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La imprecisa huella del ‘Prestige’

Quince años después de la catástrofe se han recuperado las zonas más importantes de la costa gallega pero se desconoce el estado de los inaccesibles acantilados

Un ave afectada por el fuel vertido por el Prestige, en la playa gallega de 'Mar de fora', cercana a Finisterre (A Coruña), el 21 de noviembre de 2002.
Un ave afectada por el fuel vertido por el Prestige, en la playa gallega de 'Mar de fora', cercana a Finisterre (A Coruña), el 21 de noviembre de 2002. REUTERS

En noviembre de 2002 el Prestige se partió en dos frente a la costa gallega. El buque monocasco de 243 metros de eslora escupió más de 60.000 toneladas del petróleo que transportaba y, tras vestir de riguroso luto los caladeros y playas del litoral gallego, se hundió a casi cuatro kilómetros de profundidad en las proximidades del Banco marítimo de Galicia: un monte submarino que alberga a una rica comunidad integrada por un centenar de distintos tipos de peces, esponjas, corales y estrellas.

Transcurridos 15 años de la catástrofe, las zonas afectadas más importantes se han recuperado, pero los científicos desconocen el estado en el que se encuentran los acantilados de la Costa da Morte “a los que es imposible acceder”, así como los restos del petrolero hundido con más de 10.000 toneladas de fuel en su interior. “No hay constancia de que se haya vuelto a bajar para inspeccionarlo” desde que ese mismo año lo hiciera el batisfaco Nautile para sellar las fugas, sostienen. Los recortes se llevaron además, en 2013, el barco con el que Salvamento Marítimo garantizaba la seguridad de la costa ante eventuales vertidos similares.

La regeneración de la costa gallega ha sido mejor de lo que inicialmente se esperaba, si bien los científicos reconocen que la huella del peor desastre medioambiental de la historia reciente de España (acabó con más de 100.000 aves e incontables recursos marinos y aniquiló el plancton de la zona) es difícil de precisar.

“Posiblemente, el constante batido del mar haya limpiado algo del chapapote filtrado en los acantilados”, apunta Belén Rubio, catedrático en el Departamento de Geociencias Marinas y Ordenación del Territorio de la Universidad de Vigo. “Afortunadamente, los vertidos orgánicos se van degradando con el paso del tiempo y 15 años es un período considerable”, sostiene la experta destacando la enorme eficacia regeneradora de la propia naturaleza.

Contra las peores previsiones iniciales, la flora y fauna afectadas han acabado recuperándose y en las playas se hizo mucho trabajo de limpieza, sostiene Rubio, aunque puntualiza que pese a que continúan realizándose investigaciones estas no se divulgan.

En cualquier caso, la visión de las arenas limpias de las playas del litoral gallego oculta “una columna de sedimentos que no lo está tanto”, puntualiza Federico Vilas, catedrático de Geología Marina de la Universidad de Vigo.

El mismo paso del tiempo que ha curado la mayor parte de las heridas provocadas por el chapapote cubre con una densa capa los trabajos científicos. La euforia investigadora de los primeros años se ha ido rebajando y, aunque continúan realizándose estudios, no hay una base de datos común en la que se puedan volcar todos ellos, como tampoco una vía de comunicación específica entre la comunidad científica que permita difundir cada descubrimiento.

En 2007, el Ministerio de Educación y Ciencia consideró que era el momento de cerrar la acción estratégica que llevaba a cabo una comisión científica creada para recopilar todas las investigaciones en la Universidad de Vigo.

“A los miembros de ese comité nos pareció un error esa decisión y así se lo comunicamos”, afirma Vilas, que fue secretario de aquella comisión científica en la que participaron más de 500 investigadores.

Como Rubio, sostiene el especialista que el tiempo ha cosido casi todos los rotos que provocó el Prestige “pero no hay una base de datos científica a la que acudir” para conocer los detalles de las más recientes investigaciones que continúan realizándose aisladamente. La única existente es la página web de la Universidad de Vigo http://otvm.uvigo.es/ , abierta por aquella comisión y cuya última actualización data de 2007.

La merma de la euforia investigadora inicial ha sido paralela a la de la conciencia social, de forma que, frente a la estupenda regeneración de la naturaleza, el acelerado crecimiento de la población y de la industria “siguen provocando contaminaciones constantes del mar, convirtiéndolo en un estercolero de plásticos, vidrios, cartones y vertidos industriales”, lamenta Rubio.

Los investigadores alertan de que la pérdida de la batalla de la divulgación científica trae consigo la pérdida de sensibilidad de la sociedad hacia el deterioro medioambiental.

No obstante, a la merma de la euforia investigadora se ha sumado la merma de los recursos públicos. El buque anticontaminación que habría de estudiar y dar a conocer la evolución de los daños causados por el Prestige, se ahogó con la crisis.

Fletado en 2009 por Salvamento Marítimo a Sertosa Norte por unos 80.000 euros mensuales con la opción de que el Ministerio de Fomento pudiese adquirirlo al término del contrato por 9,5 millones de euros, el buque, capaz de aspirar 3.100 metros cúbicos de fuel de la superficie marítima, fue recuperado por el armador en 2013, cuando se cerró el grifo del dinero público.

Aunque tanto la compañía como el Ministerio aseguraron en su momento que la lucha contra la contaminación seguiría siendo prioritaria y que, en caso de necesidad, el barco se pondría en servicio en menos de cuatro horas, los expertos entienden que la capacidad de reacción ante una nueva catástrofe “debe ser inmediata” y Galicia, con el potente tráfico marítimo y expuesta a grandes temporales, no está libre de ella.

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