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ANÁLISIS

Previsiones aquejadas de optimismo

La evolución futura de la población podría ser incluso menos halagüeña de lo que auguran estas proyecciones

La evolución de la población es la resultante de la ecuación entre saldo migratorio (inmigrantes menos emigrantes) y crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y defunciones). Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2012 la población descendió en casi 114.000 personas y, a tenor de las proyecciones de población a corto plazo (2013-2023), en 2013 el descenso sobrepasará los 242.000 efectivos. Este descenso irá intensificándose en los años siguientes hasta perder más de 270.000 personas anuales a partir de 2018.

La reducción de la población que empezó en 2012 se debe fundamentalmente al saldo migratorio, pero las nuevas proyecciones prevén que a partir de 2017 el crecimiento vegetativo empezará a mostrar también signo negativo, constante y creciente hasta el final del periodo.

La tendencia negativa del saldo migratorio que empieza en 2010 supone un brusco cambio respecto a años precedentes, pues todavía en 2008 la cifra fue positiva en algo más de 310.000 efectivos. Pero 2008 es el año del estallido de la crisis económica y, si bien en 2009 el saldo migratorio fue todavía ligeramente positivo, en los años sucesivos los saldos negativos fueron de casi 300.000 efectivos, aunque con tendencia a reducirse. Tales saldos derivan de unas salidas estimadas de 591.000 personas en 2013, aunque irían descendiendo paulatinamente. Pero también derivan de una llegada constante estimada en casi 292.000 inmigrantes anuales.

Es sabido que las migraciones son eminentemente económicas y que uno de los principales determinantes que operan sobre ellas es la posibilidad de conseguir un empleo en el país de acogida. Por tanto, la previsión de 2,6 millones de inmigrantes en los próximos nueve años tal vez esté aquejada de un cierto optimismo, toda vez que los pronósticos sobre la salida efectiva de la crisis y, principalmente, sobre la recuperación del empleo, la sitúan los analistas no tan próxima.

Por otra parte, la tendencia negativa que se augura al crecimiento vegetativo tiene como principal factor un menor número de mujeres en edad fértil. Sin embargo, se pronostica un incremento de la tasa de fecundidad hasta 1,41 hijos por mujer en 2022. Este aumento también depende de la coyuntura económica y, por tanto, está sujeto a similares incertidumbres.

Así pues, la evolución futura de la población podría ser incluso menos halagüeña de lo que auguran estas proyecciones. Y si ya alertan sobre la fuerte reducción de la población entre 20 y 49 años, el progresivo envejecimiento y el consiguiente aumento de la tasa de dependencia, los esfuerzos para la recuperación del empleo se revelan urgentes, ya que este es el factor que anima la emigración y desanima la inmigración. Y lo hace en mayor medida sobre la franja de edad que se pronostica que más va a reducirse.

Margarita Delgado es investigadora científica.