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“Los honestos aún deben reconquistar el deporte”

El entrenador denunció el uso generalizado de EPO en el ciclismo

Donati: “No me gusta el papel de víctima que me asignan”.
Donati: “No me gusta el papel de víctima que me asignan”.

Menudo y agilísimo de cuerpo, y de mirada de ojos convencidos que convencen y tan ágil de inteligencia y de velocidad al comer el pollo al curry con arroz y al hablar, al argumentar, que conviene entrenarse para no perderse ni comiendo ni hablando con Sandro Donati (Roma, 1947), porque cada frase es el eslabón de una cadena lógica, un discurso definitivo que conduce a varias verdades inexorables. Se trata de agitar, o de lo que él llama, con terminología de hombre de izquierdas, ahora, “sembrar la contradicción con argumentos y actuar como el ácido muriático, como un corrosivo”. Es lo que hizo ayer en Madrid con su conferencia en unas jornadas organizadas por la Agencia Estatal Antidopaje.

Es lo que hace en Italia en tournée perpetua presentando su último libro, Lo sport del doping (El deporte del dopaje, 18.000 ejemplares vendidos en un año); es lo que lleva haciendo prácticamente los últimos 25 años, desde que un día de verano de 1987 denunciara y demostrara la trampa en la medición que le valió al italiano Giovanni Evangelisti la medalla de bronce en los Mundiales de Roma. “Fue la primera vez que un atleta era despojado de una medalla varios días después al demostrarse una trampa y yo pasé inmediatamente de ser un técnico reputado en el equipo nacional de atletismo a un mínimo encargado del sector juvenil y, pocos meses después, en ocupante de brazos cruzados de una estancia en el sótano de la federación. Allí aproveché para empezar a escribir mi primer libro, Campeones sin valor”, dice. “Sí, he perdido mucho con mi vida de denuncia, pero no me gusta el papel de víctima que muchos me asignan, prefiero pensar que más le he hecho perder al sistema”.

Pocos años después del salto tramposo de Evangelisti maquinado por el entonces presidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), el fallecido Primo Nebiolo, y ya electrón libre, Donati fue la primera persona que denunció públicamente el uso extendido de EPO en el pelotón ciclista y en el deporte en general. “Lo hice, sí, por un imperativo ético, pero sobre todo guiado por mi mentalidad práctica de entrenador. Para un entrenador, hacer que un atleta ganara décimas de segundo era cuestión de trabajar afanosamente pequeños detalles técnicos. Pero llegó la EPO y con nada se ganaban segundos y a los entrenadores nos destrozó. Con EPO ascendieron otros técnicos sin prejuicios que no solo nos barrieron, sino que tuvieron la desfachatez de escribir sus libros de metodología de entrenamiento. Libros que no valían nada, falsos, pues partían de presupuestos dopados… Y no olvidemos que la EPO no solo mató culturalmente el deporte, también físicamente a deportistas”.

Aunque gracias a sus denuncias incansables, en Italia cayeron grandes mitos de la ciencia deportiva de los años noventa, como los fisiólogos Francesco Conconi y Michele Ferrari. Y aunque corra la idea de que los tiempos han cambiado, Donati es escéptico, muy escéptico. “No recuerdo el nombre de ningún campeón, de ningún plusmarquista mundial desde 1990 hasta ahora. Ninguno vale nada. Son récords sin valor humano”, dice. “Los 12 años, entre 1988 y 2000, en que la EPO fue indetectable sirvieron para eliminar a todos los honestos del deporte, entrenadores, deportistas, dirigentes, médicos… Se ha producido una limpieza étnica de la honestidad en el deporte. Los honestos deben aún reconquistar el deporte”.