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Cuando matar a un periodista es sinónimo de impunidad

La Unesco alerta de que nueve de cada diez crímenes contra profesionales de los medios entre 2006 y 2017 permanecen sin castigo

Manifestantes exigen justicia por el periodista desaparecido Jamal Khashoggi en la Embajada de Arabia Saudita en Washington.
Manifestantes exigen justicia por el periodista desaparecido Jamal Khashoggi en la Embajada de Arabia Saudita en Washington.

Han transcurrido más de cinco años y Alfredo Valdiviezo todavía no ha podido pasar página desde ese 11 de abril de 2013, el día en el que a balazos acabaron con la vida de su hermano, el periodista Fausto Valdiviezo. En este tiempo, a él le han ocurrido muchas cosas; primero el duelo y el dolor, luego las amenazas de muerte y finalmente un cambio de residencia de Ecuador a Estados Unidos. Pero a pesar de sus denuncias públicas y la sucesión de tres investigaciones judiciales, un interrogante sigue planeando sobre aquella fatídica jornada: quién mató, y por qué razones a un reportero y presentador con cerca de treinta años de trayectoria.

La incógnita que pervive con relación al fallecimiento del periodista ecuatoriano no es excepcional. En un informe reciente, la Unesco alerta de que nueve de cada diez asesinatos de profesionales de los medios, contabilizados entre 2006 y 2017, permanecen impunes. La cifra equivale a que existen 895 crímenes que no han sido castigados o bien la organización no tiene constancia de su resolución en los tribunales. Según el análisis que ofrece el documento, Valdiviezo cumplía con dos condiciones que disparan el riesgo de ser objeto de la violencia en algunos países: trabajar en televisión y ser un periodista de información local.

En los días posteriores al asesinato, José Serrano, el entonces ministro del Interior de Ecuador del Gobierno del expresidente Rafael Correa, defendió que la muerte de Valdiviezo no tenía que ver con el ejercicio de su profesión. Sin embargo, la familia de la víctima contradice esta versión: “No hay persona pública ni ciudadano común que no tenga la seguridad que a Fausto lo asesinaron los malos manejos en el canal de televisión TC, incautado por el Estado”, cuenta por teléfono Alfredo Valdiviezo. Él también es periodista y fue durante 11 años compañero de su hermano en la misma cadena. El pasado septiembre, tanto él como su abogado Julio César Cueva recibieron con tibieza la noticia de la detención de un posible responsable del homicidio e insisten en que las pesquisas han sido insuficientes hasta la fecha. “No se hizo todo lo que pudo haberse hecho”, reclama Cueva.

“Hay muchas resoluciones de la ONU que los Estados miembros han aceptado para proteger a la prensa. Sin embargo, esas decisiones no son vinculantes y la seguridad y un ambiente que permita la libre expresión siempre dependen de las autoridades de cada país”, explica a este periódico Sylvie Coudray, responsable de libertad de expresión de Unesco-París. Coudray ha participado este jueves en un encuentro en Madrid sobre la impunidad de los crímenes contra los periodistas, donde se ha subrayado la falta de mecanismos para evitar, sancionar y perseguir sucesos como el asesinato en octubre del saudí Jamal Khashoggi.

En el acto, al que asistieron también el exmagistrado Baltasar Garzón, Juliana Matus, profesora de la Universidad de Chiapas, Diego Carcedo, presidente de la Asociación de Periodistas Europeos (APE), y Bernardo Díaz Nosty, director de la Cátedra Unesco de la Universidad de Málaga, se reclamó más atención hacia la degradación del Estado de derecho, a la que los periodistas asisten como testimonios incómodos. “A menudo, se alcanza a los sicarios, pero no a los autores intelectuales de los crímenes. Son figuras al mundo de la política, de la policía o de la judicatura”, ha afirmado Díaz Nosty.

Víctimas en países sin guerra 

En 2017, por primera vez murieron más profesionales en países que no viven un conflicto armado (55%) que en los lugares afectados por la guerra (45%), de acuerdo con las cifras de la Unesco. “A muchos los mataron mientras investigaban historias de corrupción, crimen organizado, tráfico de drogas y de personas y otras actividades ilegales”, incide a EL PAÍS Coudray.

El caso más extremo es el de México. Allí fueron asesinados 13 periodistas el año pasado, la cifra más alta de todo el planeta por delante de Irak o Siria, según los datos de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). No obstante, los recientes homicidios del esloveno Jan Kuciak o la búlgara Viktoria Marinova también han puesto en alerta a Europa. La experta de la Unesco, que durante su intervención en la capital trajo a colación los insultos del presidente de EE UU, Donald Trump, a un periodista de la CNN este miércoles, transmitió su preocupación por la violencia a través del acoso o la suspensión acreditaciones en democracias consolidadas.

El doloroso paso del tiempo no ha quitado a Alfredo Valdiviezo la esperanza de que la justicia de Ecuador acabe resolviendo la muerte de su hermano. Si esto no sucede, dice que no renunciará a las armas que el periodismo emplea para encontrar la verdad: “Tengo escrito un libro que aún no he publicado y también quisiera hacer un documental o porque no una película. El caso de Fausto tiene de verdad cosas increíbles”.

Cada vez más mujeres entre las víctimas

En su reciente informe la UNESCO registró el número más alto de víctimas entre las periodistas que fallecieron en ejercicio de su profesión desde el inicio del registro. Aunque su representación entre el total de víctimas - un 14% - es bastante inferior al de los hombres, el documento resalta que la cifra ha pasado de 4 muertes en 2006 a 11 en 2017.

“Se debe poner en relieve que las mujeres están mucho más expuestas a peligros, particularmente al acoso sexual”, subraya a este periódico Coudray, que subraya la necesidad de poner en marcha planes con una visión de género para mejorar la seguridad de las periodistas.

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