Thierry Philip: “Si los europeos menores de 20 años dejasen mañana de fumar, la mortalidad por cáncer se reduciría a la mitad en 50 años”

El presidente de la Organización de Institutos Europeos del Cáncer denuncia la desigualdad entre países en la detección y tratamiento de un tumor y reclama más recursos para recortar la brecha en el acceso al sistema de salud

El oncólogo Thierry Philip, presidente de la Organización de Institutos Europeos del Cáncer, en Valencia, durante el congreso de la entidad que encabeza.
El oncólogo Thierry Philip, presidente de la Organización de Institutos Europeos del Cáncer, en Valencia, durante el congreso de la entidad que encabeza.Ana Escobar

Ha sido un junio movido para el profesor Thierry Philip (París, 72 años). El oncólogo, responsable del Instituto Curie, en la capital francesa, y presidente de la Organización de Institutos Europeos del Cáncer (OECI, por sus siglas en inglés), hizo más de 13.000 kilómetros y un par de cruces al Atlántico en pocos días para llegar a todas partes: hace unas semanas voló al congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO) en Chicago y a mediados de mes, aterrizó en Valencia para asistir al encuentro anual de la OECI, que este año organizó como anfitrión la Fundación Instituto Valenciano de Oncología.

Ya lo dejó dicho a sus lectores en su blog: tocaba hacer “una pausa” porque, con tantas citas, no tendría tiempo ni para alimentar ese diario de vida donde reflexiona sobre la convulsa política de su país, los últimos hallazgos en oncología y las venturas —y desventuras— de su equipo de fútbol, el AS Saint-Étienne, que, muy a su pesar, acaba de descender a segunda división. Al cierre de esta entrevista, todavía le faltaba el viaje más importante: atravesar el continente africano hasta Isla Reunión, en medio del Índico, para conocer a su novena nieta, Emilie.

Pese al ritmo de trabajo frenético, Philip acudió puntual a la cita telemática desde Valencia, en pleno congreso de la OECI. Arrastraba un ligero resfriado y se le escapaba algún estornudo. “Creo que lo cogí trabajando en el jardín, así que supongo que es más alergia que un virus. Pero mejor que la entrevista sea por videoconferencia”, reía. Tenía por delante unos días de reuniones y conferencias sobre los avances en oncología y el leitmotiv del congreso europeo: el rol de la inteligencia artificial y el big data en la lucha contra el cáncer.

Pregunta. El congreso de la OECI pone el foco en la inteligencia artificial. ¿Cómo ha contribuido esta herramienta a la lucha contra el cáncer?

Respuesta. Es mejor hablar de machine learning [aprendizaje automático] que de inteligencia artificial porque, de hecho, se trata de llevar a la máquina a aprender lo que el médico y otros investigadores saben y a acumular esa experiencia para que aprenda a hacerlo de forma más rápida y, a veces, mejor. El machine learning ya se usa en la práctica, especialmente en diagnóstico y en patología, que es cuando miras al microscopio para definir qué tipo de tumor es. Pero esto no reemplazará al médico, sino que aprenderá lo que él sabe para hacerlo de forma más rápida.

P. ¿Y cuál es el futuro de estas herramientas?

R. El futuro es que en cada centro oncológico, el uso de la inteligencia artificial y el machine learning esté en el corazón de la organización. Será un proceso que aumentará la calidad de los centros.

P. ¿Hay mucha desigualdad en el abordaje del cáncer en Europa?

R. La calidad no es exactamente la misma. Vemos que en países del este, por ejemplo, la calidad es diferente por la falta de recursos económicos, fármacos o problemas organizativos. Debemos poner el foco en estos países donde esa calidad no es suficiente. Creemos que por cada cinco millones de habitantes debería haber un centro oncológico integral y después, una red de centros alrededor de este para que los pacientes, sea cual sea la puerta a la que llamen, reciban el mismo tipo de tratamiento.

En el futuro, probablemente con un análisis de sangre podremos saber quién está en riesgo de sufrir cáncer y quién no”
Thierry Philip, presidente de la Organización de Institutos Europeos del Cáncer

P. ¿Dónde están las desigualdades?

R. La primera está en la prevención, ya que el 40% de los tumores podrían evitarse si combates el tabaco, el alcohol y la mala alimentación. La segunda está en el acceso a los cribados y, particularmente, el de mama, el de colon o el de útero. La tercera desigualdad está en el diagnóstico precoz: necesitas que te diagnostiquen lo antes posible porque si es un tumor pequeño, puede ser tratado y tener más posibilidades de curación. Y después de esto, otra desigualdad es el tratamiento: si tú miras el mapa de Europa y ves, por ejemplo, el número de unidades de radioterapia, te das cuenta de que en algunos no hay suficientes y no todos pueden ofrecer a todo el mundo un acceso rápido a la radioterapia y a tratamientos como la cirugía, la quimioterapia o la inmunoterapia.

P. Más del 18% de los mayores de 15 años en Europa fuman a diario. ¿Europa, en general, está fallando en la prevención del cáncer?

