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Los pediatras animan a la circuncisión

Los especialistas de EE UU concluyen que tiene más ventajas que riesgos y piden que los padres puedan reclamarla. Alemania regulará la práctica tras un varapalo judicial

Un grupo de partidarios de prohibir la circuncisión en Canadá protestaba, a comienzos de mes, contra esa práctica frente a una clínica que la realiza en Vancouver.
Un grupo de partidarios de prohibir la circuncisión en Canadá protestaba, a comienzos de mes, contra esa práctica frente a una clínica que la realiza en Vancouver. REUTERS

“El médico me dijo que no circuncidar a mi hijo era algo sucio, de clase baja”. Tammy Schmitt, residente de Kansas de 36 años, recuerda la gran presión que sufrió para circuncidar a su hijo hace siete años. De familia judía, le habían inculcado que la práctica era casi un rito de iniciación a la vida. “Miré a mi hijo y vi a ese recién nacido que algún día sería un hombre y podría tomar decisiones por sí mismo. Por qué debería someterle a una cirugía que le dejaría marcado de por vida?”. Schmitt no lo hizo. Hoy se manifiesta contenta por ello, porque, según dice, tiene mucha información sobre los nocivos efectos psicológicos de esa práctica.

Schmitt forma parte de un movimiento llamado intactivismo que ha cobrado fuerza en Estados Unidos en los últimos años y que defiende la no circuncisión de los recién nacidos. Contra él se ha posicionado el grueso de la profesión médica. La Asociación Americana de Pediatría recomendó el lunes la circuncisión en los recién nacidos en EE UU, por considerar que sus beneficios médicos son mayores que los riesgos. Se une así a la Organización Mundial de la Salud y al Programa de la ONU contra el Sida, y a numerosas organizaciones de ayuda al desarrollo, que consideran que es una práctica crucial para detener la epidemia del VIH en África.

No todas las instancias coinciden. En Alemania, el pasado junio un tribunal de Colonia declaró ilegal la circuncisión de niños por razones religiosas. Musulmanes y judíos alemanes consideran vulnerados sus derechos y la libertad de culto. Tras un par de semanas de controversia, el Gobierno declaró su intención de garantizar por ley la libre práctica de la costumbre. El 23 de agosto, el Consejo de Ética que asesora al Gobierno y al Bundestag se mostró favorable a que la circuncisión siga siendo legal "bajo condiciones clínicas estrictas".

La postura oficial de la Asociación Americana de Pediatría de EE UU, que se ha publicado en el número de septiembre de la revista Pediatrics, dice: “Aunque los beneficios en materia de salud no son lo suficientemente grandes como para recomendar la circuncisión rutinaria a todos los varones recién nacidos, sí son suficientes como para justificar el acceso a esa práctica para las familias que lo elijan y para garantizar que las terceras partes [los seguros médicos, públicos y privados] la sufraguen”.

“Hay gente que opina que debería dejar que la naturaleza siga su curso”, explica el doctor Aaron Tobian, profesor de Patología en la Universidad Johns Hopkins. “Pero no es así como actuamos en la civilización occidental. No tomamos ese enfoque cuando hablamos de vacunas, por ejemplo. Si a los padres se les dijera que una vacuna reduce el riesgo de contraer VIH, herpes o infecciones en el tracto urinario, sin duda optarían por ella. Esos son los efectos que diversos estudios científicos atribuyen a la circuncisión”.

De entre las naciones occidentales, EE UU es donde más se practica la circuncisión. En los años setenta y ochenta se le hacía al 75% de los niños, según cifras gubernamentales, pero y hoy se somete a ella a un 55% de los varones recién nacidos, según datos de los hospitales. El 30% de los varones de todo el mundo están circuncidados.

En Internet el fenómeno del intactivismo ha cobrado fuerza en los últimos años. Sus integrantes comparan la circuncisión con la ablación del clítoris, y aseguran que, entre otras cosas, el prepucio se halla donde se halla para mantener el glande sensible en las relaciones sexuales. En la web Circumstitions.com se llega a defender la no circuncisión como una cuestión de derechos humanos, que no debería imponerse a un bebé sin capacidad de decisión.

El doctor en Psicología Ronald Goldman, director ejecutivo del Circumcision Resource Center de Boston, enumera los efectos negativos de la práctica: íDolor y trauma extremos, cambios de conducta y neurológicos entre los niños, pérdida de una importante parte del cuerpo, reducción en el placer sexual, posibles problemas psicológicos, probable ruptura del vínculo entre el niño y la madre, riesgo de complicaciones quirúrgicas y efectos aun no conocidos que no se estudian”.

La Organización Mundial de la Salud y el Programa de la ONU contra el Sida recomendaron la circuncisión para prevenir el sida entre varones heterosexuales en 2007. Las organizaciones de salud pública han iniciado numerosos programas de circuncisión entre varones en África citando tres estudios diferentes que dicen que esa práctica reduce la transmisión del VIH de mujeres a hombres en hasta un 60%. Una de ellas es PSI, con sede en Washington, que desde 2007 ha circuncidado a 292.835 varones en África.

Una buena parte de sus programas se ofrecen a adultos, pero sus expertos sostienen que es mejor en los primeros días de vida. "La circuncisión de los recién nacidos se produce mucho antes de que pasen a tener una vida sexual activa, y puede integrarse de forma fácil en las intervenciones sanitarias pediátricas”, asegura la doctora Krishna Jafa, directora de Salud Sexual y Reproductiva de PSI. "La intervención es más rápida y simple que la de adultos y conlleva menos efectos adversos”, añade.

En Alemania, cualquier información relacionada con el asunto provoca ristras de comentarios enardecidos en los grandes portales de noticias alemanes. Buena de parte de los lectores defienden el fallo de Colonia y critican las circuncisiones como una “tradición brutal” que lesiona a los niños antes de que puedan dar su consentimiento. Muchos la comparan con la ablación del clítoris, una mutilación genital mucho más grave a la que se somete a las niñas en algunas regiones musulmanas y, en menor medida, cristianas.

El lunes, el diario muniqués Süddeutsche Zeitung (SZ) escribía que les han llegado “incontables” testimonios de alemanes “enojados como pocas veces” por la circuncisión masculina, que a su entender lesiona a los varones antes de que puedan decidir por sí mismos si quieren seguir la religión de sus padres. El editorial del SZ concluye, sin embargo, que “sería perverso que tuviera que ser precisamente Alemania” (el país que organizó el Holocausto) el único lugar del mundo que prohíbe a los judíos de una costumbre que practican desde hace miles de años.

En el caso del comité que asesoró al Gobierno alemán, que se centró en el peso religioso de la cuestión, no hubo consenso. El penalista de la Universidad de Hamburgo Reinhard Merkel destacó que el derecho a la integridad física y al bienestar del niño debería tener prioridad. Su aportación al debate tiene tres puntos llamativos. Cree que “si hoy llegara a Alemania una religión desconocida que practicara la circuncisión masculina y nadie más lo hiciera, sería inmediatamente prohibida” y que, "si solo circuncidaran los musulmanes, el Bundestag no habría dedicado al asunto una Proposición no de ley”.

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