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El intrincado mundo de las becas

Desde eximir el pago de la matriculación hasta costear el traslado a otra comunidad

Es muy importante informarse bien

No solo existen ayudas estatales; las hay autonómicas, de los propios campus y hasta de fundaciones

Para conseguir las ayudas más cuantiosas, las familias de tres miembros tienen que vivir con menos de 11.143 euros anuales. Ampliar foto
Para conseguir las ayudas más cuantiosas, las familias de tres miembros tienen que vivir con menos de 11.143 euros anuales.

Que uno se matricule en una carrera de una universidad pública le cuesta al Estado una media de 8.000 euros al año. Eso cubre el 80% del coste, pero también el alumno tiene que apoquinar una parte. ¿Y puede? Cada vez hay más familias ahogadas por la crisis que no pueden hacer frente al pago de unas tasas universitarias cada vez más elevadas. Con el paro juvenil disparado, ser autosuficiente y que lo costee el estudiante con la nómina de un minijob parece casi un milagro. Y más ahora que las matrícu­las han crecido un 16% de media en el último curso, con picos de más del 50% en algunas autonomías. Así que, a falta de medios propios, no queda otra que recurrir a las becas generales del Estado – tan discutidas e incluso abucheadas estos días en todos los foros–, amén de otras ayudas autonómicas no tan cuantiosas por lo general. Las becas de fundaciones y empresas son hoy aún un desierto en España, a diferencia de los países anglosajones.

Cuesta imaginarlo, pero los alumnos –algunos años después siguen rellenando la matrícula en compañía de sus padres– no se orientan bien a la hora de solicitar una beca. “Nos creemos que porque los jóvenes usan todo el tiempo dispositivos digitales, sobre todo teléfonos móviles, van a saber hacer una búsqueda de becas por Internet, y no es así. Por eso una de las asignaturas transversales que ofrecemos es esa”, cuenta Joaquín Ballesteros, responsable del servicio Espacio Estudiantes de la Universidad Carlos III de Madrid. “En nuestra web no usamos terminología administrativa, sino una clara y muy directa para que lo entiendan”. A José Gutiérrez, de la sección de acceso y becas de la Universidad de León, tampoco le extraña esa desorientación. “Pero nosotros somos una universidad pequeña, de 12.000 estudiantes, en un sitio pequeño, y nos podemos permitir ir instituto por instituto explicando nuestro programa y las becas”, relata orgulloso.

En la página ministerial educacion.gob.es se consultan los trámites de solicitudes en dos modalidades: con y sin certificado digital. Aún no está colgada la convocatoria del curso 2013-2014, pues su reglamento está en proceso de modificación. Obligatoriamente tendrá que estar activa en agosto, así que el Gobierno apura los últimos días para ultimar detalles y para pasar por todos los organismos que la ley obliga.

La cantidad a la que tienen derecho los becarios se reduce drásticamente. Habrá una parte fija y otra variable

Existen dos tipos de becas. Unas te eximen solo de pagar la matricu­lación y otras además dotan de dinero para estudiar en otra comunidad o para compensar el que, en hogares desfavorecidos, el joven no aporte ingresos económicos durante los años que estudie. El primer requisito para pedir una beca es no sobrepasar los umbrales económicos máximos. Para conseguir las ayudas más cuantiosas, las familias de tres miembros tienen que vivir con menos de 11.143 euros anuales. Mientras que para no pagar la matrícula universitaria, el máximo que puede ganar al año un hogar de tres miembros son 38.000 euros. Todos los debutantes en la Universidad que cumplan los requisitos económicos contarán este curso con una beca si acceden a sus carreras con una nota mínima de 5,5. Es decir, finalmente no se va a aplicar la parte de la reforma del reglamento de becas que obligaba a contar al menos con un 6,5 para optar a una beca al llegar.

Eso sí, la cantidad a la que tienen derecho los becarios se reducirá sustancialmente para casi todos los alumnos (entre 500 y 2.000 euros). Va a haber una parte de la beca fija –con un máximo de 1.500 euros para los alumnos más desfavorecidos– y el resto se asignará aplicando una fórmula que tiene en cuenta la nota media del alumno, la del resto de becados y la capacidad económica. El mínimo de ese monto variable será de 60 euros, pero cuando el alumno solicite una beca no sabrá cuánto dinero va a recibir finalmente.

“Es inaceptable que las familias estén con la calculadora esperando a saber la dotación de la beca para hacer cálculos y mandar o no a sus hijos a clase”, se lamenta el extremeño Ezequiel Valentín, vicesecretario del Consejo de Estudiantes Universitarios del Estado (Ceune), que este año perdió su ayuda de movilidad. El Instituto Nacional de Estadística acaba de publicar unos datos que expresan la vital importancia del sistema de becas en pleno derrumbe económico: el salario anual más frecuente en España en 2011 fue de 15.500 euros y hay seis millones de desempleados.

