Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Dar esquinazo al tumor más mortífero

Un proyecto pionero extirpa los primeros signos de cáncer de páncreas a tres personas con antecedentes

Ana Toribio y Milagros Pérez ante el Hospital Ramón y Cajal.
Ana Toribio y Milagros Pérez ante el Hospital Ramón y Cajal.

Milagros Pérez y Ana Toribio le han dado esquinazo al cáncer más mortífero, el de páncreas. Hace unos meses las metieron en un programa de cribado por contar con la triste suerte de tener a varios familiares fallecidos por esta enfermedad que se lleva al 95% de los diagnosticados y que en 2014 mató a 6.278 personas.

Sus familiares son casualmente los mismos: padre, abuelo y tía paterna. Al enfermar el último de ellos, una tía en el caso de Milagros y su padre en el caso de Ana, los expertos del Hospital Ramón y Cajal, capitaneados por Alfredo Carrato, jefe del servicio, les ofrecieron formar parte de un proyecto para estudiar su estado de salud, su evolución y, en caso de encontrar pistas de la enfermedad, intentar erradicarlas.

Ana, 42 años, acudió con su hermana al hospital a hacerse una ecoendoscopia apenas cinco meses después de la muerte de su padre. “Íbamos las dos riendo, tan tranquilas”, empieza Ana. “En cuanto desperté de la intervención, me dijeron ‘te hemos visto un quiste’. No entendí lo qué me decían, estaba todavía adormecida de la anestesia. Cuando me explicaron todo lo que me tendrían que quitar me vi hueca por dentro. Me vine abajo, me vi morir”.

La intervinieron el 22 de junio de 2015 en el Hospital 12 de octubre. Decidió operarse en otro hospital porque no sintió empatía por parte del cirujano del Ramón y Cajal que habló con ella. Le quitaron, además del bazo, buena parte del páncreas (la cola y el cuerpo), aunque mantiene su cabeza. En el quiste había células precancerígenas.

A Milagros unos meses antes le pasó algo similar. Le dieron la noticia de que habían visto algo que no tenía buen aspecto en su páncreas. Fue justo en época de exámenes de sus hijos y disimuló varios días para no interferir en su capacidad de concentración y sacaran buenas notas. Se emociona cuando recuerda cómo su hija la sustituyó en las tareas del hogar mientras estuvo ingresada tras la intervención.

100 participantes

En total en el estudio han participado 100 personas y a tres de ellas les han detectado indicios de un cáncer incipiente, a Milagros, a Ana y a un varón que ha preferido no participar en el reportaje. “Este estudio es el único que está en marcha para personas de alto riesgo identificado”, empieza Carrato. “Muchos de ellos tienen un gen conocido que causa un incremento del cáncer páncreas o de mama, ovario o de colon, que también tienen más posibilidad de desarrollar cáncer en el páncreas”, continúa. “Estas dos pacientes son justo del grupo que no tiene ningún gen que conozcamos predisponga a la enfermedad porque todavía se sabe poco de este tema”.

A todos ellos les hacen una vez al año una ecoendoscopia. “Si vemos en el páncreas alguna lesión, tomamos una muestra y la analizamos”, sigue Carrato. “Si es cáncer o creemos que puede llegar a causar uno, lo discutimos en el comité multidisciplinar y damos recomendaciones sobre qué hacer”. Carrato afirma que siguen teniendo más probabilidades que otras personas de tener cáncer por sus genes, pero que ahora tienen menos posibilidades de sufrirlo.

Marién Castillo, investigadora del equipo, recuerda que es una enfermedad muy cruel que apenas se investiga. “No olvidaré lo que me dijeron para explicarme lo terrible de este cáncer: ‘Cuando se llega pronto, ya es tarde”. Carrato no pierde la ocasión para recordar la deuda que existe ante esta enfermedad: “Tiene ocho veces menos dinero para investigación que el cáncer de mama aunque se muere más gente por el de páncreas”.

Ana salió de su intervención y comprobó que, hueco o no, su cuerpo seguía funcionando. Incluso las digestiones puede hacerlas, por el momento, sin enzimas que las refuercen.  Ambas tienen muy presente la suerte que han experimentado participando en este estudio pionero del Hospital Ramón y Cajal. “No era consciente para nada de lo que supondría en mi vida apuntarme a este proyecto”, empieza Ana. “Yo la verdad es que estoy feliz”, empieza Milagros. “Cada vez que lo pienso me emociono”, dice con los ojos llorosos.

De la experiencia a Ana le quedó una incomodidad, una cuenta pendiente: conocer a alguien que hubiera vivido una experiencia similar a la de ella. Lo pidió varias veces, pero nunca la pusieron en contacto con otras personas del proyecto. Hasta esta entrevista. Al terminarla, Milagros y ella decidieron marcharse juntas a tomar un café. Tienen mucho que contarse.

Más información