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ARTUR ÁVILA | Ganador de la medalla Fields de Matemáticas

“Me gusta trabajar en la playa, el sonido del mar me ayuda”

El matemático brasileño es el primer latinoamericano en conseguir la medalla Fields

El matemático brasileño Artur Ávila, en París. Ampliar foto
El matemático brasileño Artur Ávila, en París.

Todo ha sucedido muy rápido y desde muy temprano. A los 16 años, cuando todavía se encontraba en secundaria, Artur Ávila (Río de Janeiro, 1979) ingresó en una maestría del Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada (IMPA), en su ciudad natal. Seis años después había completado su doctorado. La semana pasada, con 35, viajó a Seúl para convertirse en el primer latinoamericano en recibir la medalla Fields, concedida cada cuatro años a investigadores menores de 40 por la Unión Internacional de Matemáticas, y considerada el Nobel de la disciplina. Junto a él obtuvieron el premio la iraní Maryam Mirzakhani (la primera mujer en ganarlo) y otros dos profesores universitarios. El galardón se le concedió por sus aportaciones a los estudios de sistemas dinámicos.

—¿Podría explicar su trabajo a un lector normal?

—Se trata de estudiar la evolución de un sistema a lo largo del tiempo. Su comportamiento puede ser regular, pero también se pueden producir pequeños cambios que modifiquen de manera diferente el sistema. Popularmente se conoce como efecto mariposa.

Se equivocan quienes piensan que para una ciencia aparentemente muy estricta sea necesario meterse a estudiar en un aula durante horas. Ávila prefiere trabajar en la playa. “El sonido del mar me ayuda a concentrarme”. Solo acude a una oficina cuando está con otras personas que lo prefieran. De lo contrario, le gusta ir a dar un paseo o tomarse algo en un café. “Busco siempre un ambiente relajado. Cualquier situación así es propicia para hablar de números”. Sus estudios no buscan una aplicación práctica. “Eso es un trabajo difícil. No podría hacerlo porque no es lo mío”. Lo suyo es la matemática pura.

La gente podrá ver que también en Brasil se investiga a un alto nivel

El interés de Ávila por las asignaturas científicas le viene desde niño. Sin embargo, fueron las Olimpiadas de Matemáticas de Brasil en 1995, en las que participó siendo un adolescente, lo que despertó su pasión por esta disciplina. En esa ocasión ya destacó entre miles de estudiantes. “Sirvieron para dirigir mi interés. Me volví más entusiasta. La competición tiene ese efecto. Y después de ella, me pusieron en contacto con el IMPA”.

En este centro de excelencia, escondido en medio de un bosque, acudió a un curso de verano. Y ese mismo año comenzó su maestría en dicha institución. “Dejé de lado los estudios en el colegio, no me resultaban muy difíciles. Tenía bastante claro qué quería hacer y estaba muy enfocado”. Completaba su segundo año de estudios cuando comenzó el grado en Matemáticas en la Universidad Federal de Río de Janeiro. La legislación brasileña solo permite tener el certificado de postgrado tras completar el grado. “Así que lo hice por una formalidad, para tener el diploma”.

—¿Qué hay que hacer para que otros jóvenes se interesen por la asignatura?

—Las matemáticas son una de las actividades más creativas. Se puede apostar por problemas más imaginativos y no por la aplicación repetitiva de fórmulas memorizadas.

Con solo 22 años, Ávila ya había concluido su doctorado. Luego decidió marcharse por “motivos personales” al Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS), en París. “Tuve la suerte de irme al sitio con el mayor número de matemáticos del mundo. Tardé un poco en adaptarme al nuevo ambiente, pero se complementaba bastante con lo que hacía antes”.

