Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

PSOE y Podemos abren un pulso por la forma en que gobernarán

Sánchez quiere gobernar en solitario pero Iglesias le exige una coalición estable. Las negociaciones no empezarán hasta después de las elecciones locales del 26 de mayo

Pedro Sánchez, este lunes en la Ejecutiva Federal del PSOE. En audio, las declaraciones de Carmen Calvo ayer en la SER. Audio: Cadena SER

Va a ser un pulso largo, y marcará el arranque del nuevo Gobierno. No será estridente, pero puede llegar a ser muy duro, porque los dos se juegan mucho. Pedro Sánchez, eufórico por su victoria electoral, que devuelve el liderazgo al PSOE 11 años después de perderlo y le permitirá con toda probabilidad seguir en La Moncloa, está decidido a intentar gobernar en solitario, y así se lo ha trasladado a Pablo Iglesias. Pero el líder de Unidas Podemos le ha dejado muy claro en público y en privado que esta vez no le dará el apoyo gratis y quiere entrar en el Gobierno. Lo dijo muy claro el domingo, aunque sabe que esta será una batalla larga y evitará meter presión a diario.

El PSOE no tiene prisa. De hecho todo indica que no habrá ningún avance importante en la negociación de la investidura hasta después de las elecciones autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo. Podemos tampoco parece ansioso: Iglesias dejó claro que esto irá para largo. Pero en los primeros escarceos ambos han mostrado que están dispuestos a aguantar su posición y jugar una larga partida de ajedrez en la que será clave quién aguanta mejor la presión en la recta final, que puede alargarse hasta el verano. Aunque antes sí habrá una negociación que mostrará las primeras cartas: la de la Mesa del Congreso, que tiene que estar terminada antes del 21 de mayo.

La relación entre Sánchez e Iglesias, entre el PSOE y Unidas Podemos, atraviesa el mejor momento de su historia. Prácticamente todos los asuntos relevantes de los últimos meses se han pactado sin problemas de forma discreta. Fueron incluso capaces de cerrar un detallado pacto presupuestario con decenas de medidas progresistas, algo inimaginable hace unos años. El acuerdo quedó en nada porque los independentistas hicieron caer los Presupuestos, pero mostró un camino de acuerdo que abre la vía a un Gobierno de izquierda en España como en Portugal. Sin embargo, en la cuestión del Gobierno de coalición ambos tienen interés contrapuestos, y el pulso seguirá de forma discreta hasta que se alcance una solución.

El presidente está muy cómodo con la fórmula del Gobierno en solitario que ha experimentado en estos 10 meses. El Ejecutivo no ha vivido tensiones internas relevantes más allá de los choques habituales entre ministerios con asuntos sensibles como el de la venta de bombas a Arabia Saudí, que fue uno de los momentos más complicados del Gobierno. Para evitar fisuras es muy importante, según la visión de La Moncloa, que Sánchez haya elegido a todos los ministros con total libertad —su dominio en el PSOE es absoluto— . Sánchez no quiere perder ese control. Además, una coalición con Podemos tiene problemas para otros socios potenciales, como el PNV o Coalición Canaria.

Iglesias tiene exactamente el interés contrario. En Unidas Podemos creen que la caída de 35 diputados que han sufrido en estas elecciones tiene muchas causas, entre ellas la batalla interna que ha terminado con la salida de Íñigo Errejón, que fue mano derecha de Iglesias y fundador, pero también están convencidos de que el apoyo externo al Gobierno de Sánchez les ha perjudicado mucho.

Y para demostrarlo citan la medida estrella de estos meses, la subida del salario mínimo a 900 euros. Fue impulsada por Podemos en la negociación presupuestaria. Tenía su paternidad. Y sin embargo, ha sido Sánchez el que más partido político le ha sacado porque muchos ciudadanos lo ven como una decisión del Gobierno, en el que Podemos no está. Por eso Iglesias está decidido a dar ese salto.

La duda, que se resolverá en las próximas semanas, es hasta dónde pueden llegar ambos en su pulso. Porque lo que tienen claro los dos es que finalmente habrá un acuerdo. El PSOE cree que tiene una baza negociadora: Podemos no puede permitirse el lujo de no apoyar la investidura de Sánchez porque su electorado no lo entendería. Pero Podemos también tiene su fortaleza: Sánchez necesita 53 escaños para llegar a la mayoría absoluta, y la formación morada le aportaría 42 de ellos. Ya no es una relación casi de igual a igual como era ahora, el PSOE tiene casi el triple de escaños, pero Podemos no los va a entregar gratis.

Además reclama que se use la misma lógica que es habitual en otros países europeos, donde las coaliciones son la norma, o incluso en España en la Comunidad Valenciana, donde Ximo Puig ya estaba ofreciendo este lunes consejerías tanto a Compromís como a Podemos con total normalidad.

Lo que no parece tener el PSOE a disposición es la otra baza negociadora, la de amenazar a Unidas Podemos con irse con Ciudadanos. Los socialistas podrían jugar con esa opción, que suma 180 diputados, pero este lunes quedó casi prácticamente descartada por la enorme tensión que hay entre estas dos formaciones. José Luis Ábalos, hombre fuerte del PSOE, desveló un detalle que indica hasta qué punto la tensión entre Sánchez y Albert Rivera supera lo político. Explicó que el líder de Ciudadanos es el único que no llamó al presidente para felicitarlo, algo inaudito en los usos y costumbres de la democracia española. Pablo Casado sí llamó.

Pese a que en el mundo empresarial empezó a desplegarse una tímida operación de presión, desde Ciudadanos la cortaron rápidamente descartando cualquier acuerdo. Albert Rivera no tiene ahora ningún interés en ese acuerdo porque ve más que nunca a tiro la posibilidad de arrebatar al PP el liderazgo de la derecha.

Si en las elecciones autonómicas y municipales mantiene la línea ascendente que ha demostrado en las generales, podría ganar al PP en lugares clave como Madrid, y tener por primera vez presidentes o alcaldes importantes. Eso reforzaría su batalla para dar el asalto definitivo al PP. Lejos de querer un acuerdo con el PSOE, lo que pretende Rivera es convertirse en el gran rival de los socialistas en las próximas elecciones, desplazando al PP. Por eso no tiene ningún incentivo para buscar un acercamiento que en este momento parece inviable.

Las batallas cruzadas empiezan pues a desplegarse, pero de momento los políticos se van a dar una tregua y casi todos se tomarán el puente de mayo. Incluso se ha adelantado al martes el Consejo de Ministros para poder irse a descansar. La próxima semana, con otra campaña electoral en ciernes, empezará la segunda vuelta de esta interminable batalla por el poder. Solo después se negociará el Gobierno, con la posibilidad de vincularlo a los pactos tras las autonómicas y municipales. Va para largo.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información