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Los recortes ponen en la cuerda floja el observatorio de Calar Alto

España y Alemania negocian a la baja el presupuesto del centro. La Sociedad de Astronomía pide al Gobierno fondos para que los telescopios sigan operativos

El observatorio de Calar Alto, en la sierra de Filabres (Almería), empezó a funcionar en 1975.
El observatorio de Calar Alto, en la sierra de Filabres (Almería), empezó a funcionar en 1975.

En la sierra de Filabres, en Almería, destacan las cúpulas de los telescopios del observatorio de Calar Alto, que empezó a funcionar en 1975 como un centro científico alemán deseoso de explotar las condiciones favorables del cielo en esa región del sur de Europa. Ahora es un observatorio conjunto hispanoalemán con una trayectoria importante en ciencia de nivel internacional y con perspectivas de futuro asociadas a los proyectos en curso. Pero han llegado la crisis y los recortes, y los astrónomos temen que sean tan masivos como para cerrar Calar Alto o para dejarlo tan limitado en recursos que resulte inviable. “Ha llegado a nuestro conocimiento la posibilidad de un cierre de parte de las instalaciones, en particular del telescopio de 2,2 metros, y la reducción sustancial de operaciones del telescopio de 3,5 metros. Dicha situación, al parecer suscitada por una insuficiente financiación por parte del CSIC, supondría un importante revés para la astronomía española”, escribía recientemente Javier Gorgas, presidente de la Sociedad Española de Astronomía (SEA), en una carta dirigida a la secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela. “Para que pueda seguir operando, el observatorio necesita un marco estable con una financiación suficiente”, añade la misiva. Calar Alto “es un observatorio de referencia en Europa y uno de los pilares observacionales de la investigación astrofísica de alto nivel que se realiza en nuestro país”, asevera Gorgas.

 En el observatorio de Almería se hacen realidad más de 100 proyectos de investigación astronómica cada año y, además, está volcado en el desarrollo de cámaras e instrumentos, incluido uno de ellos, el Carmenes, para buscar planetas de tipo Tierra en torno a estrellas de muy baja masa, que los alemanes consideran prioritario.

La Secretaría de Estado de Investigación (Ministerio de Economía y Competitividad) ha limitado su respuesta a EL PAÍS al respecto a un “estamos negociando con la parte alemana, nada está decidido aún”. El Instituto Max Planck de Astronomía (MPIA), en Heidelberg, es, desde hace unos años, el socio mayoritario (62,5% de la financiación) de este Centro Astronómico Hispano Alemán (CAHA). Por parte española (37,5%) es responsable el CSIC a través del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), y tampoco dicho organismo ha aclarado la situación: “En estos momentos, CSIC y MPIA están trabajando conjuntamente para desarrollar el escenario más viable para el CAHA, a la luz de la situación actual y el análisis de las prioridades científicas. Como estas reuniones se están produciendo y no hay decisiones tomadas, todavía no tenemos más información”, dice la portavoz del CSIC.

100 proyectos de investigación ven la luz cada año en Almería

Por parte alemana, Hans-Walter Rix, director ejecutivo del MPIA, ha explicado a EL PAÍS que el plan de ahorro de un 25% en el presupuesto del CAHA que, originariamente, ambos socios habían trazado para el periodo 2014-2018, “no puede ser implementado de esa forma”. “Estamos buscando conjuntamente una alternativa”. Cita los recortes que sufre el CSIC y habla de “reducción proporcional” como una de las opciones. Lo que está en debate ahora es el impacto de los recortes: “La cuestión es qué se puede hacer con cuánto dinero”, añade Rix. “Entiendo la inquietud de los científicos, nos gustaría llegar a una decisión cuanto antes, pero pienso que no va a haber una solución inmediata”.

Los científicos temen que, en estos tiempos de reducción muy drásticos de la financiación de la ciencia en España, Calar Alto sea sacrificado. El CSIC dice que sigue interesado en el observatorio y Rix apunta que “Calar Alto es una prioridad para el MPIA, aunque no es la mayor prioridad”.