Pese a la incertidumbre en las familias, las universidades no conciben la posibilidad de una bajada de estudiantes en primer curso. “El año pasado lo esperábamos, pero no fue así. Las expectativas de trabajo sin estudios no son buenas y los jóvenes siguen apostando por estudiar en la universidad. Es su puerta”, explica Ángela Barrios, vicerrectora de estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid. “La gente está convencida de que en la formación está el futuro y colabora toda la familia en pagar las tasas: los abuelos, los tíos, etcétera. Antes dejan de pagar la casa que la universidad del niño”, agrega José Gutiérrez. De hecho, la tasa de paro de los jóvenes licenciados se sitúa en el 24% frente al 54% de los que no tienen estudios de su edad.

El nuevo reglamento de becas es, a juicio de muchos –no solo los rectores de las universidades públicas y privadas en bloque, sino de los consejeros de Educación populares–, profundamente insolidario y clasista. Si el 5 vale para titular en Bachillerato, ¿por qué no para obtener una beca?, se preguntaba la oposición. Andalucía llegó más lejos en su petición. “Como el Ministerio de Educación va a controlar las reválidas educativas a escala nacional [de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa], que suba el nivel de las pruebas y que cueste sacar el 5. Pero el mismo esfuerzo al pobre que al rico”, planteó su consejera Mar Moreno.

Tras las sonadas protestas, bastará con aprobar entre el 65% y el 85% de las asignaturas, según el título, para no pagar por la matrícula del curso siguiente. Freno, por tanto, a la idea inicial del ministro de Educación, José Ignacio Wert, de necesitar pasar los exámenes del 100% de las asignaturas de humanidades y el 85% en las ingenierías y Arquitectura. Pero, ojo, lo que se desembolsa en tasas es una parte residual del monto total destinado a becas. Más del 70% del gasto se lo llevan las ayudas a los que deben estudiar lejos, comprar material o compensar que un hijo estudie, y en ese caso no se han ablandado los requisitos. Se exigirá ese 6,5 y más aprobados (del 80% al 100%, o entre el 6 y el 6,5 de media, según la carrera).

 

APROVECHAMIENTO

El sistema de becas se creó en 1961 y se gestionaba a través del Patronato de Igualdad de Oportunidades sobre la base de un impuesto especial. Su propósito era becar a jóvenes pobres con gran “aprovechamiento académico”. Con la reforma socialista de comienzos de los ochenta se suavizaron las exigencias académicas y, sobre todo, aumentaron las cuantías. Desde 2004-2005, el número de becarios no paró de subir, representando ya casi un cuarto del total de estudiantes gracias a que el gasto en becas creció un 94%. Pero no hay que olvidar que el porcentaje del producto interior bruto destinado a becas es mucho más bajo que la media de la OCDE y de la Unión Europea. El ministro José Ignacio Wert se defiende: las tasas de Italia y Grecia acaban de superar a las españolas.

Esta tendencia de auge en becas llega a su fin en plena crisis, cuando más familias se hallan endeudadas y no pueden hacer frente a las matrícu­las. Unos 30.000 estudiantes han estado a las puertas de abandonar sus estudios por morosidad y hoy día los campus –la mayoría endeudados por los recortes de 1.240 millones de euros en cuatro años– siguen esforzándose por encontrar la forma de no expulsarlos.

No hay que olvidar que, además de las becas generales del Estado, existen ayudas propias de las universidades. Ballesteros, de la Carlos III, celebra que los exalumnos y las empresas siguen apostando por becar a nuevos estudiantes: “Sienten la universidad como suya”. La docena de becarios Alumni reciben 3.000 euros cada curso y se comprometen a devolver la mitad del dinero invertido en ellos –que se reinvertirá en otros– a partir del quinto año de haber terminado la carrera. Este centro madrileño cuenta también con un fondo para situaciones sobrevenidas de alumnos cuyas familias se empobrecen a lo largo del curso y no pueden pagar y becas de excelencia de 1.800 euros para los mejores estudiantes de nuevo ingreso más prácticas remuneradas, una manera de atraer talento.

Se recomienda, por tanto, estudiar con atención las ayudas propias que ofrecen los campus. Existen además becas de empresas y fundaciones para proyectos puntuales para determinadas facultades. En León cuentan con un fondo de 25.000 euros para ayudas. “Recibimos este año unas 60 solicitudes de ayuda y hemos concedido 27. No es mucho dinero, pero tenemos una gran escasez de recursos”, explica Gutiérrez, que no puede por menos que reconocer la solidaridad de un mecenas leonés anónimo que ha donado 90.000 euros con los que cubrir el agujero presupuestario ocasionado por el impago de muchas matrículas.