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Felipe VI deja Cataluña satisfecho de haber estado “donde debía”

La Casa del Rey cree que el principal mensaje del Monarca en Cataluña es su propia presencia

El Rey y la Princesa de Asturias, este martes, en el Palacio de Congresos de Catalunya, en Barcelona.
El Rey y la Princesa de Asturias, este martes, en el Palacio de Congresos de Catalunya, en Barcelona. DAVID ZORRAKINO - EUROPA PRESS

“Hay ocasiones en que las presencias adquieren un significado más trascendente que las palabras; en las que, a través de actitudes, se expresan también profundas convicciones y sentimientos”, afirmó el Rey en la entrega de los Premios Princesa de Girona el lunes por la noche en Barcelona. "Y hoy es una de esas ocasiones, una de esas ocasiones importantes", añadió.

Felipe VI, su esposa y sus dos hijas abandonaron este mediodía la capital catalana poniendo fin a una visita de poco más de 40 horas. En la Casa Real se respiraba satisfacción y alivio.

Las circunstancias se habían conjurado para complicar la visita hasta límites inimaginables hace unos meses: en plena campaña electoral y en medio de una ola de disturbios en Cataluña sin precedentes en los últimos años.

Las manifestaciones de los partidos independentistas y el ambiente de hostilidad generado en parte de la sociedad obligaron a recluir a la familia real dentro del complejo formado por el Palacio de Congresos y el hotel Juan Carlos I, en una burbuja de seguridad blindada por los Mossos y la Policía Nacional, que solo abandonaron para ir y venir del aeropuerto, en una caravana de vehículos.

Pese a ello, según fuentes gubernamentales, en ningún momento se planteó suspender la visita. Al contrario, se consideraba “más necesaria que nunca en estos momentos”. Más allá de sus palabras de rechazo a la violencia y la intolerancia, el mensaje de Felipe VI era su propia presencia en Cataluña. “Ha estado donde tenía que estar”, alegan las mismas fuentes.

El jefe del Estado ha demostrado que nadie puede vetarle ni impedir su presencia en Cataluña, incluso en los momentos más difíciles. El hecho de que haya venido acompañado por sus dos hijas traslada, además, un mensaje de tranquilidad. Y el fluido catalán exhibido por su hija Leonor, la heredera del trono, unánimemente elogiado, supone un gesto de cercanía por parte de la familia real.

Por lo demás, las jornadas se han desarrollado conforme a lo previsto, sin que las protestas hayan alterado el programa. La manifestación que cortó la avenida Diagonal el lunes por la tarde dificultó la llegada de algunos invitados que no hicieron uso de los autobuses fletados por la organización, pero no evitó que se llenara un auditorio con 1.300 butacas.

La situación este martes era ya de completa normalidad en los alrededores del recinto. El Rey fue el más madrugador para asistir, sentado entre el público, a la sesión plenaria que, bajo el título “el talento atrae al talento,” reunía a jóvenes promesas con expertos ya consolidados. Luego se unieron la Reina y sus dos hijas, Leonor y Sofía, antes de repartirse en distintas conferencias.

Los cuatro acabaron en un taller dedicado a idear medidas contra el cambio climático: el equipo del que formaban parte el Rey y Leonor ideó un aula donde la electricidad fuera producida por pupitres con bicicletas fijas; mientras que el de la Reina y Sofía planteó ilustrar las bolsas del supermercado con fotografías de cormoranes muertos en cuyo interior se apreciaran partículas de plástico. “Pedalea por la sostenibilidad”, vendió su idea el Rey, convertido en publicista. “¿Comprarías esta malla de mandarinas?”, preguntó la compañera de la Reina. “Ahí lo dejamos”, remató ella.

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