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Los delfines también se ponen tristes

Una campaña para la liberación de 25 delfines mulares capturados en el Pacífico denuncia las secuelas físicas y psicológicas que sufren los animales salvajes que son obligados a vivir en cautividad

La eterna sonrisa de los cetáceos más queridos por los seres humanos puede llevar a engaños. Los delfines mulares, los más populares por su utilización en exhibiciones, no siempre son tan felices como parecen. Los que son capturados en su hábitat natural para espectáculos en delfinarios tienen hasta un 50% de probabilidades de enfermar e incluso sufrir depresión, según Sea Sheperd Conservation Society. La organización Animal Concerns Reseach and Education Society (ACRES) ha lanzado una campaña mundial para lograr la liberación de 25 delfines de los 27 capturados en el Pacífico (ya han muerto dos ejemplares) y que fueron comprados posteriormente por la empresa Resorts World Sentosa (RWS) para un programa spa interactivo en su parque marino Marine Life Park, según publica el Sydney Morning Herald. La campaña "Salva a los delfines más tristes del mundo" pretende lograr, además, la sensibilización pública ante las capturas de animales salvajes a través de la web www.saddestdolphins.com

Los que son capturados en su hábitat natural para espectáculos en delfinarios tienen hasta un 50% de probabilidades de enfermar

Las terapias con animales para personas con problemas físicos son igual de eficaces con animales domésticos

Según la versión de la empresa RWS, el equipo proporciona "el mejor cuidado para los delfines, incluyendo una dieta enriquecida". La organización defiende, sin embargo, que ya han muerto dos cetáceos y que el estrés sufrido por estos animales es máximo al ser separados de su entorno. El complejo hotelero ha manifestado que los mamíferos participarán en un programa terapéutico para niños con problemas físicos. Los fines científicos y médicos son los únicos supuestos permitidos por la mayoría de las normativas medioambientales. Según el director de Investigación de Oceana Europa, Ricardo Aguilar, se trata de un vacío legal que permite a algunas empresas hacerse con ejemplares salvajes. Aguilar asegura que, en realidad, estas terapias para personas con problemas físicos son igual de eficaces con animales domésticos, por lo que no debe servir de excusa para esta práctica ilegal.

El director de Investigación de Oceana explica que el apresamiento es poco probable en aguas europeas: "Los delfines gozan de una alta protección en Europa", afirma. Y añade: "Si se diera un caso similar aquí, la población se le echaría encima". Aguilar reconoce, sin embargo, que no existe un convenio internacional que garantice esta protección en todo el mundo.

La organización AnimaNaturalis publica en un artículo que desde el primer espectáculo de delfines en San Augustine, Florida, en 1938, cientos de estos mamíferos han sido capturados en su hábitat natural para los espectáculos recreativos.

Según Sea Sheperd Conservation Society, los cetáceos sufren un alto nivel de estrés debido a que las capturas son violentas y les separan de su grupo. Normalmente, los animales son acorralados en redes donde se deciden cuáles son elegidos y cuáles se deben soltar, muchas crías son separadas de sus madres generando experiencias traumáticas. Aguilar explica que los delfines tienen un sistema cultural complejo con un lenguaje propio y una organización establecida, y por ello cualquier cambio puede producir alteraciones en toda la población.

Durante el transporte, los delfines están obligados a pasar días en tanques hasta llegar a su destino. El 50% de los cetáceos, según un estudio del centro de investigaciones marinas Leviathan citado por AnimaNaturalis, muere en el camino. El director de Investigaciones de Oceana señala las infecciones y el suicidio como las principales causas de muerte: "Pueden incluso negarse a comer para acelerar su muerte y evitar el sufrimiento".