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El fabricante alemán de la talidomida se disculpa 50 años después

El medicamento causó graves malformaciones a 10.000 recién nacidos en todo el mundo, la mitad alemanes

Johannes Igel, promotor del monumento a las víctimas del medicamento Contergan en Stolberg.
Johannes Igel, promotor del monumento a las víctimas del medicamento Contergan en Stolberg. EFE

Era un medicamento particularmente indicado para mujeres en sus primeras semanas de embarazo. El Contergan combatía el malestar o las náuseas matutinas y aplacaba muchas otras molestias. También ayudaba a conciliar el sueño. La farmacéutica alemana Grünenthal lo sacó a la venta en 1957. Sin receta, porque era “tan inocuo como un caramelo”. En 1958 se percibió en Alemania un aumento en el número de niños nacidos con graves malformaciones. Se achacó a los ensayos nucleares de la Unión Soviética y Estados Unidos. Hasta 1960, el constante aumento de nacimientos problemáticos siguió relacionándose con las partículas radioactivas que, según se creía con característico victimismo, llegaban hasta las madres alemanas desde Siberia o el Pacífico. Una pediatra se percató entonces del efecto nocivo de la talidomida que contenía el medicamento. Grünenthal lo retiró del mercado un año después. Demasiado tarde para 10.000 recién nacidos en todo el mundo. La mitad de ellos eran alemanes. El 40% murió a edades muy tempranas. Hoy viven en Alemania unas 2.500 víctimas del Contergan. La más célebre es el bajo-barítono de Hildesheim Thomas Quasthoff.

Grünenthal se ha disculpado ahora ante los afectados por las malformaciones provocadas por su medicamento. Por primera vez en 50 años. El pasado viernes, el jefe de Grünenthal, Harald Stock, salió a la palestra para lamentar que la empresa no hablara del asunto en cinco décadas. Además, pidió perdón "por no haber encontrado el camino hacia las víctimas, de ser humano a ser humano”.

Previamente se había desatado un escándalo en Stolberg, sede de la compañía. Uno de los afectados, Johannes Igel, inició allí el proyecto de levantar un monumento conmemorativo “A los muertos y a los supervivientes de la catástrofe del Contergan”. La escultura muestra dos sillones, ocupado uno por una niña sin brazos y el otro, vacío. Cuando se supo que la empresa financiaba el proyecto con 5.000 euros algunos afectados interpretaron que la iniciativa aspiraba a lavar la imagen de Grünenthal, una “medida de relaciones públicas baratas”. Poco después, los jefes de Grünenthal se disculparon por primera vez: “les rogamos que entiendan nuestro silencio como una señal de la conmoción muda que nos provocaron sus casos”.

Stock nació en 1968, años después del desastre. En 1971, el Gobierno federal y la empresa iniciaron una fundación dotada con 200 millones de marcos alemanes (unos 100 millones de euros), a la que Grünenthal sigue contribuyendo y que paga pensiones vitalicias a las víctimas. Hay diversas asociaciones de afectados, algunas de las cuales están enfrentadas entre sí.