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Bruselas retoma una descafeinada tasa de emisiones para los vuelos

La presión internacional limita el cobro a los tramos por cielo europeo

Los trayectos que discurran fuera de Europa quedan exentos hasta 2020

EE UU, China y Brasil influyeron para congelar la tasa europea hace un año. Ampliar foto
EE UU, China y Brasil influyeron para congelar la tasa europea hace un año. bloomberg

Hace un año, la Comisión Europea anunció la decisión de congelar la tasa que las aerolíneas debían pagar por las emisiones de CO2 a la espera de lograr un acuerdo internacional para luchar contra el cambio climático. “Si no hay pacto, volveremos a la situación actual. Automáticamente”, enfatizaba en noviembre de 2012 la comisaria de Acción por el Clima, Connie Hedegaard. Ahora, el acuerdo ha llegado, pero muy diluido. La asamblea general de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) pactó a principios de mes que las aerolíneas empiecen a pagar a partir de 2020; y que lo hagan además sobre unas bases que se tendrán que acordar en 2016. Bruselas, que reconoce que habría preferido un calendario más cercano y unas condiciones más claras, volvió ayer a poner sobre la mesa el impuesto, pero de forma bastante más laxa que cuando estaba en vigor el año pasado.

La Comisión Europea propone ahora aplicar la tasa a partir del 1 de enero de 2014, y solo sobre las emisiones de CO2 que los aviones produzcan sobre el espacio aéreo europeo. Los tramos extracomunitarios quedarían exentos del impuesto hasta 2020, a la espera del acuerdo internacional. “Habría sido mejor si más países lo hubieran apoyado, pero no todos están en la misma línea. También nos habría gustado no tener que esperar a 2020 [...] De momento lo que proponemos es una solución temporal”, dijo ayer la comisaria Hedegaard.

La iniciativa de obligar a las aerolíneas internacionales a pagar por las emisiones de todos los vuelos con destino u origen en Europa —y por todo el trayecto, incluido el que discurriera por otros continentes— hizo enfurecer en su día a países como Estados Unidos, Brasil o China. La presión de sus Gobiernos y del sector aeronáutico influyó hace un año en la decisión de la Comisión de congelarla; y ha influido ahora en retomarla un tanto descafeinada, afectando solo a los aeropuertos del espacio económico europeo (los 28 países de la UE más Noruega e Islandia). “La propuesta cubrirá tan solo el 35% de las emisiones en comparación con la norma original. Es lamentable que la presión internacional y de la industria haya logrado reducir la norma europea sobre emisiones hasta el mínimo”, criticaba ayer Bill Hemmings, de Transporte y Medio Ambiente, organización que coordina a medio centenar de ONG europeas.

Una estimación mucho más alta hacen los analistas de Thomson Reuters, que consideran que la nueva norma, si sale adelante, cubrirá el 60% de las emisiones de la antigua. “Si se tienen en cuenta los precios actuales del carbón, el aumento del coste del combustible rondaría el 1,5%”, sostiene Andreas Arvanitakis, director de la consultora Thomson Reuters Point Carbon.

La propuesta de Bruselas debe aún ser aprobada por el Parlamento Europeo y los Gobiernos de la UE antes de entrar en vigor el 1 de enero de 2014.