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El mercurio del pez espada enfrenta a Roma y Madrid

Italia destruye semanalmente exportaciones españolas de grandes pescados al detectar niveles elevados del metal pesado. El Gobierno de Rajoy cuestiona los análisis

Un operario mueve un pez espada esta semana en un mercado.
Un operario mueve un pez espada esta semana en un mercado.

La presencia de mercurio en los grandes depredadores del mar —sobre todo en el emperador y el pez espada, pero también tiburones como la tintorera y el marrajo— ha abierto una refriega comercial y de salud pública entre España e Italia. El país transalpino retiró del mercado y destruyó el año pasado 50 lotes de origen español —casi uno por semana— de estas especies al detectar en ellos niveles de mercurio superiores al máximo legal fijado por la Unión Europea (UE), de un miligramo por kilo. Un informe del Gobierno español, sin embargo, cuestiona los análisis hechos por las autoridades italianas y considera que están causando pérdidas millonarias injustificadas a los productores nacionales.

El litigio tiene en vilo a un sector que mueve más de 500 millones de euros al año solo con estas especies, de las que dependen un centenar de barcos y más de 2.000 empleos. “Están destruyendo envíos de varias toneladas que valen decenas de miles de euros de forma incomprensible”, se queja Emilio Martínez, de la empresa gallega Espaderos del Atlántico. “Nosotros sometemos cada lote a estrictos análisis que dan resultados muy por debajo del límite y que luego en Italia los superan. Hay algo que no encaja”, añade.

Según datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, la flota española es de largo la mayor productora mundial de emperador y pez espada, nombres que se utilizan indistintamente para especies muy parecidas entre sí. Italia, a su vez, es el principal consumidor y cada año importa de España unas 15.000 toneladas, valoradas en más de 120 millones.

Los datos del sistema de alertas rápidas en seguridad alimentaria de la Unión Europea (RASFF, en sus siglas en inglés) ilustran la magnitud del litigio. Si todo el comercio de pescado entre los 28 Estados miembros motivó en la última década 459 alertas por la presencia de mercurio, solo las lanzadas por Italia por pez espada y tiburón españoles representan dos terceras partes del total (295). La alerta es la notificación más grave sobre una incidencia alimentaria que prevé la UE y exige la retirada y destrucción del producto al considerarse que entraña un riesgo para la población.

Las repetidas alertas italianas han catapultado en la última década a España hasta los primeros lugares de la denostada lista de los 10 países del mundo cuyas exportaciones alimentarias más avisos generan en la red europea de seguridad alimentaria. Este hecho llevó al Gobierno español a mover ficha en 2015 ante “las grandes repercusiones económicas y comerciales” del caso, según consta en un informe remitido a la Comisión Europea a cuyas conclusiones que ha tenido acceso EL PAÍS.

El estudio, hecho por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición analizó con detalle 35 casos en los que Italia había notificado la presencia excesiva de mercurio. El objetivo era aclarar, entre otras cuestiones, hechos aparentemente inexplicables como los 24 lotes que en origen habían dado resultados negativos y que al llegar en Italia hicieron saltar las alarmas.

La agencia española, que ha declinado ofrecer más información sobre su trabajo, puso el foco en lo que, según todas las fuentes consultadas, está en el origen de la controversia: la forma en la que se toman las muestras para realizar los análisis. “El mercurio se acumula a lo largo de la vida de los grandes pescados en los tejidos grasos”, explica Victòria Castell, jefa de servicio en la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria. Por ello, Juana Parada, directora de la asociación de productores Organización de Palangreros Guardeses, lamenta que “si de un lote solo se analizan los ejemplares más grandes, y por tanto, de más edad, o la muestra se coge de la parte más grasa del pescado, los resultados de mercurio saldrán más altos”. “Esto puede llevar a destruir todo un lote por unas muestras mal tomadas”, añade.

Para evitar estos problemas, la normativa europea detalla exhaustivamente en el reglamento 333/2007 cómo las muestras deben ser tomadas y analizadas, de forma que los resultados sean lo más ponderados posible. Y es aquí donde España cuestiona los análisis italianos, hasta el punto de sostener en el informe que “en el 95% de las notificaciones investigadas” no quedaba acreditado que se hubieran cumplido “los procedimientos de muestreo” establecidos.

EL PAÍS ha tratado de obtener, sin éxito, la versión del Ministerio de Sanidad italiano sobre las conclusiones del informe español. La respuesta que ofrecieron a la Comisión Europea en 2015 era negar que sus análisis incumplieran los “requisitos del reglamento 333/2007”. En cualquier caso, las gestiones del Gobierno español no parecen haber surtido efecto alguno. Desde la elaboración del informe, las alertas se han seguido repitiendo hasta alcanzar el año pasado, con 50, su nivel más alto en una década.

Investigacion@elpais.es

Productores y ecologistas discrepan por los límites legales

Consumir pescado libre de mercurio no es una opción. En parte de forma natural y en gran medida por las emisiones lanzadas por el hombre, este metal pesado está disperso por el ambiente. Son las especies más pequeñas las que en cantidades mínimas lo introducen en la cadena trófica, por la que va acumulándose en cada escalón hasta llegar a los grandes depredadores del mar: pez espada, tiburones, atún rojo...Y así será durante mucho tiempo, ya que las medidas adoptadas en 2013 en la Convención de Minamata para limitar las emisiones de mercurio —que empezaron a entrar en vigor el año pasado— tardarán décadas en dar resultados.

La cuestión es, por tanto, fijar con base científica los niveles seguros para el hombre, teniendo en cuenta que el riesgo no está en un consumo puntual —nadie se intoxica por mercurio al comer un solo pescado—, sino que este se va acumulando en el organismo a lo largo de la vida. La normativa europea fija un límite de 0,5 miligramos para los pescados más pequeños (y más consumidos) y de un miligramo para las grandes especies. “Con estos límites, y en relación a la ingesta per cápita de cada especie, no hay riesgo alguno. Y los beneficios del pescado en la dieta son enormes”, afirma Victòria Castell. Con una excepción: “Los efectos neurotóxicos del mercurio sobre el desarrollo del sistema nervioso desaconsejan a embarazadas y niños menores de cinco años consumir las grandes especies”, añade.

No todos, sin embargo, comparten que los límites fijados por la UE sean los idóneos. Paco Ramos, de Ecologistas en Acción, sostiene que “conocidos los riesgos del mercurio, el principio debe ser que cuánto menos, mejor”. Para los productores, en cambio, “con este argumento extremo se expulsaría del mercado a estos y otros alimentos básicos y seguros”, afirma Juana Parada.

Los ecologistas, por ejemplo, cuestionan que el límite permitido para el pez espada, atún y tiburones sea el doble que el de otras especies. “No tiene otro sentido que el comercial, el dar salida a unos productos que de otra manera no podrían ser comercializados. Los límites actuales deberían reducirse”, afirma.

Los productores, en cambio, abogan por subir de uno a dos miligramos el máximo legal para el pez espada, cuyo consumo medio en España ronda el medio kilo por persona y año. “Existe aún un margen de seguridad muy amplio. Mucho más si tenemos en cuenta que el pez espada contiene un alto nivel de selenio, que reduce la absorción del mercurio”, afirma Emilio Martínez.