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El PP maniobra para evitar que las víctimas se vuelvan contra él

Se prepara ya el terreno para meses de tensión y homenajes a todos los etarras

Los ministros Gallardón y Fernández Díaz. FOTO: LUIS SEVILLANO / VÍDEO: ATLAS

La última vez que saltaron chispas en el Comité Ejecutivo del PP fue el año pasado con la excarcelación del etarra enfermo Josu Uribetxeberria Bolinaga. Es un asunto explosivo para este partido, que con Mariano Rajoy al frente promovió hasta ocho manifestaciones contra la política antiterrorista de José Luis Rodríguez Zapatero. En este contexto, el Gobierno y el PP llevaban semanas moviéndose y preparando el terreno para una sentencia esperada que dinamita la doctrina Parot.

Todo estaba medido en la jornada de este lunes, la primera y más importante en una serie de movimientos delicados. Hasta la ropa de Alberto Ruiz-Gallardón y Jorge Fernández, casi de luto y con gestos de enorme desolación.

Primero se lanzaron mensajes hacia las víctimas y el ala dura del PP: “No hay ninguna negociación, ETA está derrotada”, insistía Fernández, ministro del Interior. Se buscó una fotografía de abrazo con las víctimas. Allí estaba María Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la que más teme el Ejecutivo, que ya le exige que no acate la sentencia y prepara movilizaciones, pero también Marimar Blanco, presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo.

Además de simbólica como hermana de Miguel Ángel Blanco, es diputada autonómica del PP y miembro del Comité Ejecutivo Nacional de este partido. Blanco ejerce, con Iñaki Oyarzábal, como enganche entre el partido y el mundo de las víctimas, especialmente delicado para Rajoy. Blanco dijo que le había “tranquilizado mucho las palabras del ministro de Justicia” Alberto Ruiz-Gallardón en las que decía que se estudiará caso por caso. Fue mucho más suave que Pedraza, y centró el ataque en el Tribunal de Estrasburgo y en el PSOE, evitando las críticas al Gobierno.

Ese es el siguiente objetivo en la estrategia. Presionar para evitar que la Audiencia Nacional marque una excarcelación masiva. “No queremos ver esa foto de salida masiva de presos”, dijo Blanco. “Hemos pedido que se evite esa imagen del autobús de excarcelados”, resumió Pedraza. El Gobierno asume que todos los presos afectados saldrán, pero va a intentar que sea con un goteo, algo más fácil de gestionar.

Lo que más teme el Gobierno es una movilización masiva de las víctimas, una rebelión apoyada por una parte importante de militantes y votantes del PP. Rajoy no se puede permitir, aseguran en el Ejecutivo, una manifestación como las que sufrió Zapatero. Y por eso tanto el Gobierno como el PP están moviendo todos los hilos para intentar aplacar la ira aunque nadie sabe si lo lograrán. También depende mucho de los medios de comunicación conservadores, en los que el Gobierno está haciendo trabajo político. El Ejecutivo insiste en que no tiene ningún margen para no acatar la sentencia y traslada toda la responsabilidad a los jueces.

El segundo gran temor del Gobierno y del PP —que este lunes no compareció y dejó todo el peso a Gallardón y Fernández— es la repercusión de los actos de homenaje a los presos en sus pueblos en el País Vasco, los ongi etorri (bienvenida) que ya preparan los colectivos de apoyo a los etarras. Ahí el Gobierno lleva también semanas preparando a la policía y a los jueces para un proceso duro de tensión, detenciones y juicios por enaltecimiento del terrorismo. Se quiere evitar a toda costa que los afectados digan que el Ejecutivo no hace nada para frenar lo que Fernández llamó “humillación a las víctimas”.

De lo que no quiere hablar el Ejecutivo es de las consecuencias positivas que esta sentencia podría tener en el mundo abertzale, en el camino del final definitivo de ETA. Sin haber hecho nada con gran coste político para el PP como un acercamiento de presos, el Gobierno tendría con el fin de la doctrina Parot una baza para buscar la disolución de ETA. Pero de momento el Ejecutivo está concentrado en aplacar a las víctimas y al ala dura del PP. El primer día, analizaban algunos dirigentes, no salió del todo mal. Pero quedan muchos días difíciles.

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