La alarma sobre el futuro del observatorio no se limita a la comunidad científica, y tanto Izquierda Unida en Andalucía como el PSOE han exigido al Gobierno que apoye y mantenga el acuerdo vigente del CAHA y se han manifestado en contra de su cierre, según ha informado el periódico digital de Almería Teleprensa.

Pese a que el reparto de la financiación de Calar Alto es desigual entre los dos socios, su utilización científica y las decisiones sobre su gestión se dividen al 50%. El presupuesto anual del observatorio era de algo más de cuatro millones de euros anuales hasta 2010 y, con los ajustes realizados, ha pasado a unos 3,5 millones. El CSIC y el MPIA abordaron para 2013-2018 una reducción del coste de operación del observatorio a unos tres millones al año, pero las cifras que ahora baraja la parte española rondan los 1,2 millones (presupuesto total) a partir de 2014. “Si la reducción es esta, estamos abocados al cierre en poco tiempo”, advierte Matilde Fernández, directora del IAA.

Estrellas, planetas extrasolares y galaxias

Si están funcionando en el mundo más de una decena de telescopios de 8 a 10 metros de diámetro, y se planean los de 30 o 40 metros, ¿son necesarios los de menor tamaño? La respuesta de los astrónomos es que sí.

Los telescopios del rango de 3,5 o 4 metros, además de utilizarse en investigaciones astronómicas que no exigen los más grandes, cumplen un papel esencial como complemento de estos últimos. Por ejemplo, si se va a estudiar con un gran telescopio una docena de galaxias con características peculiares, habrá que seleccionarlas entre una población galáctica más amplia, y ahí los telescopios como los de Calar Alto son imprescindibles. Además, señala Matilde Fernández, directora del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), “los programas que exigen muchas horas de telescopio, muchas noches, a menudo, no se pueden hacer en los observatorios más grandes porque hay muchas solicitudes, pero sí en los del siguiente tamaño, que no tienen tanta presión”. El astrónomo Carlos Eiroa destaca también el papel clave que el observatorio hispanoalemán cumple —y ha cumplido— en la formación y perfeccionamiento de los científicos españoles.

Trabajan en el observatorio de Calar Alto casi medio centenar de personas encargadas del mantenimiento de las instalaciones y de dar apoyo a los científicos que obtienen horas de observación en los telescopios, explica su director David Barrado. “Estas instalaciones son extraordinariamente útiles, cumplen un papel muy importante en la ciencia europea”, añade, recordando, por ejemplo, que el reciente descubrimiento del planeta extrasolar más pequeño que Mercurio se hizo, en parte, en Calar Alto.

“La ciencia que se está haciendo en Calar Alto, en muchas líneas de investigación, es muy competitiva”, afirma Eiroa. “El observatorio no ha cumplido aún su ciclo de vida debido a que posee instrumentos de primera línea porque ha sabido ir adaptándose al desarrollo de la astronomía de los grandes telescopios”. Incluso se ha planteado la posibilidad de instalar allí un nuevo telescopio de seis metros.

Calar Alto tiene en marcha cuatro grandes programas asociados a instrumentos avanzados. La cámara infrarroja Panic, que empezará a funcionar este año, “dará servicio a programas que cubren una amplia variedad de objetivos, desde el estudio de cuerpos en el sistema solar hasta objetos muy lejanos en el universo”, expone Fernández en un informe sobre el observatorio. Con el Carmenes se hará un seguimiento de varios años, de una muestra de varios cientos de estrellas del entorno solar para detectar planetas de tipo terrestre en torno a estrellas de muy baja masa. Califa, ya en marcha, es un estudio de unas 600 galaxias “que está permitiendo obtener información de muy alta calidad sobre las poblaciones estelares de las galaxias, su composición química y su cinemática”, señala la directora del IAA. También destaca el espectrógrafo Cafe.