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Marchena advierte de la falta de jueces en la Sala Penal para valorar futuras causas relacionadas con el ‘procés’

"La sentencia era el oscuro objeto de deseo de muchos", reconoce el presidente del tribunal que juzgó a los líderes independentistas

El juez Manuel Marchena, durante una sesión del juicio al procés. En vídeo, Marchena advierte de la falta de jueces en la Sala Penal para valorar futuras causas relacionadas con el ‘procés’.

El presidente del tribunal del procés, Manuel Marchena, ha advertido este miércoles de las dificultades que tendrá el Tribunal Supremo para analizar los futuros recursos que puedan llegar de otras causas relacionadas con el procés e incluso juicios que tengan que celebrarse en el alto tribunal, como el del expresidente Carles Puigdemont, aunque Marchena no ha citado expresamente su caso. Asimismo, el juez ha indicado que "la sentencia era el oscuro objeto de deseo de muchos", en referencia a los ataques recibidos por su correo electrónico en busca de información confidencial. 

El magistrado ha expuesto este aviso a la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), ante la que ha presentado su proyecto para renovar como presidente de la Sala de lo Penal del Supremo, para la que es el único candidato. La Sala de lo Penal cuenta actualmente con 15 magistrados y 13 de ellos ya han intervenido en una u otra fase de la causa del procés, por lo que, en principio, estarían contaminados para trabajar en las que quedan por llegar.

El Poder Judicial investiga la filtración de la sentencia

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) está investigando la filtración de la sentencia del procés. Así lo ha desvelado el presidente del Consejo y del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes, al ser preguntado por las informaciones de varios medios de comunicación que la semana pasada adelantaron el fallo judicial. La investigación del CGPJ se ha abierto a raíz de una denuncia presentada por el pseudosindicato Manos Limpias este martes, aunque Lesmes ha señalado que el Consejo suele investigar de oficio todas las filtraciones. “El tribunal tienen un deber de confidencialidad, de secreto. Las primeras personas que tienen que tener conocimiento de una sentencia son las partes”, ha señalado el presidente del Supremo, que ha calificado de “negativa” la fitración.

"La idea de que la sala que ha valorado el testimonio de 500 testigos, ha escuchado a 12 acusados, ha examinado metros cúbicos de documentos está en disposición de juzgar hechos similares con distintos protagonistas nos sitúa en una posición difícil”, ha afirmado Marchena. A los siete magistrados que han juzgado el procés se suman el instructor de la causa, Pablo Llarena; la juez Carmen Lamela, que se ha incorporado recientemente al Supremo desde la Audiencia Nacional, donde ordenó los primeros encarcelamientos de miembros del Govern; y Julián Sanchez Melgar, que fue fiscal general del Estado cuando al causa ya estaba abierta. Además, hay tres magistrados que han formado parte de la Sala de Apelaciones y han resuelto recursos de los acusados del procés. De los actuales componentes de la sala, solo los dos más nuevos, Eduardo de Porres y Susana Polo, no han intervenido en nada relacionado con el procés.

“Si tuviera que repetirse el juicio o cualquier parte tendríamos la dificultad de cómo formar la sala”, ha señalado Marchena. El presidente del tribunal ha recordado que hay jurisprudencia que admite que la sala que juzga a una parte de acusados “puede valorar ese fragmento del juicio histórico referido a uno o dos de los protagonistas”, pero, en cualquier caso, habría que deliberar sobre ellos y “arbitrar mecanismos”. Una posibilidad es que se incorporen para esos asuntos magistrados de otras salas.

Marchena se ha referido también a las filtraciones sobre el fallo del procés. “Lo lamento mucho. Es un mal al que hay que hacer frente”, ha afirmado. “El consuelo que me queda es que no se haya filtrado la sentencia en sí”. “El hecho de que se haya intentado conocer el contenido de la sentencia es algo que todos los magistrado estábamos convencidos de que iba a ser así. Mi correo personal fue objeto de un hackeo con el confesado propósito en Twitter de conocer cuáles eran los documentos que yo intercambiaba con los compañeros. Era el oscuro objeto de deseo de muchos".

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