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Las grandes cuentas pendientes de El Pequeño Nicolás

La Fiscalía ya ha pedido casi 30 años de prisión contra Gómez Iglesias, que vuelve a la actualidad por agredir a un camarero

El Pequeño Nicolás, en la Audiencia Provincial de Madrid, el pasado mayo. En vídeo, sus declaraciones tras la suspensión del juicio en mayo.

El día que Francisco Nicolás Gómez Iglesias, El Pequeño Nicolás, le vio realmente las orejas al lobo se encontraba sentado en la antesala de la sección 17 de la Audiencia Provincial de Madrid. Desencajado, sudoroso y nervioso, su entonces abogada le pidió ayuda a una funcionaria para tratar de que se calmara. No tuvo éxito. Solo la suspensión del juicio, tras renunciar la letrada a defenderlo, le permitió suspirar aliviado. "Me siento triste", añadió a continuación el joven, que salió disparado de la primera gran causa que le llevaba al banquillo, en el que la Fiscalía pide encarcelarle siete años por hacerse pasar por un emisario de Felipe VI. Un aplazamiento que le regaló algo de tiempo extra antes de afrontar el calvario judicial que le aguarda en los tribunales en 2020.

Porque, desde que se desvelaran sus andanzas a finales de 2014, este hombre de 25 años "con carita de bueno" —como lo definió en una ocasión Esperanza Aguirre (PP)— ha conseguido sortear con éxito a la justicia durante más de un lustro. Aunque el CNI logró sentarlo en el banquillo por injurias y calumnias, terminó absuelto en una vista donde su defensa alegó que sufre un trastorno mixto de personalidad narcisista de carácter grave que provoca que distorsione la realidad.

Un argumento que tendrá la posibilidad de volver a esgrimir en los próximos meses, cuando se enfrentará a una solicitud total de penas de casi 30 de años de cárcel. La magistrada María del Pilar Martínez Gamo ordenó hace dos semanas abrir juicio oral contra Gómez Iglesias por dos causas incluidas en la macroinvestigación contra El Pequeño Nicolás. Según consta en los autos, la juez considera que existen indicios suficientes para sentarle en el banquillo, en estos casos, por hacerse pasar por un asesor del Gobierno para estafar a un empresario de Toledo y por crear una red para obtener información confidencial de las bases de datos policiales. Solo en estas dos pesquisas, el ministerio público le pide un total de 15 años y 9 meses de cárcel y se le imputan delitos de usurpación de funciones públicas, falsedad en documento oficial, estafa, integración en grupo criminal, descubrimiento y revelación de secretos, cohecho activo y cohecho pasivo.

A estas peticiones de penas se suman, por supuesto, la solicitud de la Fiscalía de otros siete años de prisión por suplantar a un enviado del Rey en un viaje a Galicia —cuyo juicio se prevé celebrar esta primavera— y otros 4 años y seis meses por falsificar su DNI para que uno de sus amigos se presentara por él al examen de selectividad. Pero es que, además, aún quedan otras dos líneas de investigación abiertas en estas pesquisas, que sirvieron también para destapar los espionajes del comisario jubilado José Manuel Villarejo, encarcelado por la Audiencia Nacional y procesado por Martínez Gamo por grabar y difundir una reunión entre la policía y el CNI sobre Nicolás Iglesias. "Está claro que este fue uno de los encargos que recibió Villarejo", comenta el abogado Alejandro Gámez, que representa a Podemos en esta causa, donde se ha personado como acusación popular, y que considera el caso Pequeño Nicolás como el "germen" de muchas causas posteriores.

"Fue la primera que casó los intereses económicos y políticos con la existencia de una policía corrupta", prosigue Gámez, que lamenta que la juez y la Fiscalía no hayan querido indagar más en esas relaciones. "Comprendo las dificultades que tenía antes de saltar el caso Villarejo, pero ha habido una falta de voluntad de investigar más allá y se ha quedado todo en una contención de daños", afirma el letrado, que explica cómo la propia Audiencia Nacional envió a la juez tres CD e informes policiales de la Operación Tándem, donde se investigan los negocios del comisario jubilado, para que los incorporara a la causa. "Pero los devolvió".

Televisión

El éxito judicial en esa primera pelea con el CNI por las injurias no le ha servido de advertencia al joven Gómez Iglesias para tratar de pasar desapercibido y rebajar su perfil público a la vista de la batalla legal que aún le esperaba. Habitual de los shows de televisión y de la noche madrileña, en estos últimos meses ha fundado su propio partido político, anunciado la colaboración con una productora que prepara una serie sobre su vida y acabó detenido el pasado noviembre en un restaurante venezolano de Madrid tras intentar supuestamente agredir a un camarero. Además, la pasada semana, se presentó en la Cumbre del Clima que se celebra en Madrid y, de forma enigmática, aseguró a los periodistas: "Estoy acreditado y tengo diferentes reuniones". Eso sí, sin concretar nada más.

Desde que estallara el caso, los investigadores han considerado a El Pequeño Nicolás un estafador. Su figura se asemejaría a los personajes que la jerga policial define como un timador de "cuento largo". La Abogacía del Estado ya se ha manifestado, incluso, de forma drástica contra él y ha subrayado que sus apariciones públicas y entrevistas tienen por objetivo un "ánimo de lucro" y, por ello, en el juicio por las injurias al CNI, pidió actuar de forma contundente para "evitar que cualquier ciudadano pueda hacerse famoso diciendo cosas que no son ciertas en relación con personas relevantes y funcionarios". Gómez Iglesias se defendió de todo ello con tono institucional: "Vengo de una familia militar por parte de padre, madre, tíos y abuelos, de rangos superiores del Ministerio de Defensa, que me han inculcado respeto a quienes trabajan para todos nosotros". Habrá que ver cómo sigue la película en 2020. 

Los casos que envían al joven al banquillo

  • Viaje a Ribadeo. En este juicio, suspendido en mayo, se acusa a Iglesias de hacerse pasar por emisario de Felipe VI y fijar un almuerzo con el presidente de Alsa, Jorge Cosme, en un restaurante de Ribadeo (Lugo). Antes de viajar, contactó con el Ayuntamiento y la Policía Local, que le prepararon una comitiva de bienvenida al convencerles de ser un enviado del Rey. 
  • Examen de Selectividad. La juez también lo envío al banquillo, junto a un amigo y a una funcionaria de policía, por haber participado en la falsificación del DNI de El Pequeño Nicolás para que el amigo hiciera la selectividad en su nombre. 
  • Estafa en Toledo. El joven se presentó ante un empresario como intermediario del Gobierno, que supuestamente podía facilitarle la venta de un inmueble en Toledo. Habló en nombre de la entonces vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y entregó documentación con membrete del Ejecutivo. 
  • Datos confidenciales. Con la ayuda de policías municipales, El Pequeño Nicolás accedió supuestamente a bases de datos de Interior, con información como placas de matrículas, líneas de teléfonos o números de identificación.
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