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Los balleneros japoneses regresan a la Antártida

Los gobiernos australiano y japonés están "de acuerdo en que no están de acuerdo"

Una flota de balleneros japoneses ha vuelto a faenar en aguas de la Antártida después de tres semanas de inactividad. Los japoneses se vieron obligados a paralizar su última campaña tras un incidente con ecologistas australianos que culminó en el secuestro de tres de ellos en el un buque ballenero durante tres días. Las organizaciones contrarias a la caza de cetáceos, así como varios gobiernos, se oponen a esta actividad por considerar que la Antártida debe ser un santuario para las ballenas, así como por incumplir la moratoria internacional sobre la pesca comercial de la ballena, en vigor desde 1985.

Un portavoz del Ministro de Asuntos Exteriores ha afirmado que el Ministro australiano estaba "decepcionado" con la reanudación de la caza de la y ha asegurado que el Gobierno está "firmemente convencido de que la actividad ballenera japonesa debe cesar". Sin embargo, también ha informado de que la reunión entre ambos ministros en Tokio ha concluido con la constatación de que "estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo".

Un portavoz del grupo ecologista Sea Sepherd (Pastor del Mar, en inglés) ha afirmado que pronto volverán a hostigar a la flota japonesa en el Antártico. "Esto sólo es una retirada para aprovisionarnos. No hemos rendido este santuario a los asesinos de ballenas", ha declarado a la prensa.

El gobierno japonés planea matar 800 ballenas jorobadas y 50 rorcuales en lo que ha dice ser un programa de investigación científica. Tanto otros países como los grupos ecologistas han insistido varias veces en que podría lograr sus objetivos científicos a través de métodos no letales. Japón intentó levantar la moratoria vigente en 2006, durante la reunión en el Caribe del Comisión Internacional sobre la Pesca de la Ballena. Su propuesta fue derrotada por un estrecho margen de los países participantes.