Estuvo cinco años dedicándose a sus investigaciones solo en Francia, pero ahora tiene un régimen de trabajo que le da libertad para elegir dónde quiere estar. “La mitad del año la paso en Brasil y la otra en París. No tengo obligaciones docentes. Y por razones obvias prefiero estar en Río durante su verano”. Investiga tanto para el IMPA como para el CNRS y coopera con matemáticos de todo el mundo. Quienes trabajan con él aseguran que es una persona muy abierta y colaboradora, que agota todas las posibilidades hasta conseguir solucionar un problema.

Y entonces le dieron la medalla Fields.

—¿Qué importancia tiene el premio para Brasil y para América Latina?

—Que las personas vean que mi país hace investigación de alto nivel. Y que es posible llegar lejos con objetivos claros y dedicación.

—¿Había mucha presión?

—Sí. No me había propuesto ganar el premio, pero muchos lo esperaban. Era una presión siempre muy presente.

Después de una semana en Seúl, donde acudió a varias conferencias, Ávila solo piensa en seguir divirtiéndose con las matemáticas. Que es lo suyo.

La casa brasileña del ‘Nobel’

F. B.

La medalla Fields conquistada por el brasileño Artur Ávila no fue una sorpresa. El Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada (IMPA) —la joya de la corona de la enseñanza superior brasileña— ha invertido desde su fundación, en 1952, en la producción académica de alto nivel. Apuesta, sobre todo, en la contratación de investigadores calificados, muchos de ellos extranjeros. Pero también ha estimulado los talentos en matemáticas desde la juventud.

“Ávila fue premiado por su talento personal, por su trabajo. Desde su primer curso ya se vislumbraba que sería un excelente matemático. Pero la medalla es coherente con la madurez de la matemática brasileña. Era una cuestión de tiempo”, defiende César Camacho, director general del centro. El caso de Ávila, que ingresó en un posgrado con solo 16 años, no es único. El 15% de los alumnos de la institución también siguieron este camino antes de terminar los estudios secundarios. Cualquier ciudadano, de cualquier edad o nacionalidad, puede inscribirse en un curso, explica el director Camacho. El Gobierno incluso puede ofrecer becas de posgrado a los alumnos que no hayan terminado la carrera universitaria. El problema es que la legislación brasileña no permite que el estudiante reciba un certificado hasta que termine la carrera, motivo por el cual Ávila tuvo que acceder a los estudios de grado en la UFRJ.

¿En qué se diferencia de las demás instituciones públicas? El IMPA, pese a que esté vinculado al Ministerio de Ciencia y Tecnología, tiene el status de una Organización Social. Es decir, puede administrar los recursos que vienen del gobierno de forma autónoma, según Camacho. “Puedo gastar menos en biblioteca y más en contrataciones. Es una programación interna viable”, explica. Camacho argumenta que los cursos de posgrado en Brasil son muy buenos, pero poseen limitaciones estructurales. El principal, explica, es que las universidades públicas no tienen autonomía para contratar a investigadores, que siempre dependen de oposiciones. En este caso, es el Gobierno que decide cuando y cuantos contrata. “La decisión no tiene nada que ver con las necesidades de la Universidad. Por la crisis económica de 2008, hay mucha mano de obra calificada de doctores sin empleo. ¿Qué hicimos? Aprovechamos ese momento para hacer contrataciones. Es una cuestión de gestión de recursos, de aprovecharlos mejor”. Además, al contrario de otras instituciones, los investigadores extranjeros no son obligados a comprobar proficiencia en portugués.

El IMPA no tiene estudios de grado. Posee estudios de maestría y doctorado desde 1971, cursos de verano y ofrece programas de investigación. Como las becas ofrecidas no son suficientes para mantenerse en una gran ciudad, la institución también ofrece residencias a estudiantes e investigadores. En 2018, cuando Río de Janeiro sea sede del Congreso Internacional de Matemáticos, los brasileños podrán una vez más conocer la excelencia de su matemática. “Ávila es un producto de algo bien hecho, de una institución muy bien estructurada. Y muestra que Brasil es capaz de tener este tipo de institución”, finaliza Camacho.

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