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La NASA promociona el uso privado de la estación espacial

La agencia prorroga la base orbital hasta 2024 y pretende que, después, los laboratorios de microgravedad sean iniciativas plenamente empresariales

El astronauta Chris Cassidy, toma fotografías de la Tierra desde el interior de la Estación Espacial Internacional, en octubre de 2013.
El astronauta Chris Cassidy, toma fotografías de la Tierra desde el interior de la Estación Espacial Internacional, en octubre de 2013.

La NASA quiere al sector privado a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). No es que las empresas estén ahora al margen de la actividad en órbita, ya que dominan franjas estratégicas como los satélites de telecomunicaciones y de observación de la Tierra, además de los lanzadores. Pero las misiones con astronautas, el programa tripulado de la NASA, aunque con múltiples contratos con las compañías del sector, ha sido, hasta hace poco, responsabilidad exclusiva de la agencia gubernamental y la nueva iniciativa es un paso significativo en la estrategia de privatización de actividades espaciales, pasando la agencia de ser operador a cliente. La NASA tiene este año un presupuesto de 12.723 millones de euros, la mitad (en términos comparables), del que tenía en 1965, en pleno auge del programa lunar Apolo, cuando la agencia contaba aproximadamente con el 4% del presupuesto federal, frente al 0,5% actual.

Ahora las naves automáticas de avituallamiento de la ISS, por parte de EE UU, son de empresas privadas que venden sus servicios a la NASA (con el apoyo y compromiso de la propia agencia). Para dentro de tres años está previsto que también los astronautas viajen en las naves que el dinámico sector empresarial estadounidense está desarrollando.

La iniciativa de promoción del uso de la ISS para las empresas privadas, para la que se piden propuestas de aquí a mediados de junio, se ha presentado la semana pasada. “Ayudará a identificar cómo abrir este laboratorio único al sector privado por vías mejores y más prácticas”, ha dicho William Gerstenmaier, director de Exploración Tripulada y Operaciones de la NASA. Se trata, según ha explicado, de “preparar el camino hacia las instalaciones privadas de investigación en microgravedad en el futuro”. Es decir, que las siguientes instalaciones espaciales serán responsabilidad íntegra de las empresas. “No creo que haya otra estación gubernamental”, ha declarado Gerstenmaier recientemente ante una comisión parlamentaria estadounidense.

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Como atractivo de la oferta, la iniciativa recalca que la ISS, que ha costado unos 110.000 millones de euros y que ha cumplido una década permanentemente tripulada (unas 200 personas han estado allí), estará en funcionamiento al menos otros 10 años. La Casa Blanca ha decidido mantener operativa la base hasta 2014, lo que significa una prórroga de cuatro años respecto al anterior calendario, aún pendiente de ratificación por parte de los otros socios del programa (sobre todo Rusia, Europa, Japón y Canadá).

Gerstenmaier, destacó que la investigación en microgravedad es un entorno “inalcanzable” en la Tierra y que de las investigaciones en la ISS “ya proporcionan beneficios en medicamentos, robótica médica y ciencia de materiales”. Pero su utilización está lejos del cien por cien de sus capacidades: según datos de la NASA (febrero de 2014) se está utilizando menos del 84% de los compartimentos de experimentación de la parte estadounidense de la ISS; el 76% de los compartimentos de la unidad Express (para trabajos breves) y solo el 50% de los dispositivos en el exterior listos para hacer investigaciones. Hay que tener en cuenta que los artículos científicos con resultados de investigaciones en la ISS son escasos en las revistas más prestigiosas.

Con la puerta abierta a la iniciativa privada en la base orbital, la NASA quiere reducir sus costes, animar al sector en un nuevo mercado potencial y, según manifiestan expresamente sus responsables, dedicarse a mayores retos, como los viajes a Marte o a algún asteroide, aunque no tiene aún para ello un programa propiamente dicho con la abultada financiación imprescindible para acometer esos objetivos.

Para el transporte de carga a la ISS en naves automáticas la NASA tiene firmados acuerdos con empresas del sector hasta 2017: 1.370 millones de euros para Orbital por ocho envíos (uno cumplido) y 1.150 millones para Space X por 12 vuelos (de los cuales ha realizado ya tres), en ambos casos con una misión previa de ensayo de atraque en la ISS.

En cuanto a los astronautas, seguirán la misma pauta de pasar la responsabilidad de operación de los vuelos al sector privado para que la NASA actúe como cliente (con todas sus condiciones y requisitos de seguridad). Pero no será hasta 2017, cuando los hombres y mujeres del espacio viajen en los nuevos vehículos. Varias empresas están preparando naves tripuladas para viajar a la órbita baja de la ISS, ya sean cápsulas o, en el caso del Dream Chaser de Sierra Nevada Corporation, un avión para siete astronautas del tipo de los transbordadores espaciales que la NASA jubiló en 2011. Desde entonces, y hasta que no estén operativas las nuevas naves, los astronautas de la agencia estadounidense tienen que ir y volver a la ISS en el único transporte tripulado disponible, la Soyuz rusas, y por cada pasajero tiene que pagar unos 50 millones de euros.

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