La fórmula científica para tranquilizar y dormir a los bebés cuando lloran

Un estudio japonés establece la importancia del movimiento para calmar el llanto de los lactantes

El estudio se ha realizado en bebés de hasta siete meses de edad.
El estudio se ha realizado en bebés de hasta siete meses de edad.Unsplash

La respuesta al llanto de un bebé es instintiva: los padres lo cogen en brazos y lo mecen hasta que se calma. El problema es que muchas veces el truco no funciona, o no funciona el tiempo suficiente para que el niño se calme y se duerma. Ahora, un estudio realizado en el centro de investigación RIKEN de Japón y publicado este martes en la revista Current Biology, ha encontrado una fórmula para ayudar a los padres a tranquilizar a los niños cuando lloran y conseguir que se queden dormidos.

Los resultados de la investigación establecen que la mejor técnica es pasear con el pequeño en brazos durante cinco minutos, lo que consigue relajarlo, y, una vez que se queda dormido, sentarse de cinco a ocho minutos antes de acostarlo en la cuna. Ese tiempo permite que el bebé pase de la primera fase del sueño, que es más ligero, a la segunda, en la que se estabiliza, según una de las autoras de la investigación, Kumi Kuroda, investigadora del centro japonés. “Con este sistema, un 65% de las madres conseguían dejar a su hijo sin que se despertase”, comenta.

Para realizar el estudio, en el que también ha participado la Universidad de Trento (Italia), el equipo ha contado con una muestra de 21 bebés de hasta 7 meses de edad. Es una cifra pequeña que la propia investigadora reconoce como preliminar, por lo que se necesitarán más investigaciones futuras. La investigación ha consistido en 32 sesiones en las que han monitorizado a los lactantes mediante electrocardiogramas para medir su frecuencia cardiaca, y cámaras de vídeo para registrar sus expresiones y movimientos.

Los científicos ha comparado cuatro métodos: pasear con los niños en brazos, permanecer sentados mientras los cogían, dejarlos en una cuna estática y utilizar una cuna mecedora. Tanto el primero como el último método conseguían calmarlos, por lo que se sugiere que no es suficiente sostener a los niños cuando se alteran y es necesario el movimiento. Después de esos cinco minutos de paseo, ninguno lloraba y el 45% se había dormido.

Esto no tiene por qué ser fruto de un instinto de conexión maternofilial. Kuroda explica que no tiene que ser necesariamente la madre la que se encargue de ello para conseguir un resultado exitoso, puede ser el padre o un cuidador. “Lo importante es que sea una persona del entorno a la que esté acostumbrado y con la que se sienta seguro”, aclara. La científica asegura que el estudio solo se ha llevado a cabo con bebés en el momento en que empezaban a llorar, no cuando estaban tranquilos para dormirlos. Para esto último no hay datos del efecto de la técnica. El movimiento únicamente sirve en la primera fase para calmar a los niños, pero no cuando están dormidos. Una vez que ocurre esto y su sueño se estabiliza, las autoras aseguran que descansan mejor si están acostados que si permanecen en los brazos de sus progenitores.

El vicepresidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), Pedro Gorrotxategui, es escéptico con la investigación. “Es una experiencia a tener en cuenta, pero es muy difícil extrapolarla a la población general”, expresa. Hace hincapié en que las condiciones de un estudio siempre están controladas para ser de una determinada manera, “pero luego en la vida real eso puede cambiar mucho”, añade el doctor.

El experto afirma que el movimiento calma a los pequeños cuando están inquietos y lloran, pero desde la AEPAP no recomiendan dormirlos en los brazos. Gorrotxategui explica que de noche ocurren “pequeñas interrupciones del sueño” en las que los bebés pueden despertarse por un momento y, si no han iniciado el sueño en la cuna por sí solos, extrañarán el entorno y será más fácil que se desvelen por completo.

Kuroda explica que, además de ampliar la muestra, el siguiente paso del estudio es medir la frecuencia cardiaca de los bebés con relojes inteligentes conectados a través de bluetooth a un teléfono móvil. Así se podrán recoger las mediciones de manera más precisa, dice la investigadora.

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