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Primer embarazo en el mundo tras un trasplante de útero

Una mujer turca de 23 años, que recibió el injerto en 2011 de una donante muerta, desarrolla su gestación con normalidad

La implantación del embrión no puede hacerse hasta un año después del trasplante.
La implantación del embrión no puede hacerse hasta un año después del trasplante.

La especialidad de los trasplantes lleva algo más de una década superando retos que parecían formar parte de la ciencia ficción hasta hace bien poco tiempo. En 2005 se anunció el primer trasplante de cara, en 2008 el de brazos y en 2011 el de piernas. El mismo año tuvo lugar el primer injerto de útero con éxito. Y ayer, el mismo equipo que operó a esta paciente, hizo público un nuevo hito: ha logrado el embarazo de la receptora, de 23 años. El anuncio partió del equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Akdeniz (Turquía) que dirige el cirujano Ömar Özkan.

El trasplante se practicó en agosto de 2011. La paciente, Derya Sert, se convirtió en la primera mujer en recibir con éxito el útero de una donante cadáver (falleció en un accidente de tráfico). Antes de la intervención, el equipo de facultativos extrajo y congeló óvulos para poder fecundarlos mediante técnicas de reproducción asistida y, más adelante, alojarlos en el útero. La transferencia del embrión tuvo lugar hace dos semanas y los portavoces del hospital universitario turco indicaron ayer que la gestación se desarrolla con normalidad.

El trasplante está indicado para mujeres con esterilidad por causa uterina, ya sea por procesos oncológicos o por otros problemas que causen la falta morfológica o funcional del útero. Es una técnica sujeta a controversia ya que no aborda un órgano vital, como puede ser un corazón, un pulmón o un riñón. Si se puede vivir sin útero, ¿vale la pena destinar a una operación de este tipo los cuantiosos recursos que precisa? ¿Compensan los riesgos que supone entrar en un quirófano y someterse a una compleja intervención para poder experimentar en primera persona la maternidad?

Hay sectores de la comunidad científica convencidos de que los inconvenientes superan a las ventajas. No solo por la operación a la receptora. Tras la maternidad, se extrae el tejido para dejar de suministrar a la paciente la agresiva medicación inmunosupresora con la que se combate el rechazo. Es decir, no se enfrenta a una operación sino a dos. Y, entre ambas, a un fuerte tratamiento farmacológico. Pero, además, en el caso de que el útero proceda de una persona viva, hay que sumar una nueva operación en la donante (y, por ello, más riesgo).

Los especialistas más reacios a este trasplante sostienen que existen alternativas como la adopción o, en los países en los que es legal, la paternidad subrogada (los vientres de alquiler) que también permiten ser madre. Por todo ello, el responsable de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), Rafael Matesanz, ha manifestado en distintas ocasiones las dudas que le plantean este tipo de intervenciones.

El trasplante de útero es un procedimiento quirúrgico muy reciente. A pesar de que técnicamente no es más complejo que un trasplante de riñón, en todo el mundo solo hay nueve mujeres que cuenten con este órgano trasplantado, como apunta el ginecólogo del hospital La Fe de Valencia César Díaz, que ha participado en trasplantes uterinos en Suecia.

Al no ser un órgano vital, la técnica está sujeta a controversia ética

La primera experiencia de este tipo de injerto de la que se tiene noticia tuvo lugar en Arabia Saudí en el año 2000. Fracasó, según describió dos años más tarde en el International Journal of Gynaecology and Obstetrics el facultativo que coordinó la intervención, Wafa Fageeh. Tras un aparente éxito inicial, una trombosis vascular no dejó más opción que la extirpación del órgano.

En septiembre del año pasado, la Universidad de Gotemburgo (Suecia) anunció que dos mujeres habían recibido los úteros de sus madres en sendas intervenciones. Se trataba de la primera vez en el mundo que se practicaba una operación de este tipo de donante vivo. Desde entonces, este centro ha practicado seis intervenciones más con éxito.

“De momento, en las mujeres intervenidas en Suecia aún no se ha abordado la fase de implantación del embrión, hay que dejar transcurrir al menos un año para intentarlo”, explica el médico de La Fe César Díaz, colaborador de Mats Brännström, el responsable del equipo de especialistas suecos.

Díaz, que ya tenía noticia del embarazo, es un firme defensor de estas intervenciones. Sostiene que sentir la gestación, el parto o tener hijos con la misma carga genética de los padres puede compensar los inconvenientes derivados del trasplante. También se ha manifestado a favor de este tratamiento su jefe de servicio en el hospital valenciano, Antonio Pellicer, que ha anunciado que ya han comenzado a dar los primeros pasos para llevar adelante un trasplante de útero.

De momento, la ONT no ha recibido ninguna solicitud de la Consejería de Sanidad de la Generalitat valenciana —la entidad competente—. La carrera por ser el tercer equipo que consigue un trasplante de útero viable sigue abierta. Especialistas estadounidenses y japoneses pugnan con los españoles del hospital La Fe por conseguir los permisos de sus respectivas autoridades sanitarias.