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“Abstención” en voz baja

Un enemigo común unió, pese a todo y de forma fugaz, al PSOE. Y no fue Rajoy

Rafael Simancas (abajo) y Eduardo Madina (Arriba), este sábado. Ampliar foto
Rafael Simancas (abajo) y Eduardo Madina (Arriba), este sábado. EFE

315 días después, la última jornada decisiva empezó con lágrimas, las de Pedro Sánchez, y terminó con aplausos, los que recibió el eterno superviviente, Mariano Rajoy, acostumbrado a ver pasar cadáveres políticos. En medio, hubo un bronco debate en el que sus señorías volvieron a repartirse todo tipo de insultos: desde “sinvergüenza” a “traidores”.

A algunos de los diputados del PSOE se les oía tan bajito cuando les tocó levantarse y decir “abstención” que desde la mesa del Congreso tuvieron que llamarles dos veces para que lo repitieran.  Finalmente, fueron 15 los socialistas que rompieron la disciplina de voto, la mayoría mujeres. El presidente de la gestora, Javier Fernández, vigilaba desde la tribuna de invitados, sentado junto al presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo y la esposa de Rajoy, Elvira Fernández, con los que iba comentando el debate. En la tribuna estaba también el otro Pedro Sánchez, presidente de Murcia, del PP, junto a Cristina Cifuentes.

La bancada socialista arrojó la imagen de un partido roto. Nadie hablaba con nadie y apenas se miraban, aunque Meritxell Batet —que votó en contra— e Isabel Rodríguez —que se abstuvo— se cogieron de la mano cuando llegó el trago más amargo. En el sonoro hueco de Pedro Sánchez se sentó Rafael Simancas.

Los del no es no se negaron también a aplaudir a su portavoz, Antonio Hernando, cuando abandonó la tribuna después de haber defendido la abstención del PSOE con mucha menos vehemencia con la que anteayer advertía a Rajoy que nunca permitirían que fuera presidente. Pero los socialistas ofrecieron, pese a todo, una fugaz foto de unidad cuando Hernando recriminó a Gabriel Rufián, de ERC, las durísimas palabras que les había dedicado desde la tribuna. Todo el grupo le aplaudió, entonces sí, en pie. Rufián, que aseguró que ponía voz “a los socialistas de corazón”, le había llamado “iscariote”, y “traidores” a sus diputados. Eduardo Madina le increpó desde su escaño —“¿De qué vas?”—, pero el independentista catalán no se achantó tampoco cuando la presidenta del Congreso, Ana Pastor, le ofreció retirar sus palabras. Los de Podemos aplaudieron a Rufián y se enzarzaron en una acalorada discusión con los de Ciudadanos.

Pablo Iglesias elogió la capacidad de "resistencia" de Rajoy, y le retó en duelo, autoproclamado portavoz de la oposición, para la siguiente cita electoral —“Les ganaremos”—. Al volver a su escaño, abrazó a Íñigo Errejón y se oyó un largo “oh” desde la bancada popular que irritó al líder de Podemos: “Mejor amor que corrupción”. Rajoy abandonó el hemiciclo con una sonrisa de oreja a oreja tras estrechar la mano de Hernando, de Albert Rivera y de Aitor Esteban, del PNV, que le deseó suerte.

El nuevo Gobierno de Rajoy, el jueves. El desbloqueo era urgente, pero no tanto.

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