.
Manifestación feminista en mayo de 2018 en Barcelona. Getty

"El grueso de las recomendaciones no difiere en nada de lo que ya se ha publicado en cientos y cientos de guías que circulan en distintas administraciones, es la parte menos original porque esas mismas instrucciones se repiten con mayor o menor fortuna desde hace tiempo". Lo dice José Luis Aliaga, el autor de esas mismas recomendaciones recogidas en el manual Lenguaje inclusivo con perspectiva de género que ha promovido y enviado de forma interna a sus funcionarios el Gobierno de Aragón. El "plus" de este documento de buenas prácticas es otro: teoría para nutrir y sustentar el discurso a favor de un uso de la lengua que promueva la igualdad entre hombres y mujeres.

Lo que casi todas las guías suelen incluir es, casi siempre, una "pequeñísima" parte de los tipos lingüísticos que generan discriminación: "Son aquellos fáciles de inventariar y consultar" y para los que hay soluciones igualmente fáciles que Aliaga, profesor del Departamento de Lingüística General e Hispánica de la Universidad de Zaragoza, divide entre aquellas ocasiones en las que no se informa del sexo y en las que sí. En las primeras se recomienda el uso de sustantivos epicenos —utilizar persona en lugar de hombre o mujer—, sustantivos colectivos —alumnado en vez de alumnos o alumnas— o los abstractos de cargo, titulación u organismo —dirección para no tener que usar director o directora—. En las segundas, el desdoblamiento es la solución a la que más se recurre —funcionarias y funcionarios—, pero hay otras como las aposiciones explicativas —hacer referencia expresa a mujeres y hombres ["se contratará personal de limpieza, tanto hombres como mujeres"]— o el uso de barras, sobre todo en formularios —D./Dña.—.

A pesar de que existe consenso en cuanto a que el lenguaje genera realidad, la cuestión del lenguaje inclusivo sigue teniendo resistencias entre cierta parte de los profesionales de este ámbito.
A pesar de que existe consenso en cuanto a que el lenguaje genera realidad, la cuestión del lenguaje inclusivo sigue teniendo resistencias entre cierta parte de los profesionales de este ámbito.

Más alla de los consejos, Aliaga explica que la fundamentación es precisamente de lo que suelen adolecer estos documentos, "y es una parte esencial" porque "en el universo de la comunicación la gama de recursos lingüísticos para generar significados es amplísima. Por lo tanto, es igual de amplísima para discriminar". Nada más comenzar la introducción, el experto sale "al paso de los juicios negativos sobre el lenguaje inclusivo que lo consideran una práctica verbal plagada de incorrecciones y quebrantos gramaticales". Asegura que es "radicalmente falso en la inmensa mayoría de casos y, desde luego, lo es por completo en las propuestas de difusión más generalizada".

Según apunta el profesor, "hay unanimidad dentro de la profesión lingüística sobre la discriminación que puede producir el uso del lenguaje, ya sea invisibilizando, excluyendo o segregando". Pero dentro de ese consenso hay distintos puntos de vista. Cuenta Aliaga que hay quienes hacen un análisis desde lo meramente formal: "A mí y a muchos otros compañeros nos parece inadecuado, hay que mirar las palabras con relación al discurso y los roles de quienes lo emiten". Cree que cada texto tiene unas circunstancias particulares y teniendo en cuenta eso, "habrá que elegir aquellas palabras que no discriminen y aseguren la presencia equitativa de hombres y mujeres".

Para esto hace falta cierto "esfuerzo" al que no todo el mundo está dispuesto. "Es necesaria cierta formación técnica y después hacer una revisión de lo que uno mismo escribe o dice cada día, a veces sin reparar en ello". Como deja redactado en la guía, "una reflexión consciente y crítica sobre hábitos verbales muy arraigados, propios y ajenos, y una interiorización de las alternativas de uso sustentada en el convencimiento del papel que desempeña la lengua en el mantenimiento del statu quo (o, en sentido contrario, en su modificación)".

A la propuesta de esa modificación casi siempre se producen reacciones: "Desde organismos como la ONU hasta el Ayuntamiento del pueblo más pequeño han asumido ya que el lenguaje puede generar espacios de discriminación, al igual que puede crearlos de convivencia e igualdad". Esto, dice, no es nuevo. Y recuerda el Cantar del Mío Cid: "Salíanlo a ver mujeres y varones, burgueses y burguesas por las ventanas son, llorando de los ojos, ¡tanto sentían el dolor!".

El feminismo es, desde hace décadas, una parte importante de la lingüística, que demostró hace décadas también cómo es capaz de generar realidad. "Y luego está toda esa divulgación intentando desacreditar eso mismo. Pero eso no es diferente de la reacción en cualquier otro ámbito cuando hay una propuesta feminista", resume el experto. "Con cada avance, la respuesta contraria de esa parte de la sociedad que rechaza que se camine hacia la igualdad". Y no le sorprende. 

Las palabras rebeldes

El profesor José Luis Aliaga explica que "hay ciertos usos que presentan controversia, que no son clasificables y pertenecen al margen de creatividad en cada momento concreto". Por ejemplo, el uso de la "e" para hacer referencia al género —"les alumnes quedaron encantades con la exursión"—, la arroba para sintetizar el masculino y el femenino —"vinieron tod@s l@s amig@s— o la equis, "que pone sobre la mesa el problema del binarismo de género y la correlación con la gramática", —"colectivo de vegnxs aragonesxs"—. Y hace alusión a la literatura y la poesía también como formas de moldear el lidioma. "La palabra escrita y hablada han sido siempre arma reivindicativa por parte de todos los colectivos, también como forma para resistirse al cambio o generar arte".

Aunque estas "transgresiones" no pueden tener cabida en los documentos de la Administración, "están amparadas por la libertad de cualquier hablante para manifestarse de la manera provocadora que consideren adecuada a los fines comunicativos perseguidos". En cualquier caso, concluye que la flexibilidad de la lengua para adaptarse a las nuevas realidades (y conformarlas) es tan necesaria para el progreso como en cualquier otro ámbito. Como escribe en la guía, "los protocolos de la norma culta no son un fósil ni palabra de revelación divina, sino que, dentro de su relativa fijación, presentan el suficiente grado de flexibilidad para acoger muchas variantes de uso".

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