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POR EL ÁRTICO CON EL PAÍS (VIII)

El efecto del calentamiento global en la vida marina ártica

La noche del oso a bordo del Jan Mayen ha sido intensa, noche por llamarlo de alguna manera, porque ha brillado el sol ártico en un cielo completamente despejado. Poco antes de las once de la noche, han avisado del puente que ya se veía una línea de hielo en el horizonte, por estribor. En diez minutos, lo que se tarda en correr la voz en el barco, han empezado a aparecer bloques de hielo flotando y la fascinación por la insólita vista ha sido general, incluso para los numerosos noruegos a bordo.

La cantidad de bloques de hielo y su tamaño han ido aumentando rápidamente, y enseguida todo el mar se ha visto cubierto por hielo resquebrajado en planchas de diferentes proporciones pero sin agua apenas entre ellas, y hasta el horizonte, en cualquier dirección. El Jan Mayen ha estado rodeado por una masa blanca rugosa aparentemente inmóvil (las olas se amortiguan con esa capa helada superficial) pero que se ondula muy ligeramente.

De repente, desde el puente del buque han avisado de la presencia de un oso en la lejanía. Al principio se ha visto sólo con prismáticos, pero el magnífico animal, de color mantequilla que se diferencia claramente del blanco intenso azulado del hielo, se ha ido acercando. La euforia a bordo ha sido enorme, tanto desde los ventanales del puente como en la cubierta de proa. Todos han seguido los movimientos del oso pertrechados con cámaras de fotos y de vídeo de todo calibre. El animal se ha tumbado, ha saltado de placa en placa y se ha acercado hasta rozar la cubierta del Jan Mayen, parado en el hielo. Tras una hora merodeando, se ha alejado.

Para los novatos en el Ártico la emoción ha sido tremenda y hasta las tres de la madrugada no se ha hablado de otra cosa a bordo, pero incluso para los noruegos ha sido una grata y gran sorpresa: no es normal ver a uno de estos fieros animales nada más llegar al hielo, comentan, y a menudo no se avista a ninguno en días y días.

A eso de las tres de la madrugada la bruma ha cubierto el mar helado y este rincón del Ártico se ha convertido en un paisaje irreal.

A la vista de los bloques de hielo alrededor del barco y cubriendo completamente el mar, uno no diría que aquí está en acción el cambio climático, el aumento de temperatura del planeta. Pero Slaweh Kwasniewski, un biólogo polaco del Instituto de Oceanografía de Sopat y veterano en estas aguas, dice que, debido a los efectos del calentamiento, el grupo de zooplancton a bordo no encuentra suficientes ejemplares de Calanus glacialis en sus sondeos, pese a haber metido en el agua sus dispositivos de captura repetidas veces. "En el fondo, entre 180 y 135 metros, hay agua atlántica, pero encima el agua es ya ártica, a una temperatura de 1,7 grados bajo cero en el nivel desde 135 metros a 60 metros de profundidad. Sin embargo, no hay apenas Calanus glacialis, como esperábamos", explica.

¿Cuál es el problema? "La temperatura del agua es la adecuada, porque estos animales viven entre 1.8 grados bajo cero y 3 grados sobre cero, pero seguramente la estación está muy adelantada y estos animales ya no están porque se ha adelantado su ciclo de vida y ya han desaparecido", dice Kwasniewski. Normalmente, cuenta, el verano en el Ártico se limita a julio y agosto, de manera que en pasadas campañas los biólogos han capturado Calanus glacialis en junio. Pero si la temperatura del agua sigue estando en el rango bajo, ¿cómo puede achacar la escasez de Calanus glacialis al calentamiento? "Seguramente la reducción anticipada de la extensión del hielo permite que pase más luz al agua, empieza a proliferar el fitoplancton y se adelanta el ciclo del zooplancton, por lo que ahora ya no encontramos ejemplares casi. La retirada del hielo se debe al calentamiento, al menos local, en el Ártico, aunque la temperatura del agua siga siendo adecuadamente baja".

El Jan Mayen ha retrocedido unos 50 kilómetros hacia el Sur, hacia un punto donde la abundancia de zooplancton ártico es algo superior para intentar que estos biólogos logren la cantidad de ejemplares que necesitan para su investigación. Cuando acaben los sondeos en esta zona, el buque retomará su rumbo hacia el Norte.