R. Sí. Si cada joven menor de 20 años dejase de fumar mañana, la mortalidad por cáncer se reduciría a la mitad en 50 años. El tabaco es el mayor problema. Hemos progresado desde los años cincuenta: el número de tumores de cáncer de pulmón está cayendo en casi toda Europa entre los hombres, pero, paradógicamente, aumenta en las mujeres porque todavía entre ellas aumenta el consumo de tabaco. A pesar de que se puede hacer un screening con un TAC, detectar precozmente el cáncer y, en esos casos, llevar al paciente a cirugía y probablemente curar al 50% de ellos, la mayoría de tumores pulmonares llegan al hospital en un estado metastásico y, a los cinco años, la supervivencia es del 5%. Con la inmunoterapia, esto ha aumentado al 23%, pero alrededor del 80% todavía fallecen. Tenemos que hacer mucho más esfuerzo para combinar radioterapia e inmunoterapia y, tal vez, podemos llegar al 25% o al 30%. Pero lo mejor es dejar de fumar.

P. Usted ha dicho que hay también inequidades en el acceso a cribados y tratamientos. ¿Cómo puede ayudar la inteligencia artificial a reducirlas? ¿Podremos predecir quién desarrollará cáncer en un futuro?

R. No lo sé todavía. Lo que sí sé es que probablemente en el futuro transformaremos el proceso de cribado porque seremos capaces de seguir el cáncer, tras el diagnóstico, usando un test de la sangre, mirando las células en la sangre. En el futuro, probablemente con un análisis de sangre podremos saber quién está en riesgo de sufrir cáncer y quién no. Y el que tenga riesgo, se someterá a mamografías, endoscopias, etc. Podremos hacerlo muy fácilmente porque será una prueba muy simple. Este será el futuro para luchar contra la desigualdad.

Thierry Philip, antes de atender a EL PAÍS por videoconferencia desde Valencia
Thierry Philip, antes de atender a EL PAÍS por videoconferencia desde ValenciaAna Escobar

P. La atención al cáncer ha sufrido mucho el impacto de la pandemia en toda Europa. ¿Cuándo se recuperará?

R. Hay varios problemas tras la pandemia. El primero es que, en 2020 y 2021, no hubo cribados, ni diagnósticos precoces, ni accesibilidad al hospital. Y estamos seguros de que, por esto, la mortalidad aumentará por primera vez en 10 años. El segundo problema es que ha cambiado la forma en la que la gente ve el trabajo y no quiere trabajar como antes. Por ejemplo, en París, el 20% de las camas de los hospitales están cerradas porque faltan enfermeras, sobre todo por las noches. Necesitamos encontrar una manera de atraer enfermeras y que se queden.

El único impacto positivo de la pandemia es que, por primera vez, durante la pandemia, todos los países decidieron comprar vacunas juntos, lo que significa que también pueden abordar la atención al cáncer de manera conjunta.

P. Los tratamientos contra el cáncer, precisamente, son cada vez más caros. ¿El sistema de salud puede dejar de ser sostenible?

R. Esto es una cuestión importante. Si miras Francia, por ejemplo, en 2008, el coste total de los fármacos oncológicos, especialmente quimioterapia porque aún no había llegado la inmunoterapia, fue de un billón de euros. Ahora, un billón de euros es lo que aumenta el gasto cada año y esto es insostenible. ¿Y qué hacemos para resolverlo? Primero, transparencia para poder entender los precios de los medicamentos porque las compañías farmacéuticas venden los fármacos a distintos precios en Francia, Italia, España, Polonia o Rumanía, por ejemplo. Nosotros tenemos que entender el precio, por qué es más bajo en un país que en otro, ir a las farmacéuticas y decir: esto no lo puedo pagar.

Muchos de estos medicamentos son muy caros comparado con lo que cuesta sacarlos al mercado, porque en buena parte de estos fármacos, el inicio de la investigación empezó en un laboratorio académico, o sea, que se pagó con dinero público. Así que no pueden decir que el precio se explica por el largo tiempo de investigación que llevó ese medicamento porque ese largo tiempo fue en un laboratorio público.

Tenemos que entender el precio de los medicamentos, por qué es más bajo en un país que en otro, ir a las farmacéuticas y decir: ‘Esto no lo puedo pagar”
Thierry Philip, presidente de la Organización de Institutos Europeos del Cáncer

P. Durante la pandemia, hubo una compra conjunta de vacunas. ¿Este ejemplo sería reproducible con una compra conjunta de, inmunoterapias contra el cáncer?

R. Sí. Lo que pasó con las vacunas abrió una puerta y vemos que esto es parte de la solución. Una parte es la transparencia y otra, es la red de relación entre países ricos y menos ricos para combatir la desigualdad. Porque el problema para Europa no es pasar de una supervivencia del cáncer infantil del 80% al 85% en Francia —que también es importante—, sino asegurarse que cualquier niño en Europa tiene un 80% de posibilidades de curarse de su cáncer. Y ese no es el caso todavía.

P. No es lo mismo tener un cáncer en España que en un país de Europa del Este, por ejemplo.

R. No. Lo que podemos hacer es poner a todo el mundo en la misma bolsa comprando fármacos a nivel europeo y luego, distribuirlos a todos los países, incluyendo, si es necesario, alguna ayuda de Europa en los países menos ricos para luchar contra la desigualdad. Queremos más dinero de Europa para los que tienen menos. Si queremos luchar contra la desigualdad, no necesitamos dar más dinero a Francia, Alemania, Italia o España; necesitamos dar dinero a Polonia, a Rumania y a otros países del Este. Luchar contra la desigualdad significa ser desigual en la distribución del dinero europeo en lo que al país se refiere.

Puedes seguir a EL PAÍS Salud y Bienestar en Facebook, Twitter e Instagram.

Sobre la firma

Jessica Mouzo

Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.

Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS