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La Marca España todavía sortea la prima de riesgo del desafío catalán

Expertos y consultores internacionales coinciden en que la crisis en Cataluña puede ser muy perjudicial si permanece mucho en el tiempo

Dastis junto a los responsables de la Marca España.
Dastis junto a los responsables de la Marca España. EFE

La Marca España aguanta bien el tirón y aún sortea con cierto prestigio la prima de riesgo del proyecto separatista en Cataluña. Los pocos medidores internacionales de reputación que se han ocupado de España en los últimos meses todavía valoran más el pujante crecimiento económico, la calidad de vida y del turismo, y las reformas efectuadas, que la incertidumbre separatista. Al menos por ahora. También señalan que ese desafío podía ser muy perjudicial si se mantiene mucho en el tiempo. El interés informativo internacional ha decrecido y la cobertura es ahora más aislada y completa.

Marca España, el organismo oficial que se encarga de la promoción exterior del país, presentó esta semana su nuevo despliegue en las redes sociales y su vídeo reputacional para proyectar durante 2018. Durante el acto el alto comisionado, Carlos Espinosa de los Monteros, intentó minimizar el impacto de “los sucesos de Cataluña” asegurando que había sido “fugaz” y “menor de lo que pensábamos”. Luego, en privado, confesó que aún no disponen de datos fiables internos para medir ese daño y se agarró a los avisos que sí han reflejado algunos centros especializados internacionales en general sobre el prestigio de España.

Carlos Espinosa de los Monteros citó expresamente a el Reputation Institute y a Brand Finance para presumir de que España aún no sale mal parada. Un dato que se puede completar con algunos signos preocupantes y otros esperanzadores.

El Reputation Institute mide desde hace 12 años la percepción emocional en los 55 principales países del mundo sobre la base de su calidad de vida, de la de sus instituciones y de su nivel de desarrollo. España creció un 5,2% en esas dimensiones en 2017, se situó en la posición 13 por delante de Alemania, Francia o Italia y también en cabeza entre los países más autocríticos, con Brasil, Sudáfrica e Italia.

Teresa de Lemus, la directora general de Brand Finance Spain, concluye al final de su informe: "Los eventos en Cataluña tienen un impacto directo en el riesgo de España. Una prima que aumentará si la independencia de la región se materializa. Los futuros valores de marca de España y Cataluña combinados podrían ser significativamente más bajos que el valor de marca actual de España".

El trabajo de campo de Brand Finance se efectúa normalmente sobre las principales compañías en 100 países y en ese computo general (Nation Brands) España fue en 2017 el tercero que más subió tras Chipre e Irlanda y pasó de la posición 14 a la 12. Cuando el director general de esa firma, Enrique Johnson, presentó este pasado diciembre en Madrid un apéndice de ese informe sobre 1.400 entrevistas (y otra 144 a consejeros delegados) en Italia, Francia, Alemania, Portugal, Holanda y Bélgica advirtió de que esa tendencia alcista que se venía observando desde 2014 corría el peligro de frenarse, especialmente en el sector del turismo. Y anticipó dos datos: que podría producirse una caída de turistas del 15,37% (12.000 millones de euros) y que el 85,7% de los consultados habían oído noticias y prestado atención en sus naciones a la cobertura del conflicto catalán.

El interés internacional por Cataluña decae

En la dirección de la propia Marca España, en el Ministerio de Exteriores y en La Moncloa, sin embargo, intuyen que la fiebre sobre Cataluña se ha controlado, aseguran que ya no reciben tantas preguntas de los corresponsales o enviados extranjeros ni se publican tantos reportajes y piensan que esa disputa sobre el relato internacional se ha equilibrado ya a su favor.

Fuentes del PP europeo que comprobaron en persona cómo en septiembre y octubre muchos dirigentes de otros países les inquirían sobre qué estaba sucediendo en Cataluña ahora ya no lo hacen ni lo quieren hacer ante la hipótesis de que el contagio se extendiese en Francia a Córcega, en Italia y Austria con el Tirol o en los Balcanes con Macedonia.

Raphael Minder, corresponsal en España de The New York Times y muy volcado en estos meses en esa crisis hasta el punto de haber publicado el libro La lucha por Catalunya. Política rebelde en España, comentaba esta semana que ya no le piden tantos artículos sobre el problema y que en muchos aspectos el contencioso se está prolongando ya con derivas de interés muy local.

Los analistas consultados coinciden en que todos esos peligros serán crecientes y más “desafiantes” si el proceso independentista se prolonga en el tiempo. No ha habido aún institutos de opinión o think tanks en Europa que hayan elaborado trabajos específicos al efecto. La investigadora del Instituto Elcano, Carmen González Enríquez, especializada en Cataluña, reconoce que faltan buenos datos y constata que durante unos meses el tono de las informaciones aparecidas en medios internacionales fue más bien crítico pero concluye que “la imagen de un país es consecuencia de muchos años y se asienta y necesita mucho tiempo e información”. La analista recalca, además, que España recibe cada año millones de turistas (82 en 2017) y que “la mayoría conocen el país, lo han visitado, tienen una idea viva y directa y aunque han visto los excesos policiales saben también que eso ha pasado en otras naciones de nuestro entorno”. Prevé un daño pequeño y que pasará al olvido.

El investigador belga Luk Van Langenhove, profesor del Instituto de Estudios Europeos y experto en este tipo conflictos, destaca que al caminar este creciente proceso “intranacional” hacia ninguna solución, al descartarse el papel mediador del Tribunal Constitucional, el daño en la reputación lo sufrirán ambos, el Estado y Cataluña, porque serán percibidos como “inestables” y porque a las “compañías, inversores y turistas no les gusta la inestabilidad”. El analista belga apunta también que en ese tipo de situaciones las personas que no están directamente implicadas tienen muchas dificultades para comprender cómo no es posible una solución y apuesta porque “con psicología y estatura de estado las dos partes se sienten a hablar y ceder con pequeños pasos hacia una solución final si no quieren que cale la impresión internacional de que España y Cataluña no funcionan bien”.

El ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, compareció esta semana en el Congreso para exponer planes de su departamento y comenzó por aceptar que la tensión interna sufrida en Cataluña había sido toda una prueba pero presumió de que había servido también para demostrar la solidez del modelo democrático español. Dastis asumió, ante las críticas de los nacionalistas catalanes, que se habían cometido fallos de comunicación que se tratarían de erradicar para el futuro con una mejor explicación de la realidad democrática española.

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