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Sánchez pulsa la voluntad de PP y Cs de pactar en asuntos de Estado

Tras haberle llamado "okupa" y presidente "ilegítimo", Sánchez quiere saber si sus adversarios acceden a normalizar la relación institucional

Pedro Sanchez recibe a Pablo Casado en la Moncloa el pasado 2 de agosto.

La lucha partidista continúa sin que la celebración de las elecciones generales haya supuesto una tregua para la no agresión. En 48 horas el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, podrá saber si es posible establecer una relación institucional con los líderes del PP, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Albert Rivera. A ambos, por separado, los ha citado en La Moncloa —Casado este lunes y Rivera, el martes— para abrir una vía de diálogo en asuntos de Estado. La llamada, que según fuentes socialistas no está relacionada con la petición de apoyo para la investidura, ha despertado los recelos de los líderes del PP y Ciudadanos.

Hasta ahora Sánchez era para ambos un presidente “ilegítimo”, un “okupa”, al haber llegado a La Moncloa por la figura constitucional de la moción de censura, y por no haber convocado elecciones hasta nueve meses después. Un plazo demasiado largo para las dos formaciones. Además, ambos partidos y sus líderes han proclamado en la reciente campaña electoral que el socialista “está fuera de la Constitución” al sostener que se ha postrado ante el independentismo catalán.

El enfrentamiento más puro y descarnado ha sido el marco en el que el PP y Ciudadanos han establecido su relación con Sánchez durante los meses del mandato del socialista y, especialmente,  durante la campaña electoral. Tras la victoria del PSOE del pasado domingo 28 de abril, Sánchez, quiere saber de manera directa, sin intermediarios y sin focos, si hay alguna posibilidad de que sus adversarios accedan a normalizar la relación institucional o, si, para ellos, nada ha cambiado.

La realidad es que todo apunta a que Sánchez será el próximo presidente del Gobierno pero hasta entonces tiene que cumplir con su tarea institucional como presidente en funciones. Esta misma semana asistirá a un Consejo Europeo informal en Rumania, y de ello les quiere hablar, además de asuntos europeos de la máxima relevancia. No les cita para pedirles el apoyo para la investidura, señalan fuentes gubernamentales, sino para establecer “un hilo de comunicación”. Quienes han interpretado que Sánchez trata de suplantar el papel del Rey se equivocan totalmente, señalan las mismas fuentes. “Esto no es una ronda sino una toma de contacto con el segundo y tercer partido del país”, señalan estos interlocutores.

No es la ronda del Rey

En puridad, la ronda del Rey se realizará después de la constitución de las Cámaras el próximo día 21 y la formación de los grupos parlamentarios. Felipe VI llamará a sus representantes aunque previamente el aspirante a la presidencia, en este caso Sánchez, ya habrá hecho su ronda de contactos para saber si cuenta con los apoyos suficientes para presentarse ante el Rey con la seguridad de que sacará adelante su investidura. Dicha ronda se pospondrá hasta después de las elecciones locales, autonómicas y europeas del 26 de mayo.

La convocatoria de Sánchez despierta dudas en ambas formaciones, según las fuentes, que ven en ella afán de notoriedad. Los resquemores con los que Casado y Rivera acuden a la reunión no han sido expresados abiertamente, pero los prolegómenos apuntan a que no hay predisposición a hacer gestos que puedan beneficiar a Sánchez.

Las expectativas son bajas. Las manifestaciones del presidente del PP sobre el papel del Gobierno de España en relación con la crisis de Venezuela el pasado viernes han causado honda preocupación en La Moncloa. Después de que el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, advirtiera al líder opositor venezolano Leopoldo López de que no podía hacer “activismo político” en la residencia del embajador español en Caracas, Casado acusó a Sánchez de estar del lado “de los dictadores y no de los demócratas”.

Hasta después del 26-M “van a seguir satanizando a Pedro Sánchez”, expresan fuentes socialistas. Y eso es lo que el lunes y el martes quiere comprobar el líder del PSOE.

El Gobierno se resiste a la presión de Podemos para una coalición

Las reuniones convocadas por Pedro Sánchez en La Moncloa serán de muy distinta naturaleza. Sí habrá similitudes entre las que mantendrá hoy y el martes con Pablo Casado y Albert Rivera, aunque los dos pujen por el mismo espacio. Pero la del martes por la tarde con Pablo Iglesias, tendrá, en el fondo, una mayor trascendencia. El líder de Unidas Podemos no va a perder el tiempo ni esperar a después de las elecciones locales, autonómicas y europeas del 26 de mayo para hablar de la investidura de Sánchez. Su intención es abordarla de inmediato, el martes mismo, y la premisa mayor para que Sánchez repita en la presidencia del Gobierno debe ir precedida de un pacto entre el PSOE y Unidas Podemos para formar un Gobierno de coalición.

No es esa la intención de Sánchez. No lo era antes de las elecciones y no lo es después de las mismas, tras el resultado electoral obtenido por los socialistas el pasado 28 de abril. El PSOE ha logrado 123 diputados, mientras que Unidas Podemos ha quedado en cuarto lugar con 42 escaños, después de los 66 del PP y los 57 de Ciudadanos.

Los números refuerzan a los socialistas en su negativa a abrir las puertas del Gobierno a políticos de otros partidos. “No lo hemos hecho con 84 diputados y no lo queremos hacer ahora”, señalan fuentes de La Moncloa. Los motivos reales para negarse a una coalición no son explícitos. No es suficientemente reveladora la apelación de dirigentes socialistas de que en su partido “no hay cultura de Gobiernos de coalición en el ámbito nacional”, sí en los autonómicos, como tampoco la hay de cualquier otro partido en España. Lo cierto es que el PSOE no se imagina la posibilidad de compartir ministerios.

Sí están dispuestos los socialistas a discutir sobre un programa de gobierno. En eso sí tienen cultura y costumbre. Hubo un acuerdo programático muy trabajado con Ciudadanos en 2015, que se frustró; y otro con Unidas Podemos que también quedó en el camino por la imposibilidad de llevarlo a cabo al no tener la herramienta fundamental de los Presupuestos del Estado.

El Gobierno en funciones sostiene que la formación de Pablo Iglesias es fundamental para que el PSOE pueda gobernar, pero no lo aportan todo. Esta es una manera de decir que Iglesias no está en condiciones de exigir entrar en el Gobierno de tú a tú con los socialistas.

Los actuales ministerios rechazan esa posibilidad como también se oponen a la entrada de Unidas Podemos en los segundos niveles. Cada ministro quiere tener su propio equipo, sostienen algunos de ellos, para rechazar con énfasis esa hipótesis. Por tanto, el pulso será entre ofrecer un programa de gobierno (PSOE) o una coalición (Podemos